Diálogos En Patrimonio Cultural Los Muiscas Y Su Incorporación A La Monarquía Castellana Del Siglo XVI Nuevas Lecturas Desde La Nueva Historia De La Conquista PresentaciónPedro María Argüello García Johnny Meca Ospina El patrimonio está de moda. Al menos una veintena de eventos académicos a nivel nacional se han realizado en 2015, y son incontables los encuentros a nivel regional y local que en su título contiene la palabra patrimonio. Un creciente número de personas integran grupos más o menos institucionalizados encargados de conocer, proteger y divulgar su patrimonio local. El conjunto de objetos, prácticas y saberes que se denominan patrimonio aumenta de forma exponencial. Ya nadie circunscribe el patrimonio a esas antiguas construcciones que merecían mantenerse en pie, pero tampoco nadie se atreve a delinear hasta donde va lo que se denomina patrimonio. Algunas voces incluso postulan que cualquier cosa es “patrimonializable”. En un momento donde las humanidades y las ciencias sociales sufren por la escasez de recursos para investigación y de los embates neoliberales que las juzgan por improductivas y poco útiles, los recursos para patrimonio abundan y se desperdician. Empresas dedicadas a transitar de pueblo en pueblo vendiendo a los Alcaldes la posibilidad de acceder a recursos IVA de telefonía móvil para inventarios de bienes patrimoniales pululan. Los noticieros y agencias de noticias dan una pausa al presentismo y amarillismo para mostrar objetos y creencias que “nos hacen colombianos”. Y agencias de turismo incluyen elementos patrimoniales dentro del valor agregado de sus “paquetes”, mientras ruegan que se firme la paz para inundar al país de turistas extranjeros ávidos de exotismo. Pero lo mencionado anteriormente representa solamente la superficie del fenómeno. Tras bambalinas, sin tanta visibilidad mediática, se tejen una serie de entramados y disputas patrimoniales un campo de batalla. Hay procesos legales que pretenden detener obras de infraestructura que podrían alterar la integridad de sitios patrimoniales, comunidades que se ven amenazadas por el avance del capitalismo y buscan con la patrimonialización de sus prácticas que ellas sean reconocidas y respetadas, grupos que se asumen como herederos de tradiciones que se suponía desaparecidas y que reclaman espacios de diálogo y territorio, agentes del estado que tratan de “cuidar” mientras sus contrapartes de otro ministerio o'agencia piensan en “destruir”, empresas privadas que muestran una cara amable en los medios de comunicación en tanto contratan empresas dedicadas a negociar con las comunidades al mejor estilo de los mercenarios, grupos armados (legales e ilegales) decidiendola vida y muerte… también del patrimonio. Y en medio de todo esto está la academia. En ocasiones como un juez que trata de decidir lo que es correcto, en otras como un actor incómodo que busca poner el dedo en la llaga; en ciertos contextos tratando de entablar diálogos con las comunidades, en otros diciéndoles lo que son y lo que deben ser; a veces imagi en un mundo como debería ser, en otras tratando de entenderlo que pasa. Es dentro de éste contexto que fue creada hace apenas unos años la Maestría en Patrimonio Cultural, en la sede Tunja de la Universidad Pedagógica y Tecnológica de Colombia. En parte,con el objetivo de entender las dinámicas propias que el patri monio ha tenido y tiene en la actualidad. Y por otra parte, con la intención de hacer propuestas a las diferentes problemáticas en torno a éste tema. Una de las preocupaciones de la Maestría es cómo contribuir a los debates en torno al patrimonio cultural.Y una de nuestras respuestas es el texto que el lector tiene en sus manos. Básicamente, la idea con la colección que aquí se inaugura es brindar un espacio para debatir, para dialogar. Invitara a un grupo de académicos a pensar sobre un tópico, a propósito de las ideas de otro. El texto de Jorge Gamboa es justamente un excelente ejemplo de lo que se pretende con esta colección. Como es sabido por aquellos que han seguido su producción textual, Gamboa ha venido planteando una relectura de las crónicas de la conquista y de los documentos de archivo, y produciendo una nueva “imagen” de las sociedades muiscas que habitaron el Altiplano Cundiboyacense(si es que aún se puede hablar de sociedades muiscas en términos tan homogenizadores). En diferentes contextos hemos podido conversar con otros investigadores del tema en relación con las nuevas propuestas de Gamboa. Algunos parecen sentirse optimis otros, otros francamente contrariados. Lo que lamentablemente ocurre es que no todos están dispuestos a convertir su reflexión en un texto para animar el debate. Afortunadamente, un grupo de ellos aceptó nuestra invitación y decidió tomarse un tiempo para leer a Gamboa y escribir lo que pensaba. Más allá de nuestro agradecimiento, que refrendamos aquí públicamente, nos hace felices constatar que, como nosotros, existen investigadores inte concentrados en confrontar más allá de los pasillos. Finalmente una nueva invitación. La serie Diálogos en Patrimonio está abierta para acoger propuestas de otros investigadores que quieran hacer ejercicios como el aquí planteado. Los Muiscas Y Su Incorporación A La Monarquía Castellana En El Siglo Xvi: Nuevas Lecturas Desde La Nueva Historia De La ConquistaJorge Augusto Gamboa M. Instituto Colombiano de Antropología e Historia - ICANH jgamboa@icanh.gov.co Quiero empezar manifestando mi alegría por estar acá compartiendo con ustedes algunas ideas, especialmente en este sitio tan importante. Me refiero precisamente al lugar donde estamos,que probablemente era el sitio donde se ubica un asentamiento muy importante en épocas prehispánicas y posteriormente fue construida la universidad. Entonces es doblemente grato para mí estar aquí compartiendo con ustedes mis reflexiones sobre unos trabajos que he estado realizando en los últimos años acerca de estos grupos indígenas en el momento de la Conquista y en los años posteriores. Es un estudio que todavía me encuentro en proceso de elaboración, y en el cual llevo ya mucho tiempo, tal vez cerca de 10 años, revisando documentos tanto en los archivos colombianos, incluyendo el de Tunja, como en los archivos españoles, para recoger información acerca de la conquista del altiplano cundiboyacense, ya que es un proceso bastante desconocido, a pesar de que muchos piensan que es un tema agotado. Cuando empecé a hacer esta investigación comencé a darme cuenta que muchas cosas que nosotros sabíamos o creíamos saber sobre este periodo y sobre este grupo indígena, simplemente estaban equivocadas. Simplemente eran falsas. Descubrí que todo esto había sido fruto de una serie de procesos que tienen que ver con la formación de la nación, con la formación de la identidad, lo que había causado que las leyendas, malos entendidos, malas interpretaciones y errores de los historiadores se perpetúen hasta el día de hoy. Entonces emprendí una especie de labor de desmitificación y reconstrucción de todo este relato que nos habían enseñado tanto en las escuelas como en los libros especializados sobre este periodo y sobre estos grupos en particular. Y todavía estoy en ese proceso,ya que es una labor larga y ardua de la cual creo tener algunas ideas más o menos elaboradas pero que por supuesto todavía están en construcción, y no sé si algún día acabaré. Precisamente durante estos días estoy aquí en Tunja consultando el maravilloso archivo que tienen ustedes y que es muy poco consultado y menos conocido por la gente local, pero que se conoce más afuera. Conozco Investigadores de Estados Unidos o España que conocen mejor el archivo de Tunja que la gente de acá. Es un poco triste pero al mismo tiempo los invito a que aprovechen los enormes recursos que ustedes tienen para la investigación sobre todo en épocas tan tempranas y tan desconocidas como son los siglos XVI y XVII que es donde me estoy concentrando ahora. Lo que quiero compartir hoy con ustedes es una reflexión acerca de estos grupos llamados muiscas en el momento de la Conquista y cómo fue el proceso de su incorporación a la monarquía castellana. Precisamente estoy tratando de evitar palabras como “conquista”, aunque ya la he usado varias veces pero voy a intentar evitarla en adelante, y expresiones como “sistema colonial” que han sido puestas en duda o por lo menos han sido reinterpretadas o elaboradas por las nuevas tendencias y corrientes que han surgido en los estudios sobre la materia. Entonces voy a estructurar esta charla en tres momentos. Primero voy a hablar acerca de una pregunta que me ha venido surgiendo a lo largo de la investigación y es la siguiente: ¿existieron los muiscas?Así de sencillo. Ya verán ustedes todo el veneno que eso contiene.Voy a tratar de mirar si existió o no una cultura llamada música, o'si podemos seguir usando esta denominación que hoy en día sigo utilizando, aunque con algo de incomodidad. En una segunda parte voy a hablar un poco acerca de lo que ha sido el desarrollo reciente de las investigaciones sobre la Conquista, basándome especialmente en una corriente nueva llamada “Nueva Historia de la Conquis que ha tenido unos desarrollos importantes y que podrían ser fácilmente aplicables para este tema. Finalmente, en una tercera parte, me voy a concentrar en el caso específico de la conquista de los llamados muiscas y más concretamente trataré de hablar acerca de lo que sucedió en este lugar, o sea, en el cacicazgo de Tunja.Supongo que es la parte de mayor interés para ustedes. Entonces,para aterrizar en un caso concreto, voy a partir de las reflexiones sobre el caso