domingo, 31 de diciembre de 2023

Uque Bique Muisca El Color De La Forma De Los Hombres Del Lugar

Uque Bique Muisca El Color De La Forma De Los Hombres Del Lugar 

Colección Sin Condición 23

Presentación

A Elizabeth, mi madre hija del humor, del sol y de la luna. Cata-luna, hija de Chisaki gina reque. Debo agradecer al espíritu sensible de Jorge Isaac, por ser el primero en darle la dignidad pertinente a las rocas talladas o pintadas con jeroglíficos, y agradezco los pasos de Miguel Triana tras las huellas que han cimentado el rostro del pasado nuestro. Quiero resaltar la paciencia de Carlos Arturo Acosta de Greiff quien con su hermandad me orientó en la técnica para escribir este texto sin condición. Al sativa mayor y prologuista Manuel Hernández. A Héctor Palacios por explicarles a todos mis alumnos el teorema de Gödel de manera brillante. La aproximación lingüística con Camilo Delgado a quien le dirigí su trabajo de grado. Al corazón abierto de José Chalarca. 

A Felipe Lanchas por sus consejos, a Hernando Cabarcas Nuestras Gramáticas. También agradezco las charlas ajiceras con Germán y Pati Cantor, la hospitalidad de Claudia y Herbert en Villa de Leyva, las imágenes de la finca “piedra rajada” de la vereda de Cubsio en San Francisco. A todas las personas que se interesan por engrandecer el lenguaje gráfico, otrora nuestro, porque además, tenemos una cultura material coleccionada en varios museos: del Oro, San Jorge, Nacional, Sogamoso, Pesca y colecciones privadas; junto con ello, las piedras pintadas y talladas, una gramática y unos diccionarios; lo que corrobora el famoso cuento de “El Dorado”, un país rico en imágenes desde los inicios precolombinos. Gracias.

Juan, El Muisca 

Bello no es lo que agrada, sino lo que está comprendido por aquel destino de la verdad que se cumple cuando lo eternamente no-aparente, y por esto invisible, alcanza la más aparente epifanía. ¿Qué significa pensar? Martin Heidegger, Buenos Aires: Editorial Nova, p. 24. 

Fue la noche del 25 de abril de 1638. Juan Rodríguez Freyle afirma que esa es la fecha de su nacimiento, día de San Marcos y explica: 

“Si alguno me preguntará qué de dónde sé estas antigüedades, le digo que yo tuve un amigo de nombre Juan que estaba preparando sus votos al momento de la llegada de Jiménez de Quesada, y que era sobrino del cacique”.

Con esta confesión autobiográfica, literaria e histórica, todo a la vez, se pierde en las sombras, después de haber aparecido sólo un instante, un muisca, perteneciente a las castas de mando del reino de los chibchas en el altiplano cundiboyacense. Traer esta escena, casi velada, a esta página quiere cumplir con el deseo de reconocer cómo Juan Rodríguez Freyle muestra al igual que ésta y ésta página también, los elementos del primer encuentro dialógico entre los dos Juanes: Juan el Muisca, sobrino de quien era cacique en 1538 cuando llegó Jiménez de Quesada al altiplano. Y Juan Criollo, quien cien años después nos cuenta, con la información que proporciona de “esas antigüedades”, los extensos diálogos que tuvo con su otro, sobre su pueblo, los Muiscas. 

De las múltiples voces que se encuentran en El Carnero, la etnográfica sería una de las más importantes. Está también la moralista, la de cronista, casi simple de los hechos de la vida social; la del analista político y el narrador aventurero de pícaras peripecias. La importancia de la voz etnográfica se puede deducir de la forma de la evocación melancólica de su nacimiento, de la proximidad de la muerte y de una amistad. En 1538, Juan, el Muisca tendría un poco más de trece años, se deduce del texto pues se estaba preparando religiosamente encerrado, y ya era púber. Rodríguez Freyle nacido en 1566, tendría en 1600, 34 años. El otro sería un adulto mayor, que le doblaba la edad a su amigo. Cuatro años antes de morir, falleció en 1642, evoca a su otro. 

El altiplano y sus estribaciones, sus corredores extensos: hacia el sur, al salto del Tequendama y los abrigos rocosos del mismo nombre; hacia el occidente, al hoy llamado alto de la Tribuna, donde se hallan las llamadas Piedras de Tunja; hacia el norte y el nororiente, donde estarán las lagunas de Fúquene e Iguaque. Todo este paisaje y territorio será el lugar donde durante quinientos y más años, presenciaremos el aparecer y desaparecer de miles de petroglifos, que periódicamente ven la luz para luego regresar a la sombra como Juan, el sobrino del cacique de la época. 

Retorno a la sombra por un deseo colonial y republicano de supremacía. Pero no. Durante siglos, Ezequiel Uricoechea, 1834-1880, Miguel Triana, hacia 1915, y otros tantos nos han mostrado, con los elementos epistemológicos e ideológicos, su interpretación de los grafismos Muiscas.Hoy, Federmán Contreras publica esta aguda investigación donde, desde la semiótica y el análisis de diseño y con la hermenéutica propia del siglo que comienza, nos vuelve a presentar, la belleza (vista bajo la tonalidad de la cita que sirve de epígrafe a esta página de esas piedras semi olvidadas, semi pérdidas en la sombra discreta de esa geografía y esa orografía. Con este estudio estamos frente a una hipótesis fuerte y de largo aliento. La iconografía como escritura y viceversa. 

El lector bien podrá pensar, además del hecho deseable de interesarse por las fortalezas de la investigación basada en años de meditación y lectura de una extensa bibliografía histórica, etnográfica y lingüística; y recordar que en el diálogo entre los dos Juanes se encuentra El Aleph –en el sentido de un pun to que contiene todos los puntos– del encuentro de la raíz europea y la raíz muisca de este tronco común. Don Ezequiel Uricoechea ya nos había contado que en los accidentes orográficos de las cuchillas de Tierra Negra, entre Tausa y Sutatausa, flanqueadas por la vislumbre de la laguna de Fúquene y el pequeño municipio o caserío de Cucunubá, se hallaba el teatro de operaciones bélicas y comerciales, entre los del Sol los sogamosos y los de la Luna-los zipaquirá.

Por ahí van todavía nuestros pasos, hasta Saboyá y más allá, hasta la frontera de los Tunebos que encontró Manuel Ancízar, en las últimas páginas de su relato sobre la peregrinación nororiental de la estrella, de Alpha, como la llamó. Cada forma o plataforma cordillerana contra el azul celestial de esa zona nos recuerda tanto como las piedras pintadas, talladas y escarificadas, o los diálogos sostenidos entre los Juanes, cuánto tenemos que investigar, como Federmán Contreras lo ha hecho, para no perder de vista las luminosas sombras de nuestro pasado. Somos Juan Muisca y Juan Freyle, somos la escritura lítica de esos nosotros y las palabras mestizas de nosotros, Contreras y Uricoecheas, entre otros. 

Manuel Hernández Benavides 

Universidad Central 

25 de abril de 2009

El Logos De Una Cultura 

A

C

La ilustración B sugiere la mata de maíz y una abstracción del movimiento de sus hojas (recuadro), donde se relacionan varios elementos del paisaje, como: las montañas, las labranzas uutas, la mata de maíz, el sol y las lagunas. Las figuras A, tomada de Pandi, y C, tomada de Ramiriquí, nos muestran dos lugares distantes, donde cambia la forma expresiva, manteniéndose el signo fuente de inspiración, para elevarlo a la categoría de mitograma, mediante la escritura pintada sobre los tableros rocosos; en este caso, se trata de la planta de maíz. 

La intención de volver atrás la mirada diacrónica para desentrañar lo inefable del logos Muisca es reconocer la amplitud de sentido de este pueblo y radiografiar la integralidad del “pensamiento y lengua” (Tiqui-Cubun) de la cultura Muisca. El acercamiento al Logos Muisca se hace mediante los trazos dibujados, llamados jeroglíficos, como uno de los componentes que aún permanecen en los tableros rocosos de la sabana de Bogotá; en las cerámicas, que reposan en la Casa del Marqués de San Jorge; en las piezas de oro y tumbaga, expuestas en el Museo del Oro en Bogotá; además, en imágenes evocadoras talladas en lítica y, por supuesto, en imágenes que vestían de gala el templo sagrado del cuerpo, tejidas en mantas muy bellas, de las que poco quedan (véase, Museo Nacional). Estas imágenes son las marcas de una herencia cultural de la ensoñación y de fluidos de un conocimiento de la variedad de formas simbólicas representadas. 

