domingo, 31 de diciembre de 2023

Múisca Un Viaje A Nuestros Orígenes

Múisca Un Viaje A Nuestros Orígenes


Aunque las condiciones de trabajo de los muiscas para sobrevivir fueron difíciles, según muestran sus restos óseos, este grupo indígena del altiplano cundiboyacense nunca tuvo problemas de desnutrición. Así lo asegura Carl Henrik Langebaek Rueda, antropólogo y vicerrector académico de la Universidad de los Andes, en su último libro: ‘Los Muiscas: La historia milenaria de un pueblo chibcha’. Una publicación que propone un viaje de redescubrimiento de esta sociedad fundamental en la construcción de la nación colombiana. Una recolección de los últimos estudios de investigadores de la Universidad de los Andes, la Universidad Nacional y la Universidad Pedagógica y Tecnológica de Tunja.


En este, el autor intenta desmontar mitos alrededor de una cultura de la que poco se conoce. Se dice que la población indígena tenía problemas de alimentación, un alto nivel de enfermedades y que tenían una organización en la que unos caciques ejercían el poder absoluto. Sin embargo, en ‘Los Muiscas’ se evidencia una diversidad de productos además del maíz que confirman que no sufrieron problemas de nutrición. Se nombra por ejemplo a la papa, los fríjoles, tubérculos, ahuyama, calabaza y una variedad de plantas. Sobre la comida de origen animal se halló el consumo de peces, curí, venado y aves.


En la sociedad musical había un proyecto colectivo y los líderes trabajaban en torno a intereses comunales. Langebaek explicó que había diferencias sociales, pero no el abuso por parte de unos pocos. Además, se resalta una estricta división de género en el trabajo y algunos entierros dejan entrever un prestigio notable de algunas mujeres y un sistema de filiación a través de la madre. En Cundinamarca y Boyacá alcanzaron a habitar entre 4 y 8 millones de personas del pueblo muisca. Los primeros llegaron desde antes de la aparición de la agricultura y la cerámica, provenientes de sociedades centroamericanas que se desplazaron hacia Suramérica y se mezclaron con habitantes de esa región.


Los muiscas no han desaparecido. Los recientes estudios indican que se transformaron en campesinos y se mezclaron con población de origen europeo. De hecho, durante la conquista este grupo transformó completamente su mundo, cuando las élites indígenas se incorporaron al mundo colonial. De la mano de la arqueología, el autor describe el origen genético, la cultura y costumbres para acercar estos conocimientos y entender los orígenes de esta parte de la sociedad colombiana. El libro deja ver también las herencias de ese grupo en la organización de hoy: pautas de alimentación, costumbres y formas de ver el mundo.


“Es necesario que comprendamos nuestros orígenes indígenas, españoles y afro y contar con información sobre cómo se organizaban, porque de ahí también podemos entender lo que somos”, puntualizó Langebaek.


Los Muiscas

María Eugenia Hernández / Antropóloga, Área de investigación, Archivo de Bogotá.


La llegada de los españoles a este territorio se dio hacia 1537, encontrando una población dividida en pequeños grupos gobernados por un jefe llamado Psihip Kua, que más adelante, alrededor de 1570 se convertirían en los caciques coloniales. Estos grupos solían llamarse muiscas, según la tradición histórica que ha venido usando el término desde las crónicas. Al respecto, el historiador Jorge Gamboa dice que, “sin embargo, persiste la duda sobre la conveniencia de considerar a todos los grupos indígenas de las provincias de Tunja y Santafé como pertenecientes a una misma etnia o cultura. 


Incluso habría que preguntarse hasta qué punto la idea de una “cultura muisca” fue una creación de los conquistadores y cronistas españoles, que impusieron unidad donde no la había o donde, por lo menos, no era tan clara”.[1] Así mismo, tampoco es seguro que hubiera una unidad lingüística. Fray Pedro Simón en su crónica afirmó que estos grupos hablaban una gran cantidad de lenguas y Fray Pedro Aguado decía que no había un nombre común para darle a toda esta tierra pues cada lugar tomaba el nombre de su gobernante. Este fue el panorama con que se encontró Gonzalo Jiménez de Quesada a su llegada.