de Tunja, que igualmente se puede aplicar a otros casos. Por supuesto, sobre este episodio en particular tenemos tanta información, que en España encontramos expedientes muy largos y complicados, a partir de los cuales se puede reconstruir todo lo que sucedió y que es bastante desconocido, diría yo. Ya veremos qué es lo que les quiero contar. Entre otras cosas, para adelantarles algunas de las “primicias”, les puedo decir que aquí nunca existió un personaje llamado el “zaque”. Esto genera a veces mucha controversia y la gente abre los ojos porque efectivamente tiene que ver con la identidad que nos hemos forjado en estas regiones, basada en todos esos mitos que montaron los cronistas, pero que ya veremos que también son fruto de un proceso muy interesante, que trataré de que quede más o menos claro. Empiezo entonces con el primer interrogante, acerca de si existió o no una cultura musical. A medida que uno avanza en las investigaciones, empieza a darse cuenta de que los grupos indígenas que habitaban esta región del altiplano cundiboyacense y que han sido llamados de esa manera, realmente eran bastante heterogéneos y que se nos ha vendido una idea de homogeneidad. Pero no tanto por culpa de los conquistadores. De hecho, los escritos de los pri meros conquistadores como Gonzalo Jiménez de Quesada y sus hombres son muy claros al explicarnos que en todo el altiplano cundiboyacense existían una serie de grupos diferentes, autónomos,con lenguas y costumbres bastante heterogéneas. Ellos hicieron énfasis en que no había una unidad política en esta región. Esos fueron los primeros informes que se elaboraron sobre la marcha, en el momento mismo en que estaban dándose los hechos. Pero es interesante ver que en los años posteriores se reelabora ron todos estos relatos, creando la falsa idea de una homogeneidad cultural, basada en las costumbres de la zona de Bogotá y sus alrededores, es decir, de lo que hoy en día es Funza y todos los pueblos que están cerca, como Bosa, Soacha, Cajicá o Chía. Es probable que toda esa zona tuviera una unidad cultural y política, pero el problema es que las costumbres y creencias de esta zona se extrapolan al resto del altiplano cundiboyacense. Por ejemplo, lo que conocemos acerca de la mitología y las creencias es específicamente de esa zona, pero desconocemos lo que pasaba en otras regiones. Y por supuesto también se concentraron en la zona de Tunja, usando el mismo método de extrapolar sus costumbres y creencias, junto con la organización política. Así se fue creando la idea de que en el altiplano cundiboyacense existieron dos grandes entidades políticas,cosa que los primeros conquistadores no detectaron. Ellos siempre hicieron énfasis en que había un cacique o “señor” en cada uno de los múltiples valles que vieron, y que toda la zona estaba dividida en una gran cantidad de entidades políticas. En la generación posterior de cronistas se creó la idea de que existían solamente dos grandes cacicazgos, el de Tunja y el de Bogotá, y que toda la zona se dividía entre esas dos grandes entidades políticas. Al principio las trataban como cacicazgos o jefaturas, pero con el paso de los años, me refiero ya al siglo XVII, se fueron convirtiendo en “reinos”. Es muy interesante ver que de un cronista a otro la historia va cambiando y la imagen acerca de estos grupos se va transformando, partiendo desde los que podemos considerar como los cronistas más tempranos, que fueron dos hombres que acompañaban a Gonzalo Jiménez de Quezada: Juan de San Martín Y Antonio de Lebrija. Ellos escribieron lo que es tal vez el primer texto descriptivo sobre los muiscas. Lo hicieron probablemente en Santa Marta en 1539, apenas volvieron de la expedición que había partido desde allí tres años antes. Un poco después, fueron escritos los textos de Gonzalo Jiménez de Quesada que le sirvieron como fuentes Gonzalo Fernández de Oviedo y que hoy en día se encuentran perdidos. Es lo que se conoce como “El Gran Cuaderno” o “Los Tres Ratos de Suesca”, que todavía presentan una imagen de estos grupos como cacicazgos autónomos y heterogéneos. Lo que quiero decir es que uno puede trazar una línea a partir de los cronistas, que muestra cómo va cambiando la imagen de los muiscas, a partir de varios cacicazgos autónomos, como los que observaron los primeros testigos, hasta convertirse en dos grandes“reinos” casi al estilo europeo gobernados por dos grandes “reyes”,llamados el zipa y el zaque, con unas cortes, con ejércitos, con toda una organización política y una parafernalia que obviamente nunca existió. Además, se puede rastrear fácilmente cómo se fue formando esta idea. De hecho no fue solo un autor, sino que podemos decir que todo arrancó con la obra de fray Antonio de Medrano y fray Pedro de Aguado, a finales del siglo XVI, que después retomó fray Pedro Simón a comienzos del XVII. Un texto muy importante para la creación de la imagen de los muiscas fue el de las Elegías de varones ilustres de Indias del padre Juan de Castellanos, que es un libro maravilloso desde todos los puntos de vista y seguramente ustedes la conocerán mejor que yo, porque es una de las grandes obras de la literatura castellana y universal (Rivas, 1997). Es un largo poema de casi trescientos mil versos. Una crónica versificada de estilo épico en la cual se narra toda la conquista del Nuevo Reino de Granada y otros territorios.El autor introduce bastante fantasía en su narración y empieza a generar una idea de que la organización política de los muiscas era parecida a la de los feudos españoles. Pero no lo hace de un modo exagerado. De todos modos hay que reconocerle a Castellanos que era bastante fiel en muchas cosas. Se ha podido comprobar que muchas de sus observaciones son acertadas al contrastarlas con otras fuentes. En todo caso, este cronista construye la idea de que era una especie de sistema feudal, y esta idea se fue desarrollando poco a poco y tuvo mucho éxito entre la opinión pública y los lectores del siglo XVII, o sea, los criollos neogranadinos. Por aquel entonces existía una necesidad de generar un amor por la patria, por el lugar de nacimiento. Esto es lo que se ha denominado el “patriotismocriollo”, que se desarrolla en el siglo XVII por toda la América Española (Brading, 1998). Es una corriente de pensamiento en la cual los escritores, pensadores, historiadores, cronistas e intelectuales de cada uno de los reinos de América empiezan a elaborar relatos acerca del pasado de sus lugares de origen, de su pasado indígena,para tratar de exaltar a sus antepasados. Lo hacían porque se consideraban descendientes y herederos de dos grandes continentes y de dos grandes culturas: la europea y la americana. Pero, obviamente,ellos se concebían como los descendientes de los grandes imperios que habían estado a uno y otro lado del atlántico, y empezaron a desarrollar investigaciones sobre el pasado prehispánico, sobre todo en los casos de México y Perú, que son los más conocidos, donde efectivamente había existido dos grandes imperios. Hoy en día se ha cuestionado incluso que se pueda hablar de “imperios” para el caso del Tawantinsuyu o de la Triple Alianza, pero lo cierto es que fueron ellos quienes generaron esa idea. Los cronistas neogranadinos, para volver al caso nuestro, se sentían un poco inferiores. Tenían un cierto sentimiento de que aquí nosotros teníamos que crear también un gran relato, y a alguno se le ocurrió decir que los muiscas eran la tercera cultura o el tercer“imperio” de América. Me estoy refiriendo a Lucas Fernández dePiedrahita en 1688, y es a él a quien se le debe una crónica muy bien escrita que hizo famosa esta idea. Piedrahita tuvo la oportunidad de consultar a todos los cronistas anteriores, junto con muchos documentos, y organizó un relato de manera cronológica,porque decía que las historias que se habían escrito anteriormente no tenían un orden cronológico y no eran del gusto de los lectores contemporáneos. Decía que los lectores barrocos de su época gustaban de una literatura muy caballeresca, épica, basada en grandes dramas y otras cosas. Lo que él quería demostrar era que en tierras del Nuevo Reino de Granada, había existido un imperio que estaba a la misma altura de los incas o los mexicas, que no tenían nada que envidiarles, y desarrolla la idea del tercer imperio. Es a él personalmente, a quien debemos toda la imagen contemporánea que tenemos acerca de los muiscas. Piedrahita, no se sabe de dónde, inventó una serie de nombres de personajes y “reyes” muiscas. Por ejemplo, para el caso de Tunja, elaboró una serie de genealogías, que se remontan muchos siglos antes de la conquista, con fechas exactas que no se sabe de dónde las sacó. De este modo dice, por citar un caso, que el cacique fulano de tal gobernó entre el año tal y el año tal, y estamos hablando de doscientos o trescientos años antes de la llegada de los conquis Los historiadores españoles, lo cual hace que sea imposible que se pueda tener tanta precisión y se nota a todas luces que son nombres y fechas inventados. Sin embargo, su relato está tan bien elaborado y ha sido tan popular que se cuenta, incluso, en las escuelas hoy en día. Este relato llega hasta el último cacique de Tunja, al que llamó“Quemuenchatocha” y procede a contar la vida, obra y milagros de todos y cada uno de ellos. Este era el tipo de historia que se hacía en la época. Se contaban los hechos notables del reinado de cada uno, hasta la llegada de los conquistadores españoles. Resulta claro entonces que fue Piedrahita quien creó la idea de los dos reinos al estilo europeo, con sus cortes y una especie de nobleza indígena. Además, contó