A pesar del paso de los siglos y las inclemencias del clima; los jeroglíficos aún son recuperables, no como una función meramente decorativa, sino para enseñar el sentido de vida de otrora, que siempre será el de la vida profunda, sujeta al color de nuestro paisaje de La Sabana. De esta manera, se puede entender lo más preciado que aún tenemos del “hombre entero” Muisca. Por lo tanto, son huellas de origen auténtico. 

La sombra es la otra huella del logos, el atrás que desde hoy no alcanzamos a ver. Es por ello, que estudiosos contemporáneos de lo rupestre no pueden ver la sombra, o mejor, las raíces de la “palabra-imagen”, de una forma particular de escritura gráfica, pintura o como quieran llamarla. De todas maneras, este estudio intenta escarbar en el alma de la “imagen-palabra” muda en el tiempo, como afirman algunos. La dicha invade mi espíritu de ensoñación con este tema de estudio, saber que tengo en mis manos un lápiz que traza dibujos con categorías semánticas relacionales, preñadas de conocimiento diacrónico, y que hacen posible construir y deconstruir la “imagen-palabra”, contenida en varias formas de expresión, con lo cual se crea una riqueza cultural comprometida con su propia realidad social y del lugar. 

Acometer un desciframiento no es tarea fácil, pero tampoco imposible. En el caso Muisca, la escritura de un segundo período no aparece por ningún lado, fue totalmente eliminada en el proceso de “Conquista” de la corona española. No por eso, se deben olvidar las imágenes de la primera etapa, lo que llamamos arte rupestre o jeroglífica. Este intento es serio, pero lúdico en una praxis por descubrir la sabiduría de las gentes del pasado, por la sombra que dejaron proyectada en los inicios. 







Figura 1. Espiral circular pintada en los tableros rocosos de Ramiriquí, la forma representa la serpiente, el caracol o mujer erotizada. 


Descifrar es comprender el signo del otro. Tarea difícil hoy, porque hemos nacido en medio de un idioma que no hemos creado, solamente somos sus usuarios, sus practicantes. La diferencia sígnica entre el idioma Muisca y el idioma español está en que el primero es original de la Sabana de Bogotá; mientras que el segundo es una combinatoria de griego, latín, hebreo y árabe, entre otros. Estas lenguas llegaron al territorio español entre el segundo milenio antes de Cristo y el siglo VIII de nuestra era. 

Allí fueron componentes de los procesos que resultaron en las profundas transformaciones culturales de la pluritonía ibérica, reflejándose finalmente en la consolidación de una nueva lengua de múltiples raíces. Entonces, se entiende que el español es un idioma de apropiación de signos raíces de otros lugares fuera de España y, por eso, se nota la fuerza de los lugares antropológicos originarios, mediante la transformación del grupo social que recibió la influencia ideológica de las lenguas más antiguas. 

Esto quiere decir que la misma espacialidad del entorno originó, determinó y formó en el sujeto el lenguaje icónico, paralelo al lenguaje verbal, mediante la inmanencia de la mímesis. El ejemplo español nos sirve para entender que el “lugar antropológico” modificó los lenguajes antiguos hasta generar uno nuevo, lo cual significa que cada signo constructor de idiomas pertenece a lugares específicos. Por ello, los signos árabes, hebreos y griegos reunidos en España dieron origen a un idioma totalmente nuevo, construido más rápidamente que cualquier otro en tan sólo unos mil años, pero dominado por el imperativo del “lugar antropológico” de origen. 

Es decir, estaba cargado ideológicamente con semánticas asiático-europeas que no habían perdido el sentido de sus raíces lingüísticas y de sus culturas de origen. Al llegar el español a tierras Muiscas, impuso sus propias semánticas y tradujo el idioma nativo mediante signos totalmente extraños al “lugar antropológico” aborigen, cargados de semánticas e ideologías extrañas que filtraron lo originario Muisca e incluso cambiaron el sentido de su grafismo, al imponer lógicas para nada relacionadas con el acto creador original.

 

 








Figura 2. Diseño para rendir homenaje a los Tivas o sabios a quienes dieron por llamar chamanes o brujos. Esta imagen relaciona las figuras fundidas en oro, de pájaros bicéfalos, quizás significando conocimiento, o el deseo de imitar la visión del pájaro en pleno vuelo. 








Figura 3. Espiral triangular pintada en los tableros rocosos de Pandi. Los niveles de abstracción de un lugar a otro cambian, primero por la percepción del lugar y, segundo, de cómo opera los fosfenos activados por la toma del alucinógeno. Se dice que el yopo fue la bebida de la ensoñación Muisca. 


De allí que cargaron sobre otras estructuras lingüísticas formales una concepción completamente ajena del mundo, y de otras miradas e intereses las formas de expresión que la habían creado. El idioma europeo, forjado en el crisol de guerras y conflictos culturales, fue impuesto por la fuerza sobre la vivencia creadora del “lugar antropológico” aborigen. El universo expresivo del conquistador era incapaz de conservar el universo constructor del conquistado: no tenía interés en ello y tampoco la afinidad lingüística para lograrlo. 

Figura 4. Falo de Monquirá o del mal llamado “infiernito”, nombre con el que los curas satanizan el lugar de los monolitos. Estas esculturas fueron realizadas para fecundar la madre-tierra, enterrando la piedra en la tierra para simbolizar el coito humano, la maternidad y los frutos diversos nacidos de la tierra. La fotografía testifica la actualidad de la escultura como una pieza más de museo.

La Importancia Metodológica Del Trabajo De Campo Y La Semiótica 

Las visitas a un gran número de lugares rupestres Muiscas, unas hechas personalmente, otras realizadas con estudiantes del curso de Arte Rupestre Muisca, han permitido experimentar las sensaciones que produce cada “lugar” rupestre. Lo anterior es posible al enfrentarse directamente con la pintura rugosa y las montañas, dejando de lado la carga ideológica del español, a manera de ejercicio, permitir que los signos del entorno se conviertan en engramas cerebrales, bien sean, el Sol, la montaña, el río, la laguna, la labranza, la fruta y el animal, yuxtapuestas por los sentidos. Para tal efecto y para comprender la cosmogonía Muisca es necesario visitar continuamente los “lugares” rupestres. Cosa curiosa, los moradores de cada lugar sólo saben que a esos lugares rupestres se les llama “la piedra del diablo”, sin saber por qué. 









Figura 5. Esta mano diseñada sobre un tablero rocoso en Saboyá, indica la capacidad de abstracción de los dibujos o pinturas Muiscas, además, del criterio de ordenamiento conceptual a partir del trazo de la línea vertical y horizontal (ortogonalidad).

 

Figura 6. En el mismo tablero de Saboyá pintaron la mano-círculo, dicotomía gráfico lingüística, para ensamblar un tropo irónico, imagen ‘semantizada’ con un algo físico y un algo conceptual. 

Glosario Del Proceso Metodológico De Múltiples Apoyos 

Siempre acudimos a las palabras para pensar bien, actuar, decir y, por supuesto, para escuchar, aclarar y fundamentar con buen juicio las proposiciones. El uso de los términos hace posible la significación en función del contexto, de la situación de análisis y de los contenidos, según el campo de estudio propuesto. La introducción de este glosario en el libro es de suma importancia, ya que es usado como una herramienta conceptual con la que paulatinamente se definieron conceptos e ideas, para beneficio de los estudios culturales, de la didáctica y de la academia. 

El proceso de múltiples apoyos y de interrelación disciplinar entre ciencias del conocimiento fue necesario para apoyar conceptos en el análisis, esto con el fin de abrir espacios para el desciframiento de imágenes jeroglíficas, que fueron pintadas por los Muiscas en los tableros rocosos. Este apoyo interdisciplinario proporciona filtros que permiten establecer parámetros lúdicos para lograr, primero, un desciframiento y, luego, si es posible, acercarse a una interpretación acertada, que permita nutrir el proceso de recreación gráfica. 

Los puntos de encuentro a los que se llega con esta metodología de apoyo, como conocimiento transversal, sirven para construir conceptos, no necesariamente definiciones, y aproximaciones que permiten abrir varios caminos. Las precisiones cognitivas de las diferentes disciplinas, en el cruce de tramas y a través de ellas, se justifican como herramientas para lograr proximidad a un lenguaje gráfico-parlante de la jeroglífica Muisca.