Toda la gente que habitaba el territorio se llamaba “mosca” “porque muexca quería decir persona”.[2] El uso más antiguo de esta palabra se ha encontrado en el “Epítome de la conquista” que se ha atribuido a Alonso de Santa Cruz y fue escrito alrededor de 1540. En el Epítome se hace referencia a que posiblemente una de las razones para el uso del término fue el parecido con los insectos voladores y que se utiliza para referirse a poblaciones numerosas. Más adelante, Guillermo Hernández de Alba los llamó Chibchas, fundamentándose en el nombre que le dio Pedro Simón en su crónica a la lengua que se hablaba en la región. 


Posteriores investigaciones aclaran que en los diccionarios y gramáticas del siglo XVII se ve claramente que “la lengua era llamada muysccubun" (“lengua de los hombres y de la gente”). Lengua o idioma se decía cubun, y el castellano se llamaba succubus”. Todos estos datos los encontramos en los cronistas, empezando por los escritos del mismo Jiménez de Quesada como el “Gran cuaderno” y otros como “Los relatos de Suesca” por mencionar algunos.


Ubicación Geográfica


Se localizan en los municipios de Cota, Chía, Tenjo, Suba, Engativá, Tocancipá, Gachancipá y Ubaté, en la región andina central de la cordillera Oriental. Considerando que su mayor población está en la ciudad de Bogotá, éstos se encuentran en los barrios de Suba, Bosa y Engativá.


Población


Según el Censo Dane 2005, de un total nacional de 14.051 indígenas muisca, 5.713 de ellos habitan en la ciudad de Bogotá. Seguido de los municipios de Cota y Chía con 2.410 y 1.843 personas respectivamente y en los contextos urbanos, encontramos 10.243 indígenas muiscas. Ello implica afirmar que viven un proceso de urbanización dadas las condiciones históricas de las migraciones urbanas del campo a la ciudad. En la década de 1980 se experimentan múltiples cambios en el accionar político y social del país, lo que motiva en las organizaciones indígenas urbanas a una lucha por la reivindicación de sus derechos.


Es cuando el discurso del Estado monocultural se transforma en pluriétnico y multicultural, consagrado por la Constitución Política de 1991. En esa perspectiva, comunidades en Bosa y Suba, que se consideran mestizas y con gran arraigo campesino, irrumpen reclamando con inusitada vitalidad su condición de indígenas pertenecientes al pueblo muisca. Estos permanecen mimetizados bajo el manto de formas culturales mestizas y campesinas que ocupaban los territorios de los antiguos resguardos de Bosa, y El Cerro, en Suba. Dentro de esta dinámica cabe destacar el papel jugado por los situados en El Cerro de Suba, quienes desde el año 1991 empiezan el proceso de recuperación de su identidad y la búsqueda de sus raíces a través de un padrón que habían encontrado.


Lengua


La lengua Muisca pertenece a la familia lingüística Chibcha. Se ha comprobado que los habitantes de la parte central del país a la llegada de los españoles a comienzos del Siglo XVI compartían una serie de características de lengua, vivienda, vestido y forma de organización por lo que tradicionalmente se le ha agrupado bajo la denominación de muiscas, pero muchas investigaciones y evidencias históricas tienden a determinar que no constituían una comunidad homogénea, es decir, que en la lengua existían variantes dialectales importantes que también podrían corresponder a variaciones dentro de su organización política. 


Para mediados del siglo XVI la colonización española se afianzó mediante procesos de evangelización y la implantación y uso exclusivo del idioma español. Hoy no hay hablantes Muisca; el uso de los dialectos nativos fue prohibido en 1770, mediante una Cédula Real por razones económicas, culturales y políticas en favor del español, que desde entonces se impuso como lengua general. En el Altiplano Central sólo sobrevive una variante del Chibcha, al norte de Boyacá, entre los actuales indígenas U’wa (o Tunebos). Pese a su desaparición, los testimonios documentales de la lengua Muisca han permitido conocer cómo se construía una frase y sus posibles sonidos. El Muisca se extinguió alrededor del siglo XIX