que los dos reinos estaban en un proceso de enfrentamiento mutuo. Incluso narró batallas concretas que supuestamente sucedieron antes de la llegada de los conquistadores. El texto ha sido también muy popular porque fue ilustrado y la imagen es muy poderosa. El autor mandó a imprimir su obra en un taller de Holanda, donde también hicieron unos grabados para representar a algunos de los personajes principales.Sin embargo, lo que hizo el grabador fue tomar las imágenes de otra crónica, la de Antonio de Herrera y Tordesillas, en la cual se representaron a los doce incas que gobernaron el Tahuantinsuyo y las adaptó, casi sin hacerles ningún cambio. Es muy curioso que los “reyes” muiscas resultan casi idénticos a los reyes incas. Son las mismas figuras. Solo cambian pequeños detalles y uno a veces encuentra en los libros de historia colombianos imágenes que pretenden ser el zipa fulano de tal, o el zaque fulano de tal, que son muy conocidas, pero que realmente son representaciones de los doce incas que gobernaron el Perú. Además, estas representaciones también son imaginarias. Las inventó un artista europeo hacia 1601, que es el año en que salió publicada la crónica de Herrera y Tordesillas, conocida popularmente como “Las décadas de Indias”.Si ustedes observan “Las décadas” podrán ver fácilmente que son las mismas imágenes que aparecen en las crónicas de Piedrahita,y eso es lo que ha quedado en el imaginario colectivo. El asunto es que la idea de que existió una cultura que alcanzó ese nivel de desarrollo fue muy importante para la fundamentación del patriotismo criollo a partir del siglo XVII y eso también tuvo influencia en los procesos previos a la Independencia. Recordemos que a finales del siglo XVIII hubo un interés por parte de los ilustrados criollos por investigar el pasado. Por ejemplo, Manueldel Socorro Rodríguez, que fue el precursor del periodismo en Colombia, que era de origen cubano, encontró algunos manuscritos de la lengua muisca de Bogotá y con base en ellos, sin tener la menor idea, elaboró un epitafio dedicado al cacique de Sogamoso y lo bautizó como Sugamuxi. Cuando uno mira los documentos de la época de la Conquista, descubre que evidente Realmente así no se llamaba ese cacique. Rodríguez tomó la idea de Piedrahita diciendo que ese señor se llamaba Sugamuxi y elaboró incluso un epitafio en una supuesta lengua muisca o “chibcha”.Resulta curioso que mucha gente después de esto, creyó que era el verdadero epitafio escrito en la tumba del cacique de Sogamoso. Lo cierto es que los ilustrados de finales del siglo XVIII, en su afán por fomentar el “amor a la patria”, ayudaron a complementar esta imagen hasta que se cristalizó en el siglo XIX. Después de la Independencia vemos cómo los muiscas empiezan a ser con Considerados como el fundamento de la nacionalidad colombiana,así como lo eran los incas en el Perú o los “aztecas” en México.Incluso sucedieron cosas muy divertidas. Por ejemplo, el caso dela república independiente que se formó a partir de la Provincia De Santafé hacia 1812, en el periodo en que llamamos “Patria Boba” o más correctamente, la etapa de las primeras repúblicas,como la denomina Daniel Gutiérrez (2010), cuando las provin Las iglesias que formaban el Virreinato de la Nueva Granada declararon su independencia de la monarquía española. Los miembros de la élite criolla que estaban liderando ese proceso, quisieron rendir un homenaje a los antiguos habitantes de la región, fundar una república y ponerle un nombre indígena, pero no sabían nada acerca del tema. Entonces Jorge Tadeo Lozano, se inventó un nombre para la nueva república que se estaba organizando y le puso “Cundinamarca”. Pero Cundinamarca era una palabra de la lengua quechua, que no tiene nada que ver con los indígenas locales, ni con esta región, ni con su lengua. Aun así, a Lozano le pareció bonito porque había leído la crónica de Juan Rodríguez Freyle, titulada El carnero, en la que se dice que los indígenas del Perú llamaban Cundinamarca, la tierra del cóndor, a todas las tierras que quedaban al norte de su territorio. Pero esa era una palabra que usaban en el Perú para referirse a todo lo que quedaba hacia el norte de lo que hoy en día es Ecuador y, por supuesto, no era el nombre que los habitantes locales le daban a estas tierras. A lo que voy es a señalar que siempre se ha utilizado a los indígenas como fundamento de la identidad,pero siempre se ha hecho mal. Para los criollos el caso era hacerles un homenaje a los indígenas. Por eso lo que les importaba era que Cundinamarca sonaba a algo indígena y entonces decidieron ponerle así. De modo que para ellos esta era la nueva República de Cundinamarca y uno de los principales hombres ilustres de Cundinamarca había sido el cacique Sugamuxi. Esto es más omenos el proceso que todos hemos conocido y mediante el cualfinalmente se cristalizó la idea de una cultura llamada muisca yde todo un imaginario nacionalista asociado a ella. Cuando uno compara la información documental de la época con los documentos que se hallan en España y en los archivos colombianos, empieza a darse cuenta de que existía realmente una gran heterogeneidad en cuanto a la organización política, la lingüística, las costumbres, las creencias, etc., que me han llevado últimamente a replantear incluso la denominación “música”. Es Decir, los indígenas de esta zona tampoco usaban esa denomina para referirse a sí mismos. Otra cosa es que en la lengua que hablaban en la Sabana de Bogotá y sus alrededores, esa palabra o más bien la palabra “/mwiska/”, significaba ser humano. Pero ellos mismos no se denominaban así. No era usada como un etnónimo para establecer una identidad cultural o una diferencia frente a otros grupos con costumbres distintas. Los cronistas, los conquistadores y los primeros informes son muy claros al decir que cada grupo local tenía su propio nombre, y había nombres diferentes para cada valle o cuenca hidrográfica. Además cada entidad política recibía una denominación diferente. Es muy claro en la documentación de archivo que ellos tenían denominaciones como los guatavitas, los sogamosos, los chías, los buques, etc.; es decir, cada pueblo o comunidad tenía su propio nombre y así fueron conocidos. No había una denominación general que los cobijara a todos. Además, es muy importante señalar que los que empezaron a usar la denominación muisca o mejor “mosca”, que era la palabra deformada que se usaba en la época, fueron los españoles. Es decir,sin exagerar demasiado, puedo afirmar que quienes denominaban los indígenas de esa manera y metieron dentro del mismo saco a grupos muy heterogéneos fueron los españoles. De manera que una conclusión que uno puede sacar rápidamente es que los muiscas son una creación de los españoles y de la dominación colonial. Antes de eso no existían los muiscas. Antes de la llegada de los europeos no había ningún grupo llamado música, ni había una unidad política o cultural, ni tampoco la zona estaba dividida en dos reinos. Lo que realmente existía era una serie de cacicazgos autónomos, por lo menos unos diez dentro de los cuales los de Tunja y Bogotá probablemente eran los más poderosos. Pero no eran los únicos, ni habían logrado la hegemonía regional. Al norte al sur del territorio existían muchos cacicazgos independientes,con diferentes lenguas, que también es un hecho muy interesante que hoy en día han demostrado los lingüistas que están haciendo trabajos sobre el tema. Lo que sabemos actualmente acerca de la lengua muisca o'chibcha está basado únicamente en una zona cercana al pueblo de indios de Bogotá. Pero si nos salimos de esa pequeña región que corresponde al actual municipio de Funza y sus alrededores,la lengua cambia, incluso se vuelve ininteligible. Un indígena de Tunja no entendía a uno de Bogotá, y uno de Tunja no entendía a los de Sogamoso. Incluso en lugares tan cercanos como Duitama y Sogamoso también se daban variantes dialectales, que para tener una idea aproximada, podrían tener tanta diferencia como la que hay entre la lengua española y el italiano, o la lengua española y el francés. Lo que sucede es que un hablante externo no está en capacidad de detectar estas diferencias. Es decir, por ejemplo a nosotros, como hablantes del castellano, nos parece que un francés habla muy distinto que nosotros y no lo entendemos. Pero para un hablante de una lengua que no sea europea, es posible que el francés y el español le parezcan muy similares, casi idénticos. Por lo tanto, a los españoles que escuchaban a los indígenas de este territorio, todas sus lenguas les parecían iguales. Las diferencias sólo empezaron a captarse a medida que se fueron familiarizando con ellas. Lo que sabemos de la lengua muisca es válido solo para Bogotá y sus alrededores porque la mayoría de los manuscritos que han sobrevivido son fruto de la labor evangelizadora adelantada por los jesuitas a comienzos del siglo XVII en la doctrina de Fontibón. También hay manuscritos elaborados por los dominicos a finales del siglo XVI e incluso un arte de la lengua muisca o'chibcha que hizo fray Bernardo de Lugo y se publicó en España En 1619. Estos trabajos contienen algunas pequeñas variantes y es probable que correspondan a pueblos como Bogotá o Bosa. Lo interesante es que, a pesar de que son lugares muy cercanos, se presentan variantes dialectales, así que no es descabellado asumir que las diferencias se acentúan en lugares más lejanos. Precisamente en estos días encontré un documento en los archivos de Tunja que hablaba de una india que sirvió de intérprete y decía que no entendía algunas cosas de la lengua que hablaban