De Cronistas E Historiadores Y Los Trazos Inconscientes 

La indagación de la naturaleza de la abstracción en el ámbito del arte es más complicada y laboriosa que en el mundo de la ciencia (Sigfried Giedion) Cada signo separado es en sí objeto de conocimiento, objeto de sabiduría, objeto de realidad inmediatamente presente (Maurice Pope)









Figura 7. Mariposa Muisca, creación del autor.


Con el descubrimiento de América en 1492, Colón logró cumplir sus deseos y sus ofrecimientos a los reyes Católicos: la obtención de riquezas y la expansión del cristianismo. Su reiterado objetivo fue: “yo espero en nuestro señor de divulgar su santo nombre y evangelio en el universo”, según escribió en carta al Papa Alejandro VI, en febrero de 1502. TzveTan Todorov afirma: “el móvil que animó a Colón fue la victoria universal del cristianismo, puesto que se consideraba como elegido y encargado de una misión divina”. La necesidad de dinero y el deseo de imponer al verdadero Dios se encuentran subordinadas entre sí: la primera es el medio y la segunda el fin. 

Los cuatro viajes de Colón, descritos, comen tados y loados en la historiografía hispanoamericana (por ejemplo, en las obras de J. Vicens Vives) encubren con matices rosa el horror de la leyenda negra o tornan gris la oscuridad de muerte y desaparición de innumerables culturas indígenas. Desde los fundamentos históricos del descubrimiento de América se fue construyendo un discurso en torno a las variopintas bondades hispanas y europeas, en detrimento de lo auténtico y autóctono nativo. 

 

Figura. 8. Mapa de los cuatro viajes de Cristóbal Colón. Tomado de J. Vicens Vives. 


En la historiografía crítica reciente, que va desde el humanismo de Tzvetan Todorov hasta la minucia erudita y técnica de Maurice Pope, surge un contra-discurso a la tradición, que desenmascara el fondo ideológico de la superioridad cultural europea, argumentando la inteligencia creativa de culturas y civilizaciones del todo distintas, o lo que es igual, un reconocimiento a la diferencia. La óptica de la lectura, es decir, la trama de intereses o preconceptos desde la que se mira y lee algo, unas veces consciente y otras inconscientemente, define la posibilidad del descubrimiento de unas realidades fácticas, “verdades”, o guía su encubrimiento o su interpretación egoísta o el apego a una tradición histórica, que brinda seguridad emocional. 

En ese orden de ideas, el paulatino desmonte del discurso tradicional eurocéntrico que obnubilada nuevas lecturas de lo conocido e impedía percepciones más sensibles de lo desconocido, ha venido dándose desde la primera mitad del siglo XX y hoy continúa construyendo un nuevo conocimiento desde otra óptica. El reconocimiento de los “otros” o de lo que es muy propio suyo y distinto a lo mío, ha sido uno de los pasos clave en la nueva mirada, a veces impulsada por reconocidos mitólogos

Empero, no se queda ni mucho menos, en el estudio de sociedades primitivas en tiempos remotos, sino que aborda casi todo el espectro de la historia, incluyendo las sociedades liberales, con su “disposición a promover los intereses propios” y a mantenerlos, como en el caso comentado anteriormente a partir de Colón, sus viajes y la visión sobre las culturas americanas o las asiáticas remotas, incluso actuales. Hoy, por ejemplo se propone estudiar esas culturas diferentes, en términos de aceptación de valor, legitimidad e igualdad universal, como se afirma desde algunos campos de la crítica lingüística

La nueva óptica o “lectura crítica divergente” de las ciencias humanas hoy, se puede confirmar en el ya clásico autor Robert Graves, cuando sostiene que la ‘actual’ es una civilización en la que son deshonrados los principales emblemas de la poesía. En la que la serpiente, el león y el águila corresponden a la carpa de circo; el buey, el salmón y el jabalí a la fábrica de conservas; el caballo de carrera y el lebrel a las pistas de apuestas; y el bosquecillo sagrado al aserradero. En la que la Luna es menospreciada como un apagado satélite de la Tierra y la mujer considerada como ‘personal auxiliar del Estado’. En la que el dinero puede comprar casi todo menos la verdad y a casi todos menos al poeta poseído por la verdad. 

Figura 9. La serpiente. Se observan casi únicamente en la orfebrería Muisca, su manufactura coincide con una época caliente de los interestadiales, pieza encontrada en Soacha, 12 x 1,5 cm 023618. 


Octavio Paz corrobora, a su manera, lo dicho por Robert Graves, cuando contrasta el discurso tradicional con la nueva mirada, así: 

La imagen azteca no sólo podía avivar entre los indios la memoria de sus antiguas creencias sino que su presencia en los claustros era una afrenta a la idea misma de belleza […] La carrera de Coatlicue –de diosa a demonio, de demonio a monstruo y de monstruo a obra maestra– ilustra los cambios de sensibilidad que hemos experimentado durante los últimos cuatrocientos años


Figura 10. Piedras de la Cañada de la Chaguya, Facatativá. La imagen enseña una de las formas como se debe cultivar, mediante el aprovechamiento de las aguas construyendo los Saunas o camellones, antecediendo a las inundaciones del río Bogotá. 


Desde esta óptica de lo diferente, el legado de la visión de Colón fue heredado por los cronistas españoles, quienes apelaron a toda suerte de recursos tendientes a consolidar la explotación de los indios, la hegemonía del pensamiento occidental y un nuevo ordenamiento jurídico de dominación. Veamos una noción contemporánea del arqueólogo prehistoriador Stuart J. Fiedel: 


Los navegantes europeos que vinieron después de Colón supieron lo que él no sabía, que había llegado a un “nuevo mundo”, desconocido hasta entonces. América podría no producir los codiciados lujos orientales, pero poseía sus propias riquezas. El oro de México atrajo a Cortés y su pequeño ejército, quien, apoyado Por la gente sometida que se rebeló, consiguió destruir el imperio azteca. Las crueles tácticas de Pizarro destruyeron el imperio de los incas en 1532, permitiendo a España apoderarse del oro y la plata de los Andes. 


La Iglesia Católica apoyó con entusiasmo esta conquista de los paganos, y ayudó a la destrucción de sus civilizaciones, fundiendo sus ídolos, destrozando sus libros sagrados y arrasando sus templos. Por una parte había sacerdotes, como Bartolomé de las Casas, que simpatizaban con la situación de los indígenas esclavizados; por otra, había algunos que argumentan que los indios eran simples animales a los que no se podía ofrecer la salvación (subrayado fuera del texto). 

El historiador Edmundo O´Gorman corrobora a Fiedel y devela el proceso de la invención de América, motivado por conveniencia política y jurídica, construida por los círculos oficiales de la Corona. Éstos partieron de la duda que generó la creencia ciega de Colón de que había llegado a Asia, con el intento de localizar Cipango, rica en oro y piedras preciosas, y después al Gran Kan, de donde se tomaban esclavos. “(…) es claro que la actitud de Colón significa haber dotado de ser a las regiones que halló, el ser en efecto que les comunica la creencia, es decir, el de ser una parte de la isla de la Tierra. “Isla de la Tierra” era el nombre del Viejo Continente. 


Figura 11. Kronosaurio pintado en un tablero rocoso de Pandi. Imagen recuperada por primera vez en esta investigación. Su composición está dada por módulos ortogonales. La imagen como resultado es la representación de un reptil con cabeza triangular, con tres pares de patas y una cola. El extraño dibujo produce la sensación de ser restos encontrados por la comunidad y representado por el pintor Tiva. 


Cabe destacar la gran importancia que cobró el descubrimiento, a partir de las extrañas cosas que llevó Colón de regreso a España. Los papagayos generaron preguntas e inquietudes y, obviamente, posibilidades frente a la coyuntura planteada por Pedro Mártir, quién acuñó el nuevo concepto de novus orbis. Éste aludía al desconocimiento de las tierras halladas, como un acierto y por ello, su éxito histórico, aunque la ambigüedad ocasionará muchos equívocos. Lo que demuestra Pedro Mártir desde lo científico y del convencimiento de Colón suscitó una duda, no un rechazo. En ese sentido, la Corona le admite a Colón la posibilidad de acierto y, por lo tanto, está condicionado y sujeto a prueba. Cosa que hiciera a partir del segundo viaje: comprobar el acierto. 

Los indios de América no aparecen en la Sagrada Biblia como descendientes de Adán, por lo cual los españoles concluyeron que no eran humanos; y por lo tanto, no tenían el beneficio de la salvación. En 1537, el Papa Pablo III decretó una bula canónica donde le otorgó a los indios de América el rango de seres humanos. 

Dos de los más influyentes pensadores españoles del siglo XVI, el fraile dominico Francisco de Vitoria (1483-1546) y Juan Ginés de Sepúlveda (1489- 1573), encarnan la posición centralista dominante, que menosprecia los valores indígenas americanos. Vitoria, uno de los iniciadores de la escuela de Salamanca, legitimó la conquista de las regiones americanas, apelando a una serie de conceptos y preceptos, entre los que se destacan:


Figura 12. Imagen pintada en Soacha, se propone como la representación fálica y su fluido erótico (esperma). El topónimo “Soacha” significa hombre de piedra. Diferente a “Soacha” que corresponde a hombre, joven o varón del Sol. Se usa como apellido con una “ene” agregada “Suancha”, palabra que califica con precisión a los hombres del Sol o germinados por el Sol. 

 

En la primera parte, que versa sobre los títulos ilegítimos que se alegan para la conquista del Nuevo Mundo: 


1) La autoridad universal del Emperador; 2) la autoridad universal del Papa; 

3) el derecho de descubrimiento; 

4) el derecho de compulsión de los infieles que se resistan a recibir la fe; 

5) los pecados contra natura y la autoridad de los príncipes para reprimirlos; 

6) la aceptación voluntaria de la soberanía española; 7) la donación especial de Dios. 

En la segunda parte, enumera y explica los títulos legítimos aducidos para la conquista: 1) El derecho de evangelización y subsiguiente tutela a los convertidos; 

2) el poder indirecto del Papa para deponer un gobierno e instaurar otro cristiano; 

3) como título probable, la tutela o mandato coloni zador sobre pueblos atrasados culturalmente

 

Sobre Juan Ginés de Sepúlveda varios cronis tas se refieren en los términos siguientes: “Juan Ginés de Sepúlveda era un acérrimo defensor de la esclavitud de los indios y que su doctrina no es más que el producto de un carácter soberbio y orgulloso”. En su “Democrates Alter” Gi nés de Sepúlveda escribió en contra de la doctrina –antiesclavista–. En opinión del cronista Vacas Galindo: “Ginés de Sepúlveda se prestó a defender (...) con toda su alma ardiente la acción nefasta de tan criminales españoles”. 

A Sepúlveda le faltaron desgraciadamente dos cosas: primera, sacudir el polvo del aciago aristotelismo de esta época, y segunda, algo de virtud más sólida para no inficionar del aire de orgullo que con tanta facilidad se deja sentir en la elevada atmósfera de la Corte. De las Casas, su obra y su tiempo, Madrid 1908. En términos parecidos se expresa A. Carrión, quien habla de “las actitudes y desplantes de Ginés de Sepúlveda, tan aprovechado discípulo de Pomponazzi” y de “las marrullerías y trampantojos, las quisquillas y reconcomios de Sepúlveda y sus conmilitones”. Los preceptos emblemáticos de la cultura española sustituyeron la autonomía indígena americana, conformada por mitos, ritos y pintura, esencialmente diferentes de aquellos. Afortunadamente, después de cuatro siglos, se han descifrado algunas formas de escritura precolombina, como la Olmeca y la Maya. 

Las manifestaciones artísticas en América precolombina no fueron iguales entre sí. Al hacer un paralelo entre la Incaica, la Mesoamericana y la Música, se puede afirmar que cada se caracterizó por la manera de organizar el espacio físico, dependien el significado de la significación relacional con las cosas del entorno natural, respuesta de la percepción dada por la relación sujeto-paisaje. No obstante, durante cinco siglos y bajo el imperio de una ideología occidental, esos conceptos han sido reemplazados bajo el precepto institucional y malformado de una historia oficial. El arqueólogo español José Alcina Franch hace un señalamiento a la pretenciosa postura eurocentrista, leamos lo que dice: 


A la busca de los antecedentes de este arte “occidental”, el arte por antonomasia, el más excelso de todos los conocidos, se incluiría en los textos de enseñanza media el arte de Creta, o quizás de Egipto y Mesopotamia. La educación artística que recibe el ciudadano medio, tanto en los Estados Unidos de Norte américa como en Francia, o en Grecia, o, lo que es más significativo y desgraciado, en México, Bangkok o Honolulu, es este esquema mínimo, parcial, deformante, incompleto, desproporcionado del que nunca más podremos librarnos: la única estética válida será la occidental, la única historia del arte digna de ser considerada como tal será la historia del arte occi dental. Todo lo demás, en el tiempo o en el espacio, es perfectamente despreciable o ignorable


Figura 13. El hombre pájaro, relación dicotómica Muisca. Reflexión gráfica de las ensoñaciones producidas por el vuelo de las aves, ya que ellas podían ir y venir por el aire, acción que no podía realizar el hombre. 


Después de leer a Alcina Franch, se puede agregar que el llamado “arte occidental” ha recibido influencia del arte africano, asiático, oriental y por supuesto después de la conquista de América precolombina. La otra cara es la visión planteada desde el filtro de la antropología, la etnografía y la lingüística contemporáneas; lo muestra Paul Rivet en sus comentarios, sin fundamento, que desorientan por ser lectura obligada en los ámbitos académicos.

En efecto, son muchos los cronistas e historiadores que, basados en su propia visión del mundo, realizaron interpretaciones erradas del legado cultural indígena, especialmente cuando se refieren a los signos pintados sobre las piedras. Algunos de ellos trataron la grafía Muisca con opiniones que degradan tales expresiones culturales y llegaron a niveles inadmisibles: 


Nada pueden revelar a la ciencia histórica esos ensayos de dibujos de ornamentos, esas figuras informes de animales y esos garabatos semejantes a los que traza un niño travieso e inexperto. Jamás se observa en ellos ni el orden ni el concierto que son índice cierto de una escritura cualquiera. No reproducen siquiera las más sencillas escenas de las vidas de los indios, v. g., una ceremonia religiosa, una pareja humana, una cacería, dos guerreros que se baten. Los chibchas que llegaron a vaciar en oro unas pocas piezas que forman pequeños cuadros de costumbre, como la de la balsa en la laguna de Siecha, el guerrero guecha que parece estar dentro de su fortaleza, el indio tocador de flauta, etc., no supieron pintarlos ni grabarlos en las piedras, en las que tampoco trazaron las figuras de sus caciques y personas principales, ni siquiera la del venado, las aves y las figuras de la selva [...] Mudos en razón de su origen, condenados esos signos, por la mano inconsciente que los trazó, a un silencio eterno, jamás podrá la vara mágica de la Ciencia hacerlos hablar (subrayado y resaltado fuera del texto). 


La pesquisa de los textos sirve para corroborar que se maltrató una cultura establecida, la llamada Muisca. Esta historia cándida, contada por los invasores, a la vez relatada por los cronistas y escrita por ellos en un mal castellano, ha sido confirmada por varios historiadores a través del tiempo. Con esto quiero decir que varios de los llamados cronistas no fueron los más letrados, otros se pusieron aquí la sotana con el fin de adoctrinar, someter indios y enriquecerse. En cuanto a la literatura, se puede comparar Elegía de Varones Ilustres de Indias, de Juan de Castellanos (1522-1607), con El Ingenioso Hidalgo don Quijote de la Mancha, de Cervantes (...-1617). El texto de Castellanos está ubicado en el mundo leguleyo y estéril de una cohorte, seguida del triunfo de una haraganería y picaresca sobre la acción y la virtud. 


Figura 14. Sáchica, Esta representación del sol y del agua se perderá pronto si no se detiene la explotación


IOANNES DE CASTELLANOS, PRESBYTER, LECTORI CANDIDO 

Magna canit doctus lovius, sed máxima transit 

Invidia et fuerzan com memoranda silet; 

Non puduit quoniam caecis velare tenebris 

Hesperias nostrae grandia gesta virum. 

At novus his scriptis ostendit lumina Phoebus 

Queis reserat fraudes nubila falsa fugas. 

Esque Novo in Regno prae cunctis ille Quesada, 

Qui Indorum ducum gloria summa fuit, 

Insuper atque cui donarunt numina caeli 

Quidquid habent Musae, proelia quidquid habent. 

 

EL PRESBÍTERO JUAN DE CASTELLANOS, AL BENÉVOLO LECTOR: 

El doctor Jovio canta grandes hazañas, pero las mayores las omite por envidia y quizá pasa en silencio hechos que deben recordarse. 

Pues no se avergonzó de cubrir con espesas tinieblas las gestas grandiosas que ejecutaron los hombres de nuestra España. 

Pero un nuevo sol muestra su luz en estos escritos en los que pone de manifiesto las afirmaciones engañosas, ahuyentando las nieblas de la falsedad. 

Hay en el Nuevo Reino, destacándose entre todos, aquel famoso Quesada, 

quien fue la gloria suprema de los generales de las Indias. A quien además concedieron los números celestiales todos los dones de las musas y todas las victorias que dan las batallas. 

Al rescatar varios textos del siglo XIX y de la primera mitad del XX, para este análisis, se evidenció la manera conservadora de la educación en Colombia, imitadora de la época victoriana. Sumado a este comportamiento pobre, la semiótica no había hecho su aparición, razón por la cual no se podía justificar el sentir de estas pictografías, realizadas por los habitantes más antiguos de este país. 

 

Figura 15. Mitografía de un alacrán Muisca. Imagen recuperada por la investigación para un graficario Muisca. Encontrada en Pandi. La altura geológica de hoy no corresponde a la de ese entonces, se supone que esa región fue más caliente y, en consecuencia, este animal era un habitante más en la zona. 


Las figuras diseminadas aquí y allá sobre las piedras, confundidas unas en otras sin orden ni sistema; la falta de coordinación y de unidad nos indica que esos mal trazados garabatos son hechos por manos inexpertas por mero pasatiempo. Nosotros aconsejamos a los sabios no se devanen los sesos ni pierdan su tiempo en buscar su significación. Queda, pues, sentado, que las pinturas o los grabados rupestres colombianos ‘no son ni pueden’ ser indicio o rudimentos de escritura, puesto que los cronistas de la Conquista lo niegan y siempre se refieren a la transmisión oral de la tradición


Figura 16. Parece una representación literal de la rana solamente. En una segunda mirada se lee una dicotomía entre animal y ser humano. Cuerpo de rana con manos y pies de humano, relación analógica con la que construyeron el mito hombre-rana que se encuentra 

representado en la cultura material Muisca. 


El factor ideológico del investigador occidental se pone de manifiesto cuando se refiere al Arte Precolombino. En estos apartes se comprende la mente del autor español: 


Hay que partir de que los autores del arte rupestre de Colombia pertenecían a las culturas primarias, más claramente, a la matriarcal, y, por tanto, en la que es propio el arte no realista, sino, al contrario, esquemático y convencional; en que se desarrolla el arte rupestre, tanto el grabado como la pintura, con fines mágicos, no decorativos, por lo cual resulta acertado todo cuanto ha indicado V. Restrepo (subrayado fuera del texto). 


Otras opiniones de importantes historiadores colombianos se sitúan en la misma línea, con afirmaciones que se publican en los textos escolares. E. Barney-Cabrera, hace comentarios propios de una época de gazmoñería bogotana, donde refiriéndose a la jeroglífica Muisca, afirma: 


Este arte se ha considerado de menguadas calidades y de reducida importancia. 

El arte de los indígenas chibchas, sólo recibió el calificativo de cosa rara. 

Simbolizados esos fenómenos mediante rayas, meandros, espirales, zig-zags o configuraciones esquematizadas de los animales a ellos asociados, tales como la serpiente, la rana o los cuadrumanos, o con sintéticas relaciones con el hombre y, en particular, con la mujer, gracias a diseños antropomorfos en los cuales se hace especial énfasis en los órganos sexuales, el inventario de temas y motivos, por fuerza, resulta reducido y pobre. 

Tampoco resaltan las cualidades creativas de carácter estético. 

Hay más o menos habilidad (...). 


Figura 17. Piedras de Facatativá. La estructura compositiva de esta figura le da importancia al centro, la imagen simboliza al hombre-rana sentado, sugiere: Tiva sentado o chamán, el ombligo como centro vital y el cuidado de éste.


Director del Museo Nacional y miembro de la Academia Colombiana de la Lengua, Gerardo Arrubla auténtica, sin ninguna revisión historiográfica, los comentarios de los mal llamados cronistas, en una introducción para el libro Leyendas Chibchas; allí avala: 


Los cronistas han sido, pues, la primera y más directa fuente de información, porque los autores de ellas conocieron las tradiciones directamente de boca de los indios; sus relatos están animados de un deseo sincero de decir la verdad, y, a pesar de los prejuicios y errores de la época, son siempre bellos por la riqueza y el realismo de su colorido. 

Araque (1993), en un trabajo de grado para optar por el título de antropólogo, al defender su hipótesis acerca del teatro dice: 

(...) Los Muiscas fueron una sociedad ágrafa, que no había desarrollado una escritura, o que por lo menos no escribía sus memorias, cómo lo hacemos nosotros. Era una cultura fundamentalmente de la acción y del movimiento. El teatro al igual que la cultura no se escribió ni se escribirá, se vive


Lo que se denota a partir de la gran mayoría de autores que trataron sobre la cultura Muisca a lo largo del siglo XIX, es la poca sensibilidad por la imagen gráfica. Donde se yuxtapone, por un lado, la ausencia total de una educación visual y estética, crítica de la época, y por el otro, a pesar de que ello se dio, existía una industria naciente de las artes gráficas. Como los medios de infor 

Los medios de comunicación pertenecían al Estado o a la clase dominante, que no permitía el desarrollo de la comunicación impresa, bajo el régimen de “la ley de imprenta” nadie podía publicar su ideología sin sufrir las consecuencias. Caso extremo en 1849, los editores Joaquín Pablo Posada y Germán Gutiérrez de Piñeres sacudieron a Bogotá con la publicación del ponzoñoso semanario El Alacrán y fueron a parar a la cárcel durante seis meses. El otro caso de sumo interés para este proyecto es el destierro del famoso dibujante y grabador Alfredo Greñas, creador de El Zancudo, quien con sus dibujos y caricaturas le quitó el sueño a más de uno en la época de la regeneración. A este humanista colombiano se le honró en Costa Rica como el padre del periodismo costarricense. 


Figura 18. Planos de las zonas de labranza, la siembra y el sistema de canales. Facatativá, cañada de la Chaguya. Plancha 55 de Miguel Triana. 


Resta decir, que fueron épocas parecidas a la oscuridad, en las que sólo había interés por mantener imágenes religiosas. Fernando Vallejo muestra una radiografía triste de Bogotá con una estructura social pacata, gazmoña y mojigata, en la biografía de José Asunción Silva. Una sociedad que le teme a la imagen creada de sí misma, muestra con claridad el origen de esta fobia heredada a partir de la satanización de las imágenes jeroglíficas Muiscas por los españoles. La triste historia del mismísimo Jorge Isaac, puesto en ridículo por el entonces presidente Miguel Antonio Caro, por haber sido el primero en referirse a Darwin en su informe ya mencionado. Jorge Isaac muere en la pobreza por estos comentarios. 


Figura 19. Composición de dos pares de grecas en forma de “S”, una de ellas resuelve sus esquinas en ángulos de 90 grados, en la otra, el dibujante añade en una de las colas de la “S” un movimiento triangular, la imagen atrapa la mirada del observador. Facatativá, Valle de Chugay Á cerca de la quebrada de Corito. Plancha 56 de Miguel Triana. 


Estos textos tomados de la historia oficial dan pie para iniciar un verdadero estudio del arte rupestre, legado a través del tiempo por un grupo de habitantes de la Sabana de Bogotá, quienes pintaron las piedras por simple regocijo espiritual, al igual que como ha 

hoy al pintar lienzos.


Figura 20. Cultivar y cuidar con afecto la labranza prestada (Tutta-sua). Crea del autor. 

 

A pesar de las opiniones anteriores, existen otras que por lo menos le dan algún valor a los dibujos pintados por los Muiscas. Veamos la opinión escrita en el año 1795, después de 257 años de fundada Bogotá (1538): 


Los fragmentos históricos de estas partes son tan sencillos como sus primeros pobladores. Pero, aunque no se encuentre entre estas gentes el fausto de los antiguos egipcios, se ven sus misterios. No hallamos monumentos faraónicos, pero sí algunos pequeños trozos de los fundamentos sobre los que se edificaron. Hablo de los jeroglíficos que se han encontrado entre los Indios


Las palabras decoración y ornamentación han sido definidas por la cultura occidental. Sin embargo, se puede afirmar que no son aplicables a la pintura-dibujo y otras formas expresivas en América precolombina. César Paternosto presenta un concepto muy interesante: 

Al proponer la erradicación de ‘decoración’ y ‘ornamentación’ del discurso del arte antiguo, ya que por su inevitable connotación de “embellecimiento superficial” desnaturalizan el sentido con que aquel fue concebido, sugiero en su reemplazo una terminología que creo más adecuada: dibujo, pintura o escultura y, cuando se haga imprescindible, diseño

Por otra parte, Ezequiel Uricoechea demuestra que los Muiscas sí poseían una forma de escritura con “reglas” gramaticales formales. Este autor afirma que: 


Escribir se dice en Chibcha chihuahua o bien chichis cua. Para el pretérito se usó chiqui (o chiniquy); el imperativo es chihyu, y los participios son chihisca, chihica, chihinga. Escribir una carta es ioke chihuahua. Yo escribo cartas, ioke y zebehihiscua. Hacían, pues, la distinción entre escribir en general y escribir carta, o sea, escribir sobre una hoja delgada, porque ioke significa pellejo suelto, papel. Para el pellejo o la piel del animal usaban la palabra huaca. Había, pues, una piel destinada a escribir, a la cual fácilmente asimilaron el papel y, por consiguiente, le dieron el mismo nombre. 


Chihuahua o chihuahua también significa pintar, según el vocabulario de Uricoechea. Si se reflexiona en lo que significaba pintar, según la Lengua castellana, y el arte de pintar entre los chibchas, se cae en la cuenta de que para los indios de Cundinamarca no había diferencia sustancial entre pintar y escribir. En 1938, el doctor Darío Rozo, uno de nuestros más notables matemáticos e ingenieros, publicó un trabajo sobre Mitología y escritura de los chibchas, basado en las conclusiones del filólogo español Cejador y Frauca; este trabajo es un modelo de esfuerzo paciente y laborioso tendiente a descifrar definitivamente las inscripciones indígenas

Realmente es de admirar la habilidad que despliega el autor sobre los caracteres y signos, sobre los que trabaja, llegando a la conclusión de que, al menos, en ciertas piedras que él analizó detenidamente, la de «Casablanca» (Madrid, Cundinamarca), la de «Sevilla» (El Colegio), una de «Tunja» (Facatativá), la de Viracachá, (Boyacá) y una de San Agustín (Huila), se descubre perfectamente la escritura Chibcha y descifrarse mediante la simple lectura. Vale la pena conocer más a fondo este artículo, el cual, como ensayo, es muy bueno y constituye una acción atrevida y audaz, casi diríamos revolucionaria, en el campo científico; de aceptarse al menos en parte, solucionaría varios interrogantes, pero, a su vez, plantearía otros problemas un tanto delicados: según el estudio del doctor Rozo, las inscripciones examinadas serían todas chibchas, tanto las pictografías como los petroglifos, aún el mismo agustiniano. 

Que fueran o correspondiera a la familia cundinamarquesa o a un grupo étnico similar y anterior, no lo menciona siquiera; para este autor, los chibchas anteriores a la Conquista sabrían escribir, y, al efecto, queremos poner sus mismas palabras y razones: “Pero es el caso que el Muisca tenía palabras especiales en su idioma para expresar las ideas de escribir y de leer, y para significar el papel, o mejor, la piel o pergamino destinado a la escritura” (subrayado y resaltado fuera del texto). 


Figuras 21 y 22. Arriba, foto de Soacha. Mímesis de una mariposa. La investigación insiste en darle relevancia a varias mitografías cuyo valor aún no es reconocido. Abajo, mitografía a partir de una mariposa, piedras de “El Alto”, Plancha 40 de Miguel Triana. Con estas imágenes en relación, se constata una evidencia de código como lenguaje gráfico significante en el altiplano cundiboyacense. 


En la pesquisa de diferentes estudios que se han hecho sobre el arte rupestre cundiboyacense, se han encontrado solamente tres compilaciones gráficas de las pinturas rupestres: la primera, elaborada por Liborío Zerda, en 1883; la segunda, del ingeniero Miguel Triana, en 1924, y la tercera, del padre Wenceslao Cabrera, en 1968. El español José Pérez de Barradas (1941) copió en su totalidad los trabajos gráficos de Zerda y de Triana. Wenceslao Cabrera, además de constatar los dibujos registrados por los investigadores anteriores, integró algunos dibujos no catalogados antes. Otro artículo publicado en la revista Cromos, llamado “Jeroglíficos Precolombinos” escrito por José M. Uribe Th. Ignacio Borda A., como documento, forma parte de los álbumes de interés gráfico precolombino de la cultura en estudio. Es de suma importancia la colección "Arte rupestre, pinturas rupestres", de José Virgilio Becerra de 1990. Y la recopilación Arte rupestre en Cundinamarca, de Álvaro Votiva Contreras de 2000. 


Figura 23. Patrón de cuenta estrellas. Los números estaban relacionados con las semillas, labranzas y cosechas. Piedra de “El Palco” Cumacá, Tibacuy


Figura 24. Piedra de Saboya. Asociación de labranzas; lugar para guardar los granos y semillas. 

Los Signos Pintados Como Escritura O Trazos Inconscientes 

Verba volant, scripta manent 

(Las palabras se las lleva el viento, la escritura permanece) 


  • “La negación rebosa diferentes y a veces antitéticas alegorías del tiempo y del sentido de la historia, pero desde luego no impide, ni mucho menos disipa, nuestra inquietud”. 

  • “Antes que Homo sapiens somos Homo quaerens, un animal que no deja de preguntar. Un animal que abarrota los límites del lenguaje y de las imágenes”. 

  • Aquí está el meollo del asunto. Donde las preguntas de fondo se han hecho esquivas porque las respuestas no se consiguen tan fácilmente como lo esperaba el hombre a lo largo de siglos. 

  • “Se entiende por escritura la manifestación de una lengua natural, con la ayuda de un significante cuya sustancia es de naturaleza visual y gráfica”


La antropología posee una definición de la escritura mucho más amplia que engloba todo sistema de comunicación basado en signos gráficos (dibujados, esculpidos en bajo relieve o relieve, modelados, pintados o grabados). Se considera la escritura como una modelización primaria, que ofrece la posibilidad de dar forma al pensamiento sin pasar por el intermediario de una lengua natural. Tipológicamente, hay que hacer una distinción entre los sistemas que presuponen necesariamente de la existencia de una lengua (caso de las escrituras alfabéticas) que escriben fonéticamente, y los que dan forma a un contenido ideal que todavía no ha sido ajustado a un sistema verbal (caso de los sistemas ideográficos o pictográficos de pueblos mesoamericanos: Olmeca, Tolteca, Azteca). 

 

Figura 25. Dibujo realizado directamente del tablero rocoso (petroglifo). Mitografía posible de una flor o algo que contiene algo. Finca Cifuentes, vereda cerca de Tibacuy. 


Los variados sistemas de signos gráficos han sido creados en épocas y geografías muy diversas, lo que pone fuera la hipótesis de una relación necesaria entre ellas. Se pueden establecer entre los sistemas de escritura asociaciones que transitan los siglos, los cuales abarcan grandes espacios, mientras que otros sistemas responden a una creación autónoma, como el signo Muisca, en el plano de las mitografías y sus desarrollos. 

Antes de la dicotomía habla-lengua, en las primeras alboradas el hombre era mudo, no articulaba palabra, seguramente emitía chillidos, algo así como lo hacen los animales. La otra forma de comunicación la recuerda Alfonso Reyes mediante radiaciones telepáticas que se trasladan rápidamente por cada mente del colectivo: 


Esta comunicación anterior a la palabra sería, para el hombre, el rayo adánico de Lacordaire: vestigio, según su doctrina, de los poderes divinos (o angélicos) que el hombre perdió por sus pecados. A ese rayo adánico le llamamos hoy telepatía. El lenguaje y todos los medios actuales de comunicación trabajan directamente contra esta facultad animal o primitiva; la han atrofiado en el desuso y, salvo supervivencias excepcionales, acaban por extinguirse


Antecedentes De Desciframiento De Otras Jeroglíficas 

(Trazos inconscientes) 

La hermenéutica de W. Dilthey, distingue la explicación que rige las ciencias de la naturaleza y que, procediendo por descomposición e inducción, busca determinar las condiciones objetivas de un fenómeno, de la comprensión, que es el principal instrumento de investigación de las ciencias humanas, por lo cual, el sujeto cognoscente consigue por empatía (Einfühlung, proyección sentimental) identificarse con las significaciones intencionales, esenciales a la actividad histórica, concreta, de un sujeto social.

 

Figura 26. Mitografía de un personaje, de un árbol, granero o planta con flor. A la luz de hoy, puede conectarse con la señalética. Finca Cifuentes, vereda cerca de Tibacuy. Dibujo directo del petroglifo. 


Interpretar es articular una lectura, desde el punto de vista del proceso o del propósito del grupo social en busca de pautas que demuestren o encuentren coherencia del mundo que lo rodea. Resulta fácil hacerlo en términos de hoy, porque los elementos de juicio están insertos en el mismo tiempo-espacio cultural, mientras que el pasado no lo conocemos. Lo poco que conocemos de la historia de Colombia son corroboraciones escritas por los mismos colonizadores españoles en América. Los párrafos siguientes describen varios esfuerzos exitosos de interpretación de escritura jeroglífica: 


Jean-Francois Champollion (1790-1832) descifró la escritura jeroglífica egipcia en 1824: Sumario del sistema jeroglífico de los antiguos egipcios. Escrito de 400 páginas y 46 láminas. Michael Coe, con cierto placer nos cuenta la aventura del desciframiento: Para que nadie dudara de lo correcto del desciframiento, Champollion mostró un vaso de alabastro egipcio con una inscripción bilingüe en jeroglíficos y en los signos cuneiformes de silabario del antiguo persa, que apenas en fechas recientes se había descifrado parcial mente; ambas lenguas daban el mismo nombre, Jerjes (Khschearscha en persa). 


No se hicieron esperar las aclamaciones del mundo intelectual, ni tampoco las habituales tejas. Entre otros, el conde de Sacy y el lingüista Guillermo de Humboldt no escatimaron elogios. Thomas Young, el amargado que se aferraba todavía a su insostenible teoría acerca de la naturaleza ideográfica de los jeroglíficos, por una parte reclamó como suyos los descubrimientos de Champollion y, por la otra, hizo todo lo que pudo para desacreditarnos. La murmuración entre los especialistas, la mayoría de ellos probablemente con la nariz muy deformada por la hazaña intelectual de Champollion, se prolongó por más de cuatro décadas tras la publicación del sumario. Sólo se apagó de una vez para siempre en 1866 con el descubrimiento del Decreto de Canopo, otro ordenamiento ptolemaico en beneficio propio que confería honores a Ptolomeo III y a su reina, Berenice. Grabado, como la Piedra Roseta en griego, en jeroglíficos y en demótico, el decreto aportaba una excelente prueba de que Champollion había estado completamente en lo cierto.


Figura 27. Diseño homenaje a la serpiente a partir de la gramática visual-Muisca. 


La piedra Rosetta es un decreto en honor a Ptolomeo V del año 196 a.C. en jeroglífico, griego y demótico. La inscripción griega nos informa que las otras dos expresan el mismo mensaje. También se destaca la proeza científica de Yuri Knorozov, quien tradujo del Maya cuatro manuscritos de mesoamérica conocidos hasta ese momento: los códices de Dresde, de Madrid y de París, publicados en 1933 por Antonio y Carlos Villacorta, y el alfabeto de Diego de Landa: 

Por desgracia, con la herejía se extirpaba una cultura que representaba el mundo espiritual del indio. Así desaparecieron millares de manuscritos mayas, pero se conservó la relación del fraile español, fuente hoy casi única de nuestros conocimientos acerca de los antiguos Mayas. Este documento, del que Brasseur de Bourbourg encontró una copia en 1863, contiene el alfabeto, así como muestras de palabras escritas con signos mayas. Ahora bien, estos ejemplos o croquis tenían reputación de ser falsos o, por los menos, de constituir una tentativa desmañada de transcribir al español los signos-dibujos de los Mayas. 

En vista de todo ello, Yuri Knorozov comenzó por verificar el alfabeto de Diego de Landa, pudiendo comprobar que no se trataba de un fraude ni de un ensayo torpe. De Landa, hombre de estricta puntualidad en todo, esforzándose por facilitar a sus superiores la comprensión de los jeroglíficos, compuso su alfabeto utilizando, no letras, sino sus denominaciones porque se aproximaban más a los signos mayas y hasta correspondía fonéticamente a algunos de sus elementos. Para cerciorarse de ello le bastó a Knorozov una pequeña frase que Diego de Landa incluyó casi fortuitamente en su relato: “Ellos (los mayas) escriben por sílabas...” ¡Los españoles también transmiten por sílabas la denominación de las letras! 

Tal fue la brillante hipótesis de Knorozov. Sin embargo, el alfabeto de Diego de Landa era un muestrario de los signos mayas, no su catálogo completo. No comprendía sino aquellos de los 300 signos que responden a la denominación de las 25 letras del alfabeto español de la época. Por otra parte, los jeroglíficos eran un sistema mixto de escritura, muy lejano de la sencillez casi arquetípica de la escritura literal. Otra complicación reside en que algunos jeroglíficos Mayas desempeñan, según el caso, funciones diferentes e incluso dobles. Los hay de tres clases: ideográficos, que transmiten las raíces de las palabras; fonéticos, que expresan una sílaba o un sonido; y diacríticos (o determinantes), que precisan el sentido del vocablo pero no se leen (por ejemplo, si la palabra león se transcribiera en escritura jeroglífica, haría falta un signo diacrítico para indicar si en el texto se habla de esa fiera o de un nombre propio). 

Un quinto manuscrito Maya fue descubierto y publicado en 1973 por Michael Coe, especialista en arqueología precolombina. La escritura Lineal B fue descifrada por Mi chael Ventris en 1952. Con ayuda de John Chadwick estableció las reglas de su ortografía. La Lineal B es una adaptación Micénica de la escritura minoica Lineal A. Es de señalar que Sir Artur Evans (1851-1941), quien descubrió y clasificó las escrituras minoicas, fue quien sugirió el camino que llevaría al desciframiento de Ventris. 

No se puede olvidar el desciframiento de la Glífica Olmeca aldeano (1500 a 1000 a. C.) hasta el dominio mixteca (1200-1550 d. C.). Otra escritura logográfica descifrada fue la jeroglífica hitita (hoy centro de Turquía), escritura con la que pregonaban sus hazañas bélicas los gobernantes de la Edad de Bronce

Otro trabajo muy importante de mencionar es: Hieroglyphica de Horapolo, como el único tratado del mundo antiguo, hasta hoy conocido. Horapolo fue profesor de gramática en Alejandría y en Constantinopla durante el siglo V d. C. La obra se compone de dos libros, escritos en egipcio (traducido por Filipo al griego), el primer libro con el título: Jeroglíficos de Horapolo del Nilo, consta de 70 jeroglíficos. El segundo, Libro II de la interpretación de los jeroglíficos de Horapolo del Nilo, con 119 imágenes. El embajador español en Persia, García Silva Figueroa realizó, en 1618, la primera descripción conocida de la escritura cuneiforme. 


Figura 28. Los fluidos sagrados. Piedras de “El alto”, Hacienda de Tequendama.


La Escritura Jeroglífica Muisca 

(Trazos inconscientes) 

Zebchijiscua o Zebiscua

Escribir, pintar, rayar… 

La existencia de estas palabras indica, sin duda, que la acción de escribir se verbaliza entre los Muiscas. La acción se refiere directamente a un sujeto (a un “yo”) que la ejecuta: Yo escribo, yo pinto, yo rayo. 

Zebchichuasuca Zebiscua = Yo aprendo a escribir 

La raíz “Ze”, Yo (pronombre personal), más las palabras chihuahua, chiguagua, que significan aprender; Zebisch es exactamente escribir, pintar, parir, buscar (se infiere, doy a luz mi idea escrita o pintada). Incluso las palabras: Zebchiugoscua y Zebchiusura se refieren al acto de teñir o grabar las man tas, es decir, expresarse gráficamente sobre ellas, no simplemente adornarlas (en los diccionarios Muiscas, nada indica la existencia del concepto “adorno”). Lo Que = Pellejo, papel, carta, azote, látigo (el papel no lo conocían nuestros aborígenes. Estos utilizaban las pieles de los animales de caza para escribir en ellas sus jeroglíficos). 

El pellejo o sustrato de origen animal para la escritura aparece traducido por los españoles como “papel” o “pellejo suelto”, referidos al anónimo número 158 de la Biblioteca Nacional de Colombia, sin fecha ni lugar de autoría. Debe diferenciarse del término Huca, que traduce pellejo. Lo anterior destaca la importancia que los conquistadores y colonizadores daban al idioma Muisca, evidenciada en la traducción de palabras y conceptos de manejo muy preciso en una escritura cotidiana de aquellos nativos. En otras palabras, el interés por desvertebrar la sociedad Muisca para fines de conquista y explotación, los llevó a estudiar esa lengua y consignarla en una traducción escrita que se constituyó en vehículo de comunicación para liquidar la cultura indígena. No obstante, tradujeron conceptos que nos demuestran la alta elaboración cultural Muisca mediante sus desarrollos intelectuales, aplicados cotidianamente en las palabras escritas en esos pellejos sueltos o “papeles”, como los denominaron los españoles. 

 

Figura 29. Imagen abstracta de la rana, construida a partir de la gramática visual Muisca; montaña, río, aire, labranza, semilla germinada y Sol. Creación del autor.


Figura 30. El yacimiento de Arte Rupestre de Sáchica, es muy importante para los estudios de la historia de la imagen en Colombia, por tal razón, se debería parar la explotación que lleva a cabo la empresa “Calizas y Agregados Boyacá” por detrás del frontal que vemos en la foto, a menos de 50 m. 


Figura 31. Matriz tallada en piedra de pizarra. Imagen abstracta del vuelo de un pájaro. Tiene dos signos de fácil lectura: cabeza de pájaro y rostro de Tiva Muisca. Con esta matriz, empujaban las láminas de oro preparadas para hacer los distintivos especiales. 


La escritura es la codificación gestual mediante la combinatoria mano-cerebro, y depende de la relación entre sujeto y mundo externo. Quizá fue un hecho el que los primeros hombres, al descubrir que podían dibujar con su dedo el sol o la luna sobre la tierra, se fascinaron con el encuentro representacional de lo que hoy llamamos dibujos geométricos. El hallazgo de la mimesis mediante el dibujo o pintura de aquello que causara su interés, es el origen relacional del sujeto frente a la naturaleza, la codificación de la misma mediante el signo, el nacimiento de lo que hoy llamamos las escrituras y las lenguas del mundo. Esta codificación, en algunos casos, como sucedió con los Olmecas y los Mayas, utilizó las formas gráficas llamados “grifos”. La sociedad Muisca pintó formas geométricas y más abstractas. Éstas correspondían a la diversidad climática, geográfica, de fauna y flora, o a otros factores que pudieron determinar niveles de desarrollo cultural diferentes, como la capacidad de producir excedentes alimenticios, la metalurgia, el paisaje como parte del hábitat, las jefaturas o los grupos familiares. El “grupo social” Muisca fue una organización de relaciones entre el “sujeto-sapiens” y su entorno; en esa primera instancia aparece la necesidad de escritura o de codificación de los signos o símbolos que caracterizan ideas y funciones para los suyos. Esos dibujos pintados sobre las piedras, que aún permanecen, son testimonio de un alto grado de desarrollo social y de su más importante labor, hecha con la “mano-sapiens”, como fueron la orfebrería, la cerámica, los tejidos en cestería y en algodón. A estos productos los antecede la representación en las primeras imágenes sustraídas de la “madre-naturaleza”, el gesto sonoro (palabra) y la mímica visual de una forma muy especial de comunicarse, como lo hicieron en Mesoamérica con sus glifos y los Incas con sus esculturas-piedras. Un puente comunicador llamado lenguaje, representado a través del plano de expresión hablado o escrito (significantes). Miguel Triana (1922) escribió lo siguiente: 


“En cuanto al idioma que recogió algún doctrinero en un vocabulario restringido al uso de las confesiones, es tan deficiente que no se encuentran en él las palabras más vulgares, como los días de la semana o los nombres de los meses, por ejemplo, al paso que se repiten en él los más contradictorios sinónimos”. 


Figura 32. Imagen abstracta de dos rombos incluidos a sí mismos. Labranza lista para sembrar, ranas, montañas, semillas germinadas o lugar donde se guardan los granos. Piedra de Pascalio Martínez, el joven indio de 15 años, quien capturó a Barreiro detrás de la piedra.


Figura 33. Laberinto. Homenaje abstracto al movimiento de la línea en función ortogonal; de igual manera, a la forma retórica de la repetición modular llamada anáfora, que juega un rol muy importante para la escritura aplicada en la orfebrería, cerámica y tejidos. Esta pieza fue diseñada por el autor a partir de la gramática visual-Muisca.


Figura 34. Tableros de Sáchica. Lugar ubicado a 20 minutos de Villa de Leyva. Semi Abstracción mimética de la rana, resulta ser el grafismo más usado debido a la gran cantidad de lagunas y, por ende, el signo representativo de la cultura Muisca. 


Las imágenes jeroglíficas, pintadas por gente sin oficio de la cultura Muisca, se pueden constatar al hacer un recorrido diacrónico por nuestra historiografía. Esta historia negativa comenzó con los cronistas quienes negaron a toda costa el uso de una escritura, mucho más elaborada, que yo caracterizo como una segunda etapa o desarrollo depurado de la misma jeroglífica. Como ya lo he dicho, esta escritura fue muy bien borrada, sin dejar rastro alguno de los documentos aquí dentro del territorio, lo mismo que en el Archivo de Indias. A continuación, tomó los comentarios y tres citas de doña María Stella González

Información de los cronistas. Todos los cronis tas que en una u otra forma describieron la cultura Muisca, coinciden en negar por completo el uso de escritura entre los hablantes del idioma tratado y a menudo se lamentan de no conocer más a fondo sus costumbres precisamente por la falta de tradición escrita: 

“En todo lo descubierto de estas Indias Occidentales o Nuevo Mundo, ni entre sus naturales, naciones y moradores, no se ha hallado ninguna que supiese leer ni escribir, ni aún tuviese letras ni caracteres con que poderse entender, de donde podemos decir, que donde faltan letras faltan cronistas: y faltando éste, falta la memoria del pasado

Al parecer, tuvieron el cuidado de averiguar la existencia de cualquier forma de escritura, o por lo menos así lo demuestran cuando hablan de la usada por otros pueblos, y que tanto los admiró por sus características propias: 


(...) de las escrituras, o modos de escribir o poner en memorias y entenderse en sus anales, nos ha faltado totalmente en esta tierra del Nuevo Reino, y aún en todo lo que trata nuestra historia, que no fuera poca ayuda de costa haber hallado algo de esto como lo fue a los que han escrito las cosas de los indios de la Nueva España que las tenían en memoriales escritas con ciertos caracteres y figuras, y los que escribieron de las del Pirú que las hallaron como vivas en aquellos quipas que tenían hechos de hilos de diversos colores con diferentes nudos (...). 


Es muy común encontrar que su tradición fue estrictamente oral, ya que afirman que desconocían la escritura: 


(...) con la antigüedad del tiempo y falta de letras o jeroglíficos para escribir y estampar sus acaecimientos, varias de suerte las noticias de ellos en las memorias de unos a otros (que son los libros historiales que tenían). 


La Comisión Corográfica no catalogó imágenes jeroglíficas, sólo ilustró algunas rocas a manera de paisaje, sin darle la menor importancia a las imágenes escritas en las rocas. Desde Colón hasta la Comisión prefirieron conocer únicamente el beneficio de las plantas, de ciertos animales y, por supuesto, del oro y la plata. La calidad humana de los indígenas no corrió la misma suerte, así como su cultura material, que los españoles soslayaron intencionalmente, debido a las políticas de conquista y los criollos, debido a la mentalidad de su época, mimesis de las culturas decimonónicas europeas. 


Figura 35. Tablero de Sáchica. Estas imágenes están ubicadas en el segundo piso, corredor construido a una altura aproximada de 25 metros de altura. 

Cuadrado y ranas. 

Las imágenes pictográficas realizadas por la cultura Muisca en los diversos lugares de La Sabana no fueron destruidas, pues estaban fuera de su alcance, con tal suerte para nosotros, que aún están ahí la gran mayoría de piedras marcadas por nuestros primeros. Esta investigación cree pertinente llamar a las piedras pintadas “tableros rocosos”. A partir de este concepto se puede decir que tales lugares eran puntos de reunión para la explicación de lo aprendido por los Tivas; estos puntos de la escritura o de grafismos fueron las primeras escuelas públicas, donde se enseñaban los preceptos de la organización social 



No hay comentarios.:

Publicar un comentario