Historia


A la llegada de los españoles los indígenas de “Cota” estaban sujetos al señor de “Bogotá” (deletreando, ya sea “Bogotá” o “Bogotá” (Broadbent 1974); se diferenciaban de los demás cacicazgos por el dominio de un territorio propio, la existencia de un “cacique” local, varios “capitanes e indios principales” y una comunidad indígena tributaria. Los Muiscas habían conformado cuatro “confederaciones” o “señoríos” o “jefaturas” que los cronistas españoles llamaron “reinos”, independientes entre sí; cada una administrada por un centro político superior, conocido por el nombre del “pueblo” o “cacicazgo” donde tenía asiento: 


“Bogotá”, al sur del altiplano; “Hunza”, al centro, y “Tundama” e “Iracá”, al norte. Las más importantes eran las confederaciones de "Bogotá", gobernada por un gran “señor” o “zipa” y la de “Hunza”, gobernada por un gran “Saque”, quienes sostenían un enfrentamiento militar por el predominio territorial


En el siglo XVI, momento en que los conquistadores llegaron a la zona, los indígenas de “Cota“ vivían en Bogotá ", una de las cuatro confederaciones que estructuran la organización política-territorial Muisca. Sus habitantes cultivaban maíz y turmes, y practicaban la cacería de venado; estas actividades se complementaban con la confección de textiles. Su organización social tradicional se regía por un patrón de residencia matrilocal; practicaban la endogamia y matrilinealidad. 


En principio, los conquistadores sujetaron los cacicazgos Muisca al sistema de encomienda y posteriormente, a finales del siglo XVI, al de los resguardos. El resguardo de Cota fue disuelto en 1841 y reconstituido nuevamente en 1876 por medio de la compra de las tierras. Hoy en día, la mayor parte de la población muisca se concentra en el municipio de Cota cuyo resguardo denominado con el mismo nombre, fue disuelto por el Incora en el año 2001. Hoy, se encuentran asentamientos dispersos de poblaciones a lo largo del territorio que reclaman su condición étnica. Muchos de los elementos culturales de tradición Muisca se conservan en las comunidades campesinas de Boyacá y Cundinamarca.


La cultura Muisca, después de la Conquista, se sumergió en el proceso de formación colonial de la sociedad “blanca” (colombiana). Los cacicazgos, antes de su desaparición, se transformaron en “resguardos”, pero éstos conservaron algunos rasgos de su organización ancestral, ante la imposibilidad de romper totalmente sus relaciones sociales tradicionales sin producir la extinción física y cultural de la población. El caso del resguardo de Cota permite comprender la dinámica etnohistórica subyacente en su supervivencia e ilustrar el proceso de transformación vivido por la población indígena de la región.


Cultura


La cultura Muisca, después de la Conquista, se sumergió en el proceso de formación colonial de la sociedad “blanca” (colombiana). Los cacicazgos, antes de su desaparición, se transformaron en “resguardos”, pero éstos conservaron algunos rasgos de su organización ancestral, ante la imposibilidad de romper totalmente sus relaciones sociales tradicionales sin producir la extinción física y cultural de la población. El caso del resguardo de Cota permite comprender la dinámica etnohistórica subyacente en su supervivencia e ilustrar el proceso de transformación vivido por la población indígena de la región. 


Desafortunadamente, el pueblo Muisca experimentó un fuerte proceso de aculturación, reflejado en la pérdida de aspectos formales de la cultura. En la actualidad algunos pobladores luchan por tratar de recuperar algunas de las tradiciones y concepciones del mundo, en un proceso que busca que la comunidad vuelva a tener el esplendor del pasado. Aunque actualmente no hay hablantes de Muisca, lengua tradicional de la familia Chibcha, se conservan entre los habitantes de la región algunos elementos lingüísticos, en su mayoría vocablos y apellidos.


La industria textil Muisca, trabajaba con una gran diversidad de fibras; principalmente el algodón y el fique. Según la tradición chibcha, el dios civilizador Bochica, le enseñó a sus predicadores como hilar y tejer las fibras. Cada familia tenía en su hogar un telar, un huso, y fibras para tejer sus propias telas. Según algunos colonizadores, los indígenas usaban prendas de colores diferentes en diferentes ocasiones especiales. El vestido consistía en una especie de túnica y una manta atada por las puntas en el hombro, fabricadas con telas gruesas de algodón, adornadas con rayas de colores. 


Los personajes principales vestían mantos más finos de distintos colores, las telas eran estampadas con tintas de origen vegetal y mineral, utilizaban rodillos y sellos hechos en cerámica. No utilizaban calzado. Se pintaban el cuerpo con achiote, además utilizaban en la cabeza plumas vistosas de aves; también usaron brazaletes, collares, narigueras y pectorales bellamente fabricados en oro.


Economía


Hacia 1500 la economía estaba basada en la agricultura, la explotación de sal y esmeraldas y la producción de hojas de coca, cerámica y orfebrería. Estos productos se intercambiaban o eran acumulados por los caciques para sostener a la gente en épocas de crisis. Los pueblos agrícolas calculaban la época de siembras y cosechas mediante la observación del movimiento de los astros. En la región se construyeron alineamientos y círculos de columnas y de bloques de piedra que sirvieron como observatorios astronómicos. Los orfebres fundieron piezas idénticas en oro y cobre, mediante el uso de matrices de piedra que permitían hacer los modelos de cera en serie.


El algodón y el fique eran hilados con husos impulsados por volantes de piedra grabados, y con los hilos se fabricaban mantas, gorros, diademas, mochilas y redes. Estos eran tejidos y decorados con pintura. En telares de madera se tejieron gran cantidad de mantas grandes y pequeñas, sencillas y pintadas, burdas y finas. Su valor era tal que se usaron para regalar a los caciques y para envolver los cuerpos momificados de los difuntos importantes. Se destaca en la vitrina el rico ajuar funerario de orfebrería de un personaje enterrado en Sogamoso, lugar de peregrinaje muisca famoso por su templo del sol. 


Los adornos que usaban los caciques les conferían atributos de autoridad y saber religioso para obtener la obediencia de su gente. Según consta en documentos de archivos coloniales de 1574, cuando los caciques ordenaban algo a los comuneros “…les envían a llamar con sus pregoneros y les envían sus orejeras y mantas y sombreros por señal”. La vida de los chibchas estaba imbuida de preceptos religiosos que determinaban normas de convivencia con la sociedad y la naturaleza. Los sacerdotes, llamados jeques, presidían los rituales, curaban a los enfermos y por medio de las ofrendas y sacrificios restablecían el equilibrio del universo.


Personas, aves y felinos eran representados en bandejas para inhalar el yogur. Con este alucinógeno los jeques alcanzaban estados alternos de conciencia durante los cuales se comunicaban con diversos seres míticos. Miles de figuras votivas se elaboraron en oro, cobre, tumbaga, madera, piedra y arcilla. Es posible que sus diferentes características fueran controladas para obtener objetos cuyos significados se relacionan con la intención de la ofrenda en lagunas, cuevas y campos de cultivo. Las figuras votivas forman un mundo en miniatura poblado por hombres, mujeres, seres asexuados y escenas, más una multitud de animales y objetos cotidianos. 


La mayor parte de las figuras votivas se ofrendaron en conjuntos. Los sacerdotes colocaban las piezas dentro de recipientes cerámicos de diversas formas: humana, animal, fálica o de bohío.


Civilización Muisca


La civilización Muisca (o Chibcha) floreció en la antigua Colombia entre el 600 y el 1600. Su territorio abarcaba lo que hoy en día es Bogotá y sus alrededores. Ganó una fama duradera como el origen de la leyenda de El Dorado. Los Muiscas también han dejado un importante legado artístico con su magnífico trabajo de orfebrería, gran parte de ésta incomparable con otra cultura de las Américas.


Sociedad Y Religión


Los Muiscas vivieron en asentamientos dispersos a través de los valles de las altas llanuras andinas en el este de la actual Colombia. Importantes ceremonias anuales relacionadas con la religión, la agricultura y la élite gobernante ayudaron a unir a estas numerosas comunidades. Sabemos que dichas ceremonias involucran un gran número de participantes e incluía canto, quema de incienso y música de trompetas, tambores, cascabeles, campanas y ocarinas (flautas bulbosas de cerámica) Las comunidades también estaban conectadas por el comercio e incluso hubo un movimiento de talentosos artesanos, especialmente orfebres, entre ciudades Muiscas.


los muiscas tomaban cabezas de sus enemigos derrotados como trofeos y algunas veces sacrificaban prisioneros. Fundada por la legendaria figura de Bochica, quien vino del este y enseñó moralidad, leyes y artes, la civilización Muisca fue gobernada por caciques con la ayuda de líderes espirituales. Los Muiscas controlaron y defendieron su territorio con armas como garrotes, lanzas arrojadizas, flechas y lanzas. Los guerreros también tenían cascos protectivos, petos blindados y escudos. Los Muiscas tomaban cabezas de sus enemigos derrotados como trofeos y algunas veces sacrificaban prisioneros para apaciguar a sus dioses. Sin embargo, la guerra era altamente ritualizada y probablemente a pequeña escala. Existe amplia evidencia de que, por ejemplo, materias primas como el oro, conchas, plumas, pieles animales, tabaco, sal, hojas de coco y otros alimentos eran comercializados con las culturas colombianas vecinas como los Calimas y Quimbayas. Los bienes preciosos habrían sido reservados a la élite Muisca, al igual que la caza y la carne.


Adoradores del sol, los Muiscas también tenían una reverencia especial por los objetos y lugares sagrados como rocas, cuevas, ríos y lagunas particulares. En estos sitios dejaban ofrendas votivas (tunjos) ya que eran considerados portales a otros mundos. Los dioses Muiscas más importantes eran el dios del sol Sué y la diosa de la luna Chía. Otro dios era Chibchacum, patrón de los metalúrgicos y comerciantes. El tipo más común de ofrenda a los dioses eran los alimentos junto al típico tunjo de serpientes y figuras planas masculinas, femeninas y animales realizadas en aleación de oro que eran colocadas en los sitios sagrados. Los miembros de la élite de la sociedad también podían ser enterrados en sitios de importancia religiosa, primero siendo secados y luego envueltos en muchas capas de textiles finos. Finalmente eran ubicados en una tumba, sentados en su asiento de oficio, un pequeño taburete o tiana, y rodeados de los preciosos bienes que disfrutaron en vida.


El Dorado


Los Muiscas son famosos hoy en día por la leyenda de "El Dorado". Una ceremonia Muisca realizada en la laguna Guatavita, en realidad una de muchos tipos, involucra un gobernante siendo cubierto en polvo de oro que luego era llevado al centro de la laguna, donde saltaba a las aguas en un acto de limpieza y renovación ritual. Los súbditos Muiscas también lanzaban objetos preciosos al lago durante la ceremonia, no sólo oro sino también esmeraldas.


Los españoles, al escuchar esta historia, dejaron que su imaginación y su ansia de oro diera un salto más allá de los límites de la realidad y rápidamente una leyenda surgió sobre una magnífica ciudad construida con otro. Naturalmente, como nunca existió en primer lugar, la ciudad nunca fue encontrada e incluso la laguna se ha negado obstinadamente a revelar sus secretos a pesar de varios costosos intentos a lo largo de los siglos.


Arte Muisca


Las figuras en el arte Muisca eran frecuentemente transformativas, por ejemplo, un hombre con los elementos de una ave puede representar las visiones alucinatorias de los chamanes inducidas por el consumo de hojas de coca o yopo (semillas trituradas). Animales como los murciélagos, felinos, serpientes, caimanes y anfibios eran temas populares. Los Muiscas no restringieron su producción artística al oro, sino que también crearon finos textiles que eran de lana o algodón, y este último también podía ser pintado.


Los diseños típicos Muisca incluyen espirales y otras formas geométricas entrelazadas. También producían cerámica (incluyendo figuras de arcilla) y piedras semipreciosas talladas. Las mujeres Muiscas no eran sólo hábiles tejedoras de tela, sino que eran igualmente hábiles en el tejido de cestas y el trabajo de plumas. La mayoría de ejemplos han sido descubiertos en tumbas y, por lo tanto, han escapado de la avaricia de los invasores europeos del siglo XVI y a los ladrones de tumbas posteriores.


Para los Muiscas, el oro era el material de elección, ya que era valorado por sus propiedades lustrosas y transformativas, y su asociación con el sol. No era usado como moneda, sino como un medio artístico. El oro era minado de vetas expuestas y bateado de los ríos de las montañas. El oro y su aleación tumbaga (una mezcla de oro y cobre con rastros de plata) para hacer tunjos como figuras y máscaras, recipientes de coca (poporos) con cazos de cal, y también exquisitas joyas, típicamente pectorales, aretes y adornos de nariz. Los orfebres Muiscas emplearon un amplio rango de técnicas en su trabajo como el moldeo a la cera perdida, el dorado por agotamiento que da un acabado de dos tonos, repujado, soldadura, granulación y filigrana. El oro también era convertido en láminas delgadas martillando sobre yunques o sobre moldes de piedra usando un martillo ovalado de piedra o metal.


Quizás una de las más finas piezas Muiscas y sólida evidencia de la ceremonia de El Dorado, es una balsa de aleación de oro en la que se colocan unas figuras, una de las cuales es más larga y, con un tocado, es indudablemente "El Dorado". Fue descubierta en una cueva cerca de Bogotá y era un tunjo. La pieza mide 10 x 20 cm, con la figura principal teniendo 10 cm de altura y ahora reside, junto a muchas de las mejores piezas musicales que se conservan, en el Museo del Oro del Banco de la República en Bogotá, Colombia.


Familia Lingüística Muisca


Los Muiscas habitaron entre los altiplanos y valles de la cordillera Oriental colombiana, se ubicaron entre el macizo de Sumapaz y el nevado del Cocuy, a lo largo de los ríos Bogotá, Suárez y Chicamocha. La zona más poblada fue la sabana cundiboyacense, entre ellas, Bogotá, Nemocón, Ubaté, Chiquinquirá, Tunja y Sogamoso. Las condiciones de terrenos propios para la agricultura y el clima sano los hizo llevar una vida sedentaria. Fue el grupo de lengua chibcha más importante de los Andes colombianos, que ocupó la zona aproximadamente 1000 d. de C.


Características Físicas


El tipo del indio chibcha aún se conserva y puede describirse así: talla mediana y robusta, pelo negro y lacio; nariz ancha y corta, ojos pequeños, boca y dientes grandes, pómulos salientes. Eran inteligentes, valerosos y sufridos.


Aspecto Económico


Los indios muiscas fueron muy laboriosos. Sus principales actividades eran: la agricultura, la minería, la pesca, la caza, la industria textil, la cerámica, la orfebrería y el comercio.


La Agricultura


Los Muiscas fueron básicamente agricultores y tuvieron grandes conocimientos sobre los ciclos de la lluvia, los cambios de la luna y el cuidado de los cultivos. Cultivaron en tierras planas utilizando en algunos casos hileras de montículos; también usaron terrazas y se valieron de la irrigación natural con apoyo de los ríos y las lagunas cercanas a sus poblados; entre las más importantes están Guatavita, Siecha, Tota, Fúquene e Iguaque.


Su principal trabajo fue el cultivo de las plantas empleadas en la alimentación, como el maíz, con el cual preparan arepas, bollos y bebidas embriagantes como la chicha; la papa que fue el cultivo fundamental; también sembraron la arracacha, quinua, los cubios, hibias, chuguas, fríjoles y auyamas; el ají lo usaban como condimento. Cultivaban frutas como guayaba, tomate, uchuvas y curubas.


La minería


Los Muiscas se distinguieron entre las demás tribus por su gran habilidad para explotar las minas de sal, carbón y esmeraldas. Extraían la sal de Zipaquirá, Nemocón, Sesquilé y Upía. La procesaban haciendo evaporar el agua salada en grandes vasijas, de barro cocido que luego rompían para obtener pesados bloques. Obtuvieron las esmeraldas en las minas de Muzo y Somondoco. El carbón lo utilizaban como combustible en la preparación de la sal y otros oficios.


La Pesca Y La Caza


Pescaban en las lagunas; cazaban venados, armadillos y dantas; domesticaron los conejos y los pavos.


La Industria Fabril


También fue muy desarrollada. Tejían mantas que usaban como vestido. Estas eran muy finas y de variados colores.


Orfebrería Y Cerámica


Para los orfebres Muiscas, el arte tenía un doble significado: expresión estética y simbolismo religioso. Entre la orfebrería musical sobresalen los tunjos, piezas con unas características definidas: pequeñas figuras humanas de una pieza, construidas en lámina delgada, en forma de placa triangular. Son estilizaciones hechas en la técnica de la cera perdida. En los cementerios y santuarios indígenas se han encontrado muestras de estas industrias, como patenas, instrumentos musicales, vasijas y como cosa sobresaliente los tunjos o ídolos de oro.


Comercio


Sobresalieron por su habilidad como mercaderes; practicaron el intercambio mercantil entre sus tierras frías y las de los llanos. Esto lo hacían a través de caravanas por sus caminos empedrados algunos y puentes colgantes, o en medio de trochas que les permitían llegar ante sus interlocutores comerciales. Se concentraban para sus mercados en Funza, Tocancipá y Turmequé. Uno de los principales productos que los Muiscas intercambiaron a través del sistema de trueque fue la sal, a cambio de la cual recibían oro, que luego trabajaban a su manera para volverlo a intercambiar. 


Lo mismo pasaba con las esmeraldas, amatistas y topacios, piedras preciosas que cambiaban por sal y después regresaban a sus antiguos dueños, pero esta vez pulidas y talladas, y por lo tanto, con mayor valor agregado. Caso similar sucedía con el algodón, producto del que carecían. Lo obtenían mediante el intercambio mercantil y con él elaboraban ruanas o ponchos, que tejían y decoraban con estilo y colorido particular. De esta manera lograron desarrollar una industria textil de gran aceptación, incluso en nuestros días.


La versatilidad comercial de los Muiscas se complementa con el desarrollo que lograron en los medios contables crediticios, ya que supieron diferenciar el producto y su equivalente luego de agregarle más trabajo. De la misma manera llegaron a establecer tasas de interés sobre créditos comerciales, lo que quedó sustentado en una legislación de acuerdos comerciales entre las partes, que debía respetarse, so pena de recibir sanción de tipo social o económico, mediante la confiscación de sus bienes. También usaban como monedas discos de oro.


Organización Social


La base de la organización chibcha fue la familia. Los matrimonios se efectuaban generalmente entre gente de la misma tribu; los jefes tenían el privilegio de poseer varias esposas. La sociedad se dividía en varias clases: Nobles o usaques, sacerdotes o jeques, quechuas o guerreros, comerciantes y el pueblo, que comprendía agricultores, mineros y artesanos. Los Sacerdotes o Jeques eran a la vez médicos y brujos; para llegar a esta posición el indio tenía que estudiar durante muchos años.


Vestido


El vestido consistía en una especie de túnica y una manta atada por las puntas en el hombro, fabricadas con telas gruesas de algodón, adornadas con rayas de colores. Los personajes principales vestían mantos más finos de distintos colores, las telas eran estampadas con tintas de origen vegetal y mineral, utilizaban rodillos y sellos hechos en cerámica. No utilizaban calzado. Se pintaban el cuerpo con achiote, además utilizaban en la cabeza plumas vistosas de aves; también usaron brazaletes, collares, narigueras y pectorales bellamente fabricados en oro.


Las Ciencias


Las ciencias estaban representadas por la astronomía, la meteorología y la confección de un calendario que servía de base para la agricultura, ya que los cultivos dependían directamente del comportamiento del sol (Zoé) y de la Luna (Chía). Dividían el año solar en cuatro épocas, delimitadas por los períodos de invierno y verano, que a su vez se subdividen de acuerdo a los cambios lunares. Utilizaron el sistema basado en los dedos de las manos y de los pies para contar; al llegar al veinte, comenzaban otra veintena; el palmo y el pie fueron sus medidas de longitud.


Religión

Los sacerdotes Muiscas eran los jeques y éstos, para desempeñar su oficio, se incluían por algún tiempo en una especie de “seminario”. Practicaban el ayuno y dedicaban toda su vida a la religión. Los Muiscas, al contrario de otros grupos precolombinos, representaron en diferentes animales a sus principales divinidades y situaron al hombre como centro de la naturaleza. El hombre representó la fuerza, el poder, la sabiduría y la prudencia; la mujer, la vida, la fertilidad y la organización. Eran cultivadores y consumidores de coca, tabaco y yopo. Dicho consumo tenía connotaciones religiosas. Los indios eran idólatras. Adoraban al Sol a quien llamaban Sue y a la Luna, Chía. Rendían también culto al agua, al arco iris. Su dios principal fue Chimichagua, quien era el origen de todo y fue quien creó la luz, pues el mundo antes era oscuro. Chibchacum era el dios protector y si se le ofendía, se vengaba.


Celebraban sus fiestas con mucha solemnidad. Las procesiones eran muy concurridas. Los adoratorios más célebres fueron las lagunas de Guatavita, Siecha, Ubaque y Fúquene. En Sogamoso se encontraba el templo del Sol, el principal de los indios chibchas. Los indios por lo general rendían culto a los muertos y como creían en la inmortalidad del alma los enterraban con alimentos, joyas, vestidos, etc. La muerte era concebida como el comienzo de un viaje que los conduciría a un mundo parecido al de ellos y en donde la vida sería fácil y difícil, de acuerdo con el comportamiento que hubieran tenido en esta vida.


Ritos


Celebraban los ritos religiosos principalmente en las lagunas. Allí concurría periódicamente en peregrinación a llevar sus ofrendas al Sol y a la Luna; poseían también adoratorios como los cojines del diablo en Tunja. El centro ceremonial del zipa estaba ubicado en la localidad de Chía (actual municipio de Cundinamarca), donde había un templo dedicado a la diosa Luna. La adoración al Sol se llevada a cabo en el centro ceremonial del zaque en la población de Sogamoso (actual municipio de Boyacá), y en la laguna de Guatavita tenía lugar el famoso baño en oro del zaque de este Estado muisca, el cual dio paso a la famosa leyenda de El Dorado. 


En la laguna de Guatavita, el cacique de la región, para rendir culto a los dioses se cubría el cuerpo con oro en polvo y se bañaba en ella; los indios completaron la ceremonia, arrojando a sus aguas esmeraldas y figuras de oro. La religión tenía también prácticas muy crueles; al Sol le ofrecían como sacrificio niños y mancebos que alimentaban con esmero. En Gachetá cada semana se sacrificaba un muchacho sobre una piedra como ofrenda a los ídolos. En la laguna de Siecha se encontró un objeto de oro en forma de balsa con diez figuras humanas. Esta imagen dio a conocer la ceremonia religiosa. Los ritos que ellos celebraban originaron la leyenda de El Dorado, que tanto atrajo a los conquistadores.


Personajes Y Leyendas


Los chibchas tenían leyendas para explicar los grandes acontecimientos y fenómenos. En relación con la leyenda del origen del hombre decían que de la laguna de Iguaque en Boyacá, salió una mujer llamada Bachué con un niño de tres años. Cuando este fue mayor, Bachué lo recibió por esposo y del matrimonio nacieron los primeros hombres. Ya ancianos, regresaron a la laguna convertidos en dos grandes serpientes; posteriormente se convirtió en protectora de la agricultura. 


Chía produjo una inundación en la sabana de Bogotá y cuando los hombres estaban a punto de ahogarse, apareció Bochica, quien los salvó dándole salida a las aguas al formar el Salto del Tequendama, convirtiéndose en patrono de los Muiscas. Lo representaban en el Arcoiris, símbolo de las relaciones entre el sol, padre de la luz y el agua, padre de los hombres y principio de la vida. Según las tradiciones chibchas Bochica fue un personaje que influyó en sus vidas porque dio sabias enseñanzas e ilustró a los indios sobre la inmortalidad del alma y sobre los premios y castigos en una vida futura.


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