en un pueblo vecino. Es un fenómeno que hoy en día nos parece extraño, pero para los que han estudiado a los grupos indígenas de la época es lo más normal del mundo. Es decir, esa variedad de costumbres no es algo raro en América y lo podemos ver actualmente en las comunidades indígenas que sobreviven en regiones como la Amazonía, donde la diversidad de lenguas también es muy grande aún en áreas muy pequeñas, donde se encuentran lenguas tan distintas como el chino y el español,con unas estructuras gramaticales y una fonética muy diferente.Al mismo tiempo también encontramos gente que sabe hablar muchas de esas lenguas. La posibilidad de hablar varias lenguas era también muy frecuente en el siglo XVI y por eso los españoles no detectaban la diversidad. Lo que quiero enfatizar es que existía una gran diversidad y quien creó la idea de la homogeneidad fue precisamente el proceso de conquista española. Sin exagerar, creo que podemos insistir en que los Muiscas son una creación de los españoles y que antes de ellos no existían. Aclaro que no estoy diciendo que estos grupos no existieron, o que no hubiera gente en esta región, ni nada de eso. Lo que estoy diciendo es que la idea de una cultura musical es fruto de la colonización española y la hemos llevado hacia el pasado. Me perdonarán también los arqueólogos, pero también hay que corregir el uso que le dan a esta denominación. Hay muchas cosas que denominan muiscas equivocadamente porque es la costumbre y porque existe la idea de que todo lo que se encuentra en este territorio es música. Hago la salvedad de que yo mismo,actualmente, no he podido abandonar esta costumbre, aunque actualmente estoy tratando de usar la denominación “mosca” solamente como un referente geográfico y temporal, pero no cultural.Es decir, cuando hablo de “los muiscas” (y aquí me perdonarán porque por costumbre sigo usando la palabra), me refiero a los grupos que vivían en el altiplano cundiboyacense, básicamente lo que hoy son los departamentos de Cundinamarca, Boyacá y parte de Santander, o sea, en lo que antiguamente eran las provincias de Santafé y Tunja en el siglo XVI. Y lo digo de manera muy aproximada, porque hay muchas dudas en torno a si es posible o'no establecer una delimitación clara, como antes se había pretendido. Los límites político-administrativos no corresponden con los límites culturales de ninguna manera, aunque los españoles crearon esas dos entidades administrativas, las provincias de Santafé Y Tunja, basándose más o menos en cierta homogeneidad que alcanzaron a captar o a ciertos rasgos que les parecieron similares,pero que al principio incluyeron zonas, grupos, territorios, que culturalmente tampoco se asemejan. Reconozco que es una idea bastante provocadora, pero que tiene sentido si la miramos desde el punto de vista que les estoy explicando. Y finalmente, cómo les decía, la denominación “mosca” se encuentra en los documentos coloniales, y los mismos indígenas comenzaron a identificar se de esa manera, pero porque ya les habían puesto ese nombre.Ellos mismos adoptaron la costumbre de usar esta denominación para referirse a los que eran oriundos de las provincias de Tunja Y Santafé. Así fue como se popularizó y siguió reforzando la idea de que había una cultura musical. Todo esto ha sido cuestionado por las nuevas tendencias que están surgiendo en el ámbito de la historiografía latinoamericana.La Nueva Historia de la Conquista nos ha ayudado a comprender mejor muchas cosas, no solamente la diversidad interna de casi todos los grupos indígenas de las Américas. La idea obviamente no es mía, ni se me ocurrió de la nada. Resulta de ver la forma en que se están cuestionando estas identidades en ámbitos que nos parecen a nosotros muy homogéneos, como México y el Perú. Es decir, hoy en día hay investigadores que dudan en llamar “incas”a todo lo que nosotros llamamos así, incluso en términos lingüísticos. Es curioso que se esté presentando el mismo problema que en el caso que vengo discutiendo, porque las variantes de la llamada lengua quechua son tales que los que hablan esas lenguas se resisten a pensar que su lengua es igual a la de su pueblo vecino.Por lo tanto, hay variedades de quechua. Actualmente los lingüistas siguen hablando de quechua pero se refieren prácticamente a una familia lingüística. Ya no lo hacen en el sentido de una sola lengua por la gran variedad presente en todos los Andes centrales. Es en el mismo sentido que nosotros podemos decir que el español, el francés, el portugués o el italiano son derivados del latín. Incluso hasta el inglés, que nos parece tan extraño a nosotros, tiene una fuerte base de latín (Ostler, 2007). Entonces en estas regiones resulta cada día más difícil hablar de una homogeneidad cultural o'de una identidad única prehispánica. El caso de México es incluso más dramático, la diversidad era muchísimo más acentuada y los investigadores contemporáneos ante tal cantidad de denominaciones étnicas han optado por llamar genéricamente “nahuas” a los grupos que habitaban en el siglo XVI la parte central de la Nueva España,es decir, los mal llamados “aztecas”. Han optado por designarlos basándose en la familia lingüística a la que pertenece la mayoría de las lenguas que se hablan en ese territorio (Lockhart, 1999).Y aquí también lo curioso es que la llegada de los conquistadores originó la falsa sensación de homogeneidad. Entonces podemos decir que existieron unos incas, unos aztecas o unos muiscas, pero todos son fruto del proceso colonial. Es el nombre que recibieron los pueblos indígenas de cada una de esas regiones después de la Conquista española y su incorporación a la monarquía castellana.De manera de que si uno quiere “recuperar la identidad musical”,debe volverse un indio colonial. En ese sentido, los rasgos que nosotros le atribuimos a estos grupos no son los rasgos que ellos tenían antes de la Conquista sino después de ella. Por lo tanto es muy difícil encontrar una identidad pura hoy en día; si es que eso tiene algún sentido. Por todas estas razones, las nuevas tendencias de investigación nos han llevado a cuestionar muchos de los supuestos con los que trabajamos, y nos han mostrado que el proceso que llamamos conquista no fue, como nos lo han contado, un asunto de buenos y malos, de víctimas y victimarios; sino un proceso en donde los mismos grupos indígenas tuvieron protagonismo. Fueron agentes y protagonistas de su propia historia, en el sentido de que la Con La conquista no se realizó principalmente por la fuerza de las armas. De hecho, los españoles tenían muy poca capacidad armada. Pensemos En el caso del Perú, donde fueron unos ciento sesenta hombres contra un imperio poblado por más de diez millones de personas y que podía movilizar cientos de miles de guerreros; o en el caso de México donde quinientos hombres que llegaron con Hernán Cortés, supuestamente se enfrentaron a un imperio con cifras po poblacionales semejantes. La lucha fue tan desigual que no se podía comprender por qué un grupo tan reducido de hombres logró, supuestamente, someter por la vía militar a grandes imperios muy desarrollados y que en algunos aspectos estaban en el mismo nivel que los de Europa. Entonces ahí pasó algo muy interesante y esa es la gran pregunta que se han hecho hoy en día los investigadores de la Nueva Historia de la Conquista: ¿cómo fue que un puñado de hombres logró someter a estos grandes imperios y a estos grupos de indígenas tan numerosos en su propio terreno, habituados al combate y con todo en su contra? Lo que se ha demostrado es que la Conquista fue realmente un proceso de alianzas y negociaciones y que en muchos casos la llegada de los españoles sirvió para desatar una serie de tensiones que se estaban viviendo en estas sociedades. Eran sociedades sometidas por sus propias noblezas, es decir las clases dirigentes indígenas mantenían a sus pueblos oprimidos y explotados. Al mismotiempo habían conquistado otros pueblos sobre los cuales ejercíanformas de esclavitud, servidumbre y explotación que hicieron quefinalmente la Conquista pueda ser vista como una rebelión de lospueblos contra sus propias clases dirigentes, que aprovecharon lallegada de los españoles para establecer nuevas alianzas y rebelarsecontra sus opresores de alguna manera. Hay que ver, por ejemplo,que en muchas partes los españoles fueron vistos como libertadores y las masas indígenas rápidamente se aliaron con ellos y les sirvieron en buen grado en contra de los antiguos poderes establecidos. O sea que a los que les fue muy mal en ese periodo fue a los antiguos jefes indígenas, pero enseguida se crearon nuevos liderazgos. Además,se debe tener en cuenta que la política de la corona española fue ofrecer unas condiciones más favorables de las que ellos tenían antiguamente. Esto está muy claro en el tema de los tributos. Siempre los españoles llegaban y les decían: “si ustedes aceptan de buena gana someterse a la corona van a tener un amplio margen de libertad y van a pagar menos tributos de los que ustedes le pagan a su jefe actual”. Semejante oferta no había ni que pensarla. Rápidamente muchos de los grupos que estaban sometidos se aliaron con los españoles. En México fue muy interesante lo que sucedió porque se puede demostrar finalmente que la respuesta a la pregunta de los investigadores es que está mal planteada. Es decir, no fue una lucha de un puñado de europeos contra miles de indígenas, sino que el enfrentamiento fue de miles de indígenas contra otros miles de ellos que defendían el “nuevo régimen”, si me permiten llamarlo así. En la gran batalla final por la toma de Tenochtitlan en 1521 lucharon unos doscientos mil guerreros mexicas contra un número similar o superior de nahuas y otros aliados nativos de los españoles, dentro de los cuales se destacan los tlaxcaltecas. Los Que ganaron nunca pagaron tributos al rey y lograron un lugar privilegiado dentro del nuevo orden. También tuvieron derecho a autogobernarse y sus territorios fueron respetados. La nobleza de los grupos ganadores logró la hegemonía en el centro de México con ayuda de los españoles, cuando ayudaron a destruir a la antigua nobleza y se volvieron vasallos de la corona española. En el Perú sucedió lo mismo. Los que se aliaron con los españoles gobernaron y recibieron prebendas de la corona española. Los conquistadores supieron aprovechar muy bien que la mayoría de grupos indígenas eran enemigos a muerte entre sí, y muchos preferían aliarse con los españoles antes que con sus vecinos. A través de ese proceso de alianzas y negociaciones, que fue bastante violento, se fue configurando lo que llaman el “pacto colonial”, que consiste en que la corona española le da una serie de prebendas a aquellos que le sirven bien, dándole tributos y obediencia. Los indígenas aliados, que aceptaron someterse sin dificultades, recibieron tierras, trato especial, protección por parte de la corona, a cambio del tributo. Eso fue tan efectivo que los principales opositores a la Independencia de España, cuando llegó ese momento, fueron los indígenas. Rápidamente se volvieroncristianos porque era la religión de la corona española, y querían agradar. Eso les daba un estatus superior dentro de la sociedad.Es decir, se volvieron muy realistas, muy partidarios de la monarquía castellana. El rey se convirtió en un símbolo de la justicia;de la protección de los desvalidos. Para los indígenas la principal La función de la corona era establecer tribunales para la protección de sus derechos, en donde ellos podían ir a quejarse de los malos tratos que recibían, incluso de su propia gente. Muchos jefes tradicionales perdieron el poder de impartir justicia y el indio común salió ganando, porque ahora había una instancia que lo protegía de los abusos de sus propios jefes. Razones como esta explican por qué los indios fueron los grandes opositores a la separación de la monarquía española y lucharon contra los patriotas para defender el Antiguo Régimen. Ellos sabían que con la llegada de la Independencia iban a perder una serie de prebendas y derechos que se les había otorgado durante el periodo de la monarquía. Concluyó hablando un poco acerca del desarrollo de los hechos en la región de Tunja. La conquista, como ustedes saben,se inició en los primeros meses de 1537 cuando llegó GonzaloJiménez de Quesada. Tradicionalmente se ha considerado que el fin de la conquista fue dos años después, en 1539, tomando como indicador la fundación de ciudades como Tunja (1539) y Santafé(1538). Se toma esta fecha porque es un hito simbólico del fin dela guerra de conquista. Pero resulta que ese proceso no fue tan sencillo. Quesada se devolvió rápidamente para España en 1539 y dejó la tarea de pacificación real de esta zona a sus lugartenientes,entre ellos Gonzalo Suárez Rendón, el fundador de Tunja. Ellosfueron los que realmente tuvieron que hacer todo el trabajo sucio posterior, pero Quesada fue muy hábil y se dirigió directamente a la corte española para mostrar que había conquistado algunas tierras, cuando realmente la guerra hasta ahora estaba empezando cuando se fue. Es decir, le hizo creer a la corona que ya todo había terminado, y que los grupos de indígenas del altiplano habían sido muy fáciles de dominar, porque supuestamente solo se dedicaban a hacer rituales y a adorar a los astros. Pero viendo la información de la época, lo cierto es que hubo muchos enfrentamientos militares.La guerra fue muy dura y complicada y duró mucho tiempo, casi hasta 1550, mientras Quesada se dedicaba a hacer gestiones en España para su propio beneficio. Sobra decir que en esta zona también hubo alianzas entre indígenas y españoles, que atacaron al cacique de Tunja. Al final fue derrocado y su cacicazgo se desarticuló para dividirlo en varios grupos, como también le sucedió a todos los caciques grandes como los de Guatavita, Bogotá o Ubaque, y a todos los del sur del altiplano que lideraban confederaciones que fueron derrotadas.Estas entidades políticas se dividieron para formar encomiendas suficientes que alcanzaran para recompensar a todos los conquistadores que participaron en el proceso. Los capitanes de rango medio que se aliaron con los europeos fueron ascendidos al rango de caciques cuando derrocaron a los jefes principales, creando incluso cacicazgos que antiguamente no existían, como por ejemplo el de Turmequé. Los españoles pasaron a ocupar los cargos que antes eran de los principales caciques o grandes jefes indígenas,como el zipa de Bogotá o el “hoa” de Tunja, y las comunidades terminaron dándoles el mismo trato que a ellos. Durante el periodo entre 1537 y 1550 no cambiaron muchas cosas. El cambio más importante fue el que acabo de mencionar,es decir, los caciques más poderosos fueron reemplazados por ese grupo pequeño de españoles, manteniendo así las estructuras políticas y buena parte de sus costumbres. Esto significa que el proceso de hispanización y especialmente, la evangelización, no avanzan tan rápido como se cree, porque hasta finales de siglo XVI muchos pueblos seguían conservando sus tradiciones. Es solamente a partir de la década de 1570 que se da un rápido proceso de hispanización y es el momento en que ya podemos hablar de“muiscas” con las características del indígena colonial, es decir, grupos campesinos que están reunidos en pueblos al estilo español,a los cuales se les otorgan resguardos, que son tierras en propiedad comunal. Además, es cuando empieza la construcción física de los pueblos que vemos hoy en día en los departamentos de Boyacá y Cundinamarca con su traza urbana característica y sus capillas doctrineras. En síntesis, tuvo que pasar casi un siglo para que en el altiplano cundiboyacense se adoptaran las costumbres españolas,lo cual se hizo con mucho fervor a comienzos del siglo XVII. Referencias BibliográficasAguado, Pedro. (1906). Recopilación histórica, escrita en el siglo XVI. Bogotá:Imprenta Nacional. Brading, David. (1998). Orbe Indiano. De la monarquía católica a la república criolla,1492-1867. México: FCE. Castellanos, Juan de. (1997). 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Revisar el pasado es imprescindible para justificar y legitimar la continuidad en el presente de un pueblo muisca que hoy hace parte de los tantos que a lo largo de América Latina -y el mundo general- viven un proceso de-etnicidad o, como lo denomina Cristian Gros (1991; 2000), de etnogénesis. Con estos términos nos referimos a procesos donde grupos que habían sido considerados extintos culturalmente hoy día se reivindican como existentes, mediante la implementación de políticas de memoria, rescate de tradiciones, usos y costum La organización comunitaria y la configuración de valores que diferencian a tales grupos de la sociedad mayoritaria como etnias.Vale aclarar que en la actualidad, pese a poder identificar discursos y prácticas comunes, lo que abunda entre los diferentes grupos que hoy se reconocen como muiscas es la diversidad en su manera de asumir la condición étnica. A lo largo de más de ocho años de trabajo etnográfico con diversas comunidades -oficiales y no-, comparto con MercedesLópez Rodríguez (2005) que para legitimar su presente, éstas han optado por construir una nueva verdad sobre su pasado. Para ello han venido revisando la historia oficial tanto para negar aquellos elementos que las condenan únicamente al pasado como para rescatar otros que permitan justificar su existencia. De esta manera,para las comunidades muiscas de la actualidad no es conveniente aceptar su completa asimilación, idea que ya circulaba en el siglo XVIII (Herrera, 2007), pero sí vale la pena aceptar la idea de haber sido una cultura poderosa, la tercera civilización indígena de América Y la existencia de la antigua “Nación Muisca” (Uricoechea, 1992)que hoy busca renacer o despertar. Aceptar, negar o reinventar el pasado corresponden a fórmulas creativas que son empleadas por los diferentes grupos sociales para justificar su presente en armónica continuidad con la labor de sus ancestros. El propósito de este capítulo es exponer algunos “campos de tensión” que emergen en el proceso de re-etnicidad musical. Con este concepto me refiero a relaciones de disputa y contradicción que se dan en medio de procesos de rescate de ideas y elementos que hoy las comunidades étnicas consideran como parte de su diferencia cultural y que, según éstas, mantienen una continuidad con el pasado. Para ello tomaré algunas proposiciones de Gamboa que, a mi parecer, se conectan con mi trabajo investigativo. De esta manera, su revisión historiográfica permitirá encontrar, si no explicaciones, relaciones directas con algunos de mis datos etnográficos. Consecuentemente, la idea central del texto se deriva, en parte, de una de las conclusiones fuertes de Gamboa: recuperar la identidad muisca hoy es rescatar al indio colonial; yo propongo que al tomar ciertas ideas e imaginarios construidos colonialmente de lo muisca, las comunidades actuales terminan, de cierta manera,re-colonizando más que descolonizando. Mi tesis central es que las diferentes maneras en que hoy los muiscas se revitalizan como etnia corresponden a una nueva versión del criollismo. Así como éstos últimos tomaron los imaginarios aportados por los cronistas y conquistadores, los muiscas de hoy alimentan la constelación de representaciones positivas mediante referentes diversos. Al igual que el criollo la música actual busca el mismo objetivo: consolidar las raíces de su cultura y hacerle frente a los sistemas que lo ubican como dominado. ¿Qué entender por Neocriollismo?Dos ideas de Gamboa respecto de la imagen del pueblo muisca son muy ciertas y valen la pena retomarlas como base para entender algunos aspectos de la realidad actual. En primera medida, que la representación de una gran cultura muisca hizo parte de las bases de un patriotismo criollo con una consecuente creación de identidad granadina y posteriormente republicana. En segunda medida,tal invención significaba el punto de partida de un gran relato de nación necesitado por los neogranadinos. Al igual que el indígena,el criollo neogranadino se sentía víctima de la dominación colonial,pues su origen territorial nunca le permitió estar al mismo estatus del europeo peninsular. De esta manera, y fuera de los que muchos creen, el criollo, pese a sus intenciones de equipararse al blanco,tuvo una valoración positiva del indio, estratégica para consolidar las bases históricas de su existencia e identidad americana. Con base en esta idea propuesta por Carl Langebaeck (2009), he desarrollado el argumento siguiente: la endogeneidad, es decir la construcción discursiva de la identidad indígena musical actual, puede ser comprendida como una forma de “neo-criollismo”. En épocas actuales, aunque aparentemente el colonialismo es cosa del pasado, ciertos fantasmas se hacen presentes y aportan a la construcción del indígena como una alteridad necesaria para nuevos procesos de identificación y de anclaje con la historia. Podemos revisar algunos de estos elementos de la historiografía criolla como ejemplo. El proyecto de construcción de una nación colombiana encontró en la música las raíces del noble nativo que requería como uno de sus mitos fundacionales. Las nacientes recolecciones e interpretaciones de objetos prehispánicos desde el siglo XVII contribuyeron a engrandecer el pasado musical respecto de otros(Botero, 2006: 43; Langebaek, 2009: 89-95). Desde ahí comenzaría una cadena de reivindicaciones donde varios asumirán la labor de los primeros criollos orgullosos del pasado prehispánico. El siglo XIX trajo consigo el pensamiento ilustrado y con éste las ideas de Ezequiel Uricoechea (1992), el cual afirmaba la existencia de una antigua “Nación Muisca”. Uricoechea resaltó más la dicotomía entre indios salvajes caribes o de tierras bajas y los civilizados de tierras altas, donde incluyó a los indígenas de Bogotá en las últimas(Botero, 2006: 63). Los textos producidos y la novelas históricas permitieron que Bochica, una de las deidades principales de los muiscas, fuera representada como un “civilizador”, que el Templo Del Sol de Sogamoso se sacraliza aún más y que el último zipa se convirtiera en caudillo heroico, entre otras narrativas e imaginativas reivindicaciones (ver la compilación completa de producciones en Langebaek, 2009: 237-246). Miguel Triana argumentó a favor de una gran “Civilización Chibcha” (1984) y otorga como características del carácter muestra el buen genio, la ecuanimidad,la dulzura y el metodismo en las buenas costumbres. Durante la década de los 30s del siglo XX, la condesa alemana Gertrud vonPodewils Dürniz escribió el libro de leyendas muisca Chigays Mie en el que presentó “el territorio imaginario del indígena de la sabana habitado por un indio ‘civilizado’, ‘culto’ y ‘moral"' (Urrego, citado por Gómez Londoño, 2005: 252). La aparición del movimiento artístico Los Bachué contribuyó a resaltar la mitología y el llamado“panteón musical”, que hoy se resume en el famoso mural del Hotel Tequendama de Bogotá. El indigenismo de los años sesenta y setenta reforzó en Cundinamarca y Boyacá el orgullo por las raíces musicales y hasta sus deidades e idealizaciones fueron integradas por grupos y hermandades gnósticas. Con el furor de Carlos Castaneday las prácticas neo chamánicas, la idea de recuperar estilos de vida asociados con lo indígena cobró cada vez más fuerza. Es decir que entendemos que los neo criollismos -en plural- corresponden a diversas maneras de reivindicar las imágenes de culturas primigenias y básicas para la identidad de sociedades en momentos históricos y condiciones políticas diferentes, con el fin de acentuar procesos de resistencia frente a sistemas de pensamiento y producción que se consideran dominantes. Así como el criollo de la independencia apeló a la imagen positiva del indio civilizado, varios apelan a la imagen neo chamánica para contrarrestar las presiones de la vida individualista y consumidora del capitalismo. La Nueva Espiritualidad Muisca: La Moralización Del Etnónimo Y Gnosis De La LenguaLigados a los ejemplos anteriores, varias características se identifican dentro del discurso de los grupos y comunidades estudiados como “verdades” que sustentan al pueblo muisca de hoy. En primer lugar se debe resaltar que, junto con los procesos de organización comunitaria y fortalecimiento de los gobiernos indígenas en la forma de cabildos, los grupos muiscas de hoy han conformado un gran campo de representaciones y prácticas para diferenciarse que ellos mismos denominan “espiritualidad”, la cual ha recogido varios de los elementos citados. La música, entonces, es contemplativa, mística y entregada a lo sagrado. La fuerza espiritual de su territorio es tal, que para varios de sus líderes hoy no hay duda de que Bogotá “debía ser” el centro del poder político del país,derivado del poder de la antigua Bacatá, uno de los nombres como se le conoce a la ciudad principal del territorio del Zipa. La imagen de una sociedad jerarquizada y compleja en sus ideologías políticas y religiosas, va de la mano con la de un pueblo que desarrolló grandes conocimientos en astronomía, medicina y ecología. Incluso uno de los discursos que con mayor frecuencia se identifican en la oratoria de las reuniones o “círculos de palabra” de líderes espirituales muiscas es con el que relacionan al “Dorado”, no con el oro físico que los españoles buscaron cuando se enteraron de los cultos votivos llevados a cabo en varias lagunas del territorio con elementos de orfebrería, sino con un “oro espiritual”, es decir,un conjunto de valores y conocimientos que guardaban lo más valioso de su legado para la humanidad. La moralización y lo que he denominado la “sobre-espiritualidad de lo muisca” se ve reflejada también en otra idea expuesta por Gamboa, referente al etnónimo. Según él, en la Sabana de Bogotá y sus alrededores, la palabra “/mwiska/” significaba ser humano, pero no era una forma propia de diferenciarse de otros grupos. Correspondió a un ejercicio de homogeneización por parte de los españoles, que tuvo fuerza en el siglo XVII. Lo interesantes que otro discurso reiterativo es que para los grupos de hoy,música es “ser persona”, pero referente a un conjunto de valores fundados en el respeto y en tener conductas consideradas positivas.Sin querer negar que entre los sistemas de pensamiento indígenas hay conceptos de este tipo, el citado tiene dejos de cristianismo. En otras palabras, al significado común de “gente”, identificado por los cronistas, los muiscas de hoy le han otorgado un campo de valores éticos. De todos modos no debemos olvidar que para los escritores Durante la Conquista y Colonia, los pueblos indios del altiplano eran considerados dóciles y su religión cercana de alguna manera a los valores católicos, lo que los hizo, según la historia oficial, fáciles de evangelizar. De alguna manera, esa tendencia a la vida espiritual-aunque también amerite separarse del catolicismo como acto de resistencia muchas veces- es rescatada hoy como característica del pueblo en despertar. Pero si hay algo interesante que refleja la sobre-espiritualidad musical, es el campo gnóstico que algunos grupos e individuos otorgan al mismo etnónimo. En el rescate de la lengua muisca he logrado identificar dos tendencias con sus respectivas metodologías.Una corresponde al uso de diccionarios que fueron escritos en varias épocas históricas, desde los recopilados por Fray Bernardode Lugo, pasando por el jesuita Duquesne y, principalmente la grandiosa obra lingüística de María Stella González de Pérez del Instituto Caro y Cuervo. La consulta de tales diccionarios unida a prácticas rituales -colectivas e individuales- en diferentes territorios ha permitido la elaboración de significados de palabras nativas que se han ido complejizando. De esta manera, los topónimos se han convertido en base fundamental para este tipo de elaboraciones.Así, Soacha es Xue-Cha, varón del sol, tierra de guerreros; Facatativá es Fa Ata Tiva, primer capitán de Dios y el cerro la Conejera En Bogotá es Chipa-Cuy, nuestro padre el cuy, entre otros. Por supuesto, tales significados no son comunes para todos los grupos y corresponden a diferentes procesos de identificación étnica y sus respectivas políticas culturales. Otra tendencia en el rescate de la lengua muisca se vincula con otras dinámicas de reivindicación positiva ligadas a neocrio llismos. Cuando tomé un seminario postgradual en la Universidadde los Andes, sobre Teorías Arqueológicas con Carl Langebaeck,la primera parte del curso se inundó con todo tipo de datos que los ilustrados y románticos elaboraron de los muiscas -más bien chibchas para la época-. De esta manera, supimos que los pueblos de la sabana y el altiplano fueron considerados desde las tribus perdidas de Israel hasta los descendientes de la Atlántida. Y por más descabellada que esta última idea nos pueda parecer, hoy día hay varios rescatistas de la lengua muisca, pertenecientes y no a las comunidades estudiadas, que la defienden. Duitama, Sogamoso y Tunja se han convertido en epicentros relevantes de seguidores del trabajo de Marian Escribano, quien se denomina a sí misma como semióloga gnóstica. Su trabajo, que en su momento fue rechazado por la misma María Stella González de Pérez, relaciona al Muysccubun, es decir la lengua del mhuysqa -nótese la reinventada lingüística- con el hombre de Mhu, en otras palabras, el hombre de la Atlántida (Escribano, 2000: 18). Las tesis de Escribano han calado en la de algunos líderes de comunidades muiscas como las de Alfonso Fonseca Balsero, ex gobernador del cabildo de Cota, Cundinamarca. En una ocasión, me explicó el significado complejo de la palabra mhuysqa: “Mhuysqa es una vibración cósmica: esa H es un soplo, es una vibración, es la vida, porque es muy diferente decir muisca a decir mhuysqa (pronuncia un leve sonido ch). M es vibración, H es el soplo, U es la unidad, Y es cónica, S es una concertación, K es la memoria de la tierra. Entonces la tierra comienza a tener memoria en el número tres, el mica, y ahí viene el disentimiento: nosotros no somos de este planeta, nosotros aquí estamos en un vivero cósmico,estamos en un banco genético, por eso las miles y miles de especies vivientes y todo un calendario genético que tenemos. Total, aquí se pueden hacer muchas cosas, sobrados, que ya lo hicieron los atalayistas,los atlantis hicieron fue el experimento de todo, trabajar el genoma sobrado (…)” (Cota, junio 22 de 2012). Aunque sería falso afirmar que esta tendencia es la que más se presenta en el proceso de rescate de la lengua por parte de las comunidades muiscas, sí es cierto que varios de sus miembros han seguido ideas gnósticas y las han logrado poner en diálogo con la imaginería alrededor de su espiritualidad. Afirmamos que acá se presenta un criollismo en dos sentidos: primero, porque a partir de la palabra “muisca”, se apela a un vocablo otorgado por los españoles para homogeneizar a una gran cantidad de pueblos diferentes lingüística y culturalmente y que fue la denominación para identificar al pueblo prehispánico base de la identidad nacional.Segundo, porque corresponde a una valoración positiva que ha alimentado la imaginería neogranadina y criolla republicana con otras más contemporáneas que a su vez buscan resaltar el lugar que podría ocupar un sistema de pensamiento musical en la red espiritual y esotérica de la modernidad. Jean-Paul Sarrazín, quien ha estudiado la relación entre la llamada New Age y las interpreta ciones urbanas de una espiritualidad indígena, afirma que por lo general los gnósticos burgueses de Bogotá suelen etiquetar como“étnico” muchas de sus elaboraciones y con ello pretender construir filosofías nativo americanas (2012: 141). Un miembro de PNMC,Guane Sua Fómeque, me contaba una vez que varios compañeros de su comunidad habían transitado por grupos y hermandades gnósticas y que en aquellos un poco más viejos resonaban las ideas de Samael, famoso maestro gnóstico Bogotano de los años setenta.Un indicador son las ideas de Jimmy Fiquitiva de la comunidad de Cota quien, siendo miembro de la Hermandad Blanca, elaborar interpretaciones de la geografía sagrada de su territorio en relación con las típicas redes que suelen elaborarse con lugares estereotípicos como el monte Shasta, Stonehenge, las pirámides de Egipto, el Tíbet y otros referentes para practicantes de diversas gnosis. El cerro Majuy, tutelar de la comunidad de Coya y famoso por muchos por los avistamientos de ovnis, es para Jimmy una pirámide natural que se conecta con otras como Machu Picchu. Interpretaciones como las de Jimmy son, parafraseando a Eliade (1997), “gnosis revolucionaria” que permiten además otorgarle un sentido al territorio diferente al heredado colonialmente. “Cota es un nombre que pusieron los españoles porque antes usaba una cota para subirse al caballo, una especie de estribo, pero el vocablo Cota, como tal, es como una aseguranza, yo lo he sentido en la montaña, o sea, yo no miro la etimología de los libros, yo miro la frecuencia con la que uno dice Cota, entonces Cota tiene una C, tiene una O, una T y una A. Esa C es el camino que estamos haciendo,la O es el cero en la totalidad, esa T es la cruz, el cruce de energías y esa A es el individuo”. Aunque Jimmy reniega del vocablo español para re-significarlo,lo emplea como punto de partida para crear su gnosis. Un caso similar encontré cuando en el marco de una reunión llevada a cabo en Usme con respecto al cementerio indígena hallado acciden Actualmente, Gualcalá, un abuelo que también transitó por diferentes gnosis, decía a los asistentes que Sumapaz, nombre de la región cercana a Usme, tenía como “verdadero nombre” Suna Pa, que significaba “Camino del Padre”. Nuevamente se re-significaba un territorio a partir de una gnosis elaborada a partir de un nombre español, esta vez de una antigua hacienda. Nuevas Mitologías: Confrontando La Homogeneidad MuiscaComo parte del repertorio natural discursivo de varios líderes musicales de la actualidad está la Ley de Origen. Esta corresponde a los ordenamientos cosmológicos de todo tipo (gobierno,salud, familia, vida comunitaria, etc.) dados desde los mitos de origen. Sin embargo, como etnógrafo nunca defendí la asepsia y la completa neutralidad de las charlas y entrevistas. Siempre me gustaba colocar en la mesa ciertos temas que generan reflexión y me llevaran a comprender de qué manera los propios músicos solucionan ciertas tensiones de sentido en varios de sus referentes culturales. El mito que más se cita para explicar el origen de los humanos es el de Bachué, la gran madre que emergió de la laguna de Iguaque con su compañero Fuchun Súa, a quien crió y preparó como padre progenitor de los muiscas. Sin embargo, los cronistas encontraron otro mito que explicaba el origen humano. Se trata de Iraca (el sol) y el Sogamoso (la luna), quienes crean a las personas. Cuando ponía este tema en varias conversaciones la mayoría de las veces encontraba cierto desconcierto. En algunas la explicación era que cada territorio determinaba sus ordenanzas.Lo cierto es que la aceptación de la heterogeneidad prehispánica referente al mito de origen muisca presentaba ciertos problemas para legitimar la unidad actual de un pueblo en reconstrucción.Mantener el mito predominante de Bachué significaba mantener cierta homogeneidad. Hay otra idea particular desarrollada por Gamboa que dialoga con mi trabajo etnográfico. Corresponde al hecho de que desde el principio de la Colonia, la imaginería sobre la cultura homogénea musical fue alimentada por referentes que habían cobrado más validez. El ejemplo más claro que da al respecto es el uso quese le dio a los grabados que ilustraron las crónicas de Antonio de Herrera y Tordesillas en 1601 sobre los doce incas que gobernaron el Tahuantinsuyo, que fueron adaptados para reconstruir una genealogía de “reyes” muiscas de Tunja inventada por LucasFernández de Piedrahíta en 1688. El mismo cronista había creadola idea del pueblo muisca como el tercer imperio de América.En la actualidad, los muiscas emplean la misma fórmula: apelan a referentes indígenas que ocupan un mayor nivel de representatividad y validez para justificar -y amplificar cualitativamente- su existencia. Dos ejemplos lo pueden ilustrar. El primero corresponde a un nuevo relato mítico que, según mis colaboradores, fue narrado por una de las máximas autoridades espirituales de la Sierra Nevada de Santa Marta. Hade RamónGil, líder wiwa, “devolvió” a los muiscas la historia del cóndor y el águila, la cual brevemente narra lo siguiente: en tiempo anti Los guos Bacatá era el centro espiritual que convocaba a líderes de todos los pueblos de América quienes, para renovar el pacto de hermandad entre pueblos originarios de América, veían al águila-ave del norte- danzar con el cóndor -ave del sur. Un día ambos se mataron entre sí y eso fue interpretado como la señal que indicaba que desde el oriente llegaron otras gentes a imponer la ley del fuego y de la espada. Por esa razón, los muiscas entregaron reconocimiento a pueblos hermanos para que siglos después fueron devueltos y el águila y el cóndor volvieran a danzar. El anterior relato comprende varios elementos: en primer lugar,coloca al gran pueblo muisca como centro espiritual de América;en segundo lugar, resalta un leitmotiv del gran relato de los pueblos originarios americanos: la tragedia comenzó con la llegada del hombre blanco; y en tercer lugar, contribuye a que ciertas prácticas que los muiscas de hoy han tomado de otras culturas indígenas no sean vistas como mimesis sino como repertorios y elementos que han “sido devueltos”. Sin embargo, la idea de la oposición radical entre españoles y nativos tiene sus contradicciones. Gamboa señala que por lo menos los primeros años de conquista corresponden a una serie de pactos y alianzas que hicieron que culturas indígenas rivales combatieran entre sí y que los vasallos se rebelan contra sus líderes opresores.Varios miembros de las comunidades actuales lo saben y por eso resaltan que su dominación estuvo favorecida por pleitos internos,situación que hoy día también es tomada como la explicación de los diferentes conflictos que hay en el plano político y espiritual entre las diferentes comunidades muiscas de la actualidad y al interior de éstas. Es cuando las ideas del blanco como causa única de la dominación y de las peleas entre ellos mismos se tensionan. Como Indicador vale resaltar que las comunidades muiscas están dispuesta a rescatar cualquier institución y práctica originaria -así sea de origen colonial como el cabildo y el resguardo- menos el cacicazgo. Como relato complementario está aquel que pone en tensión los ladinos de los chontales. Los primeros son definidos por líderes muiscas de hoy como aquellos que se dejaron colonizar:aprendieron el castellano e incorporaron la religión católica. Los Segundos fueron quienes resistieron huyendo a tierras lejanas y entregando los conocimientos a pueblos hermanos, elemento que coincide con el mito del cóndor y el águila. Los conocimientos corresponden, principalmente, al manejo y mito de plantas medicinales que hoy día hacen parte del collage de prácticas rituales como el tabaco -en varias versiones- la coca, las cuales históricamente corresponden a usos muiscas de antaño, y a otras foráneas como el yagé, el peyote y rituales como el temazcal, que hacen parte de las actividades de varios grupos. Los dos relatos corresponden a la invención de un pasado que permite legitimar tanto el panindianismo permeado en el campo étnico muisca -característica común de procesos de re etnicidad, sobre todo en medios urbanos y modernos, así como la ubicación de un lugar relevante del pueblo muisca en el campo histórico y espiritual. De esta manera, la emergencia de los relatos corresponde con otra estrategia del criollismo, pues lo que fue comenzado por los cronistas y retomado por los criollos, ilustrados y románticos, ahora es continuado por diferentes miembros de las comunidades muiscas actuales. Esto se da de la siguiente manera. Según Pérez de Barradas (1952) la verdadera historia de lo muisca, registrada en las crónicas, sólo comprende, para el territorio de Bogotá, desde los relatos sobre el zipa Saguanmachica y, para Tunja, desde el zaque Michua hasta la conquista española, datos que según Gamboa también podrían haber sido inventados y amplificados. Eso significa que desde los archivos documentales válidos para la historia, sólo hay información correspondiente a 68 años. Langebaeck (1992), incluso, nos recuerda que las crónicas sólo son fuentes que validan el 1% de la historia musical. Más allá de esta historia todo pareciera convertirse en leyenda y en mito.Según Oscar Guarín Martínez (2010), la llegada de los españoles siempre significó para los historiadores desde el siglo XIX un final teleológico de una cultura musical civilizada que se erigió como un pasado paradigmático para construir la nación neogranadina.Hacia atrás “todo era incierto” y “esta suerte de vacío histórico se constituyó en un espacio retórico que fue ocupado con ‘imágenes historiográficas de toda suerte’” (p. 215). Es decir que cuando miembros actuales de las comunidades muiscas alimentan la imaginería con las representaciones historiográficas, con discursos gnósticos, pan indianistas o apelan al intercambio cultural para sobre-espiritualizarse, complementan la labor iniciada por quienes en sus crónicas y discursos identitarios de nación inventaron a la homogénea nación de los muiscas. Sin embargo, los referentes para alimentar la etnicidad musical son tantos y tan variados, que al igual que los pueblos prehispánicos de antaño, los muiscas actuales no deben considerarse homogéneos. Conclusión: Lo Muisca Más Allá De Un EtnónimoLa debatida idea de homogeneidad que aporta Gamboa es una base relevante para lo que he propuesto en cuanto la comprensión de la etnicidad musical. Muisca no corresponde a una etnia específica,sino a un campo de representaciones, a una identidad discursiva a una “red”. La riqueza de su estudio en la actualidad no es tanto identificar lo que los une sino las maneras diferenciales en que los músicos de la actualidad, al revisar su pasado y conectarlo con su presente, se identifican y crean su proyecto etnopolítico.De esta manera, la historiografía representa un insumo complejo de imágenes, relatos y vacíos para ser llenados que permiten a los líderes muiscas seleccionar, reinterpretar, reinventar y ensamblar coherentemente diversos elementos que les permitan diferenciarse y, al mismo tiempo, justificar un proyecto común como pueblo.Por eso mismo, tal vez la mejor metáfora tomada de Gamboa para definir a los muiscas es la de la familia lingüística, pues ésta agrupa al mismo tiempo que permite identificar diferencias sutiles y radicales. No hay tensión más interesante que escuchar a un líder musical decir en castellano “hay que descolonizar el pensamiento”. Aunque no pretendemos negar un proceso de resistencia y reivindicación relevante que busca un lugar para el pueblo muisca en el espectro etnopolítico actual, debemos ser conscientes que los muiscas, como muchos otros grupos, han optado por reconstruir imágenes de su pasado a partir de fórmulas ya empleadas por los criollos y continuadas por sus sucesores. Han aprovechado la poca información de generaciones previas a la llegada del blanco para elaborar relatos y versiones que redunden en música espiritual,sabio y poderoso. Han negado de la historia oficial su completa asimilación, pero sí han rescatado la imaginería positiva de la gran nación muisca, del tercer imperio de América, de la sociedad compleja con caciques que fueron vistos como príncipes y sus territorios como confederaciones. Han retomado su panteón y han apelado a otros referentes que validen más su condición, tal como los cronistas granadinos lo hicieron con otros del Perú.Para descolonizarse, han reinventado una lengua y algunos le han otorgado a ésta cierta gnosis. En últimas, los muiscas crean una nueva verdad, tomando fórmulas de origen colonial. Ahí yace la principal tensión: descolonizar mientras colonizar. Referencias BibliográficasBotero, Clara Isabel. (2006). El redescubrimiento del pasado prehispánico de Colombia: viajeros, arqueólogos y coleccionistas 1820-1945. Bogotá. ICANH-Universidad De los Andes. Eliade, Mircea. (1997). Ocultismo, Brujería y Modas Culturales. Barcelona. Paidós. Escribano, Mariana. (2000). Cinco Mitos de la Literatura Oral Muisca o Chibcha.Bogotá. Siempre. Gómez Montañez, Pablo. (2009). Los Chyquys de la Nación Muisca Chibcha.Ritualidad, Re-significación y Memoria. Bogotá. Universidad de los Andes-CESO. Gómez Montañez, Pablo. (2010). Picky, Puyquy, Cubum. 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La primera es un reconocimiento a los elementos que aporta el texto de Gamboa,esto es, el análisis exhaustivo que hace el autor sobre la base de la revisión documental de tipo etnohistórico, con un enfoque que se basa en comprender en términos contemporáneos la Historia,una Nueva Historia. En segundo lugar, comentó aspectos en los que algunos elementos de su interpretación presentan ciertas inconsistencias, sin desmeritar el aporte fundamental de su aproximación,a la que otros autores ya se han referido en diferentes trabajos.Concluyó con una reflexión en torno a los actuales procesos y resultados de investigación sobre la identidad del pueblo Muisca Del altiplano cundiboyacense, tema de mi interés.
Lo Que Nos Decía La Historia, Lo Que Nos Dice La Nueva HistoriaEsta división corresponde a desarrollos teóricos y metodológicos contemporáneos, que permiten darle a las investigaciones una visión panorámica mucho más amplia, detallada, postcolonial,compleja, de certidumbres que, para el análisis en cuestión, recae en los campos de las Ciencias Humanas y Sociales. El trabajo que hace Jorge Gamboa rompe con un estereotipo construido en las sociedades latinoamericanas. Una mirada del proceso colonial,con amplias repercusiones en la sociedad Moderna del Siglo XXI. Autores como León Portilla (1988, 2007) y Serge Gruzinski (1991), entre otros, se habían referido tangencialmente a este proceso de dominación simbólica que se llevó a cabo entre los Indígenas Mayas del México actual entre los siglos XVI-XVIII,y para el Perú, John Rowe (1951) y Tom Zudeima (2011), entre otros, para la misma época. Esto llama la atención sobre el papel fundamental en el que a partir de definir a los “otros” de cierta manera (Alteridad), se construye una representación de domi nación sobre ellos que termina por legitimar su papel en dicha relación (Todorov, 1998). Jorge Gamboa logra poner sobre la mesa esta discusión en Colombia, y para el caso de los llamados Muiscas del altiplano cundiboyacense, nos muestra cómo las representaciones construidas en la colonia, a las que denomina “Indígena Colonial”,pasan por un proceso de exaltación de su poder, que desde los diferentes escribanos y cronistas del siglo XVII-XVIII, expresan desde la “Historia de la Mentalidades” de sus autores, la “recreación” de estas sociedades como feudales, cuándo no son Estados.Pedro Argüello en su charla “Muiscas: miradas contemporáneas desde la arqueología”, se refiere a esta exaltación como la proyección de una imagen de grandeza, que justificó y enalteció la titánica lucha de conquista y colonización de los españoles en estas tierras del altiplano cundiboyacense, contra sus habitantes. En estos relatos se les presenta como una gran civilización y no como cualquier sociedad a la que dominaron, hace ver a los conquistadores como unos grandes guerreros, contra otros grandes guerreros, que con astucia, inteligencia, arrojo y valentía, lograron derrocar. Tal es la hazaña que ubica a los europeos de la época como grandes ganadores, que no es sino la expresión para intentar igualar una historia entre Dominadores y Vencidos, en lucha franca por unos ideales, que como bien lo mencionan estos autores, no es del todo verídica y que no se puede aplicar con toda suficiencia para explicar lo que pasó en dicho territorio. En este sentido, Jorge Gamboa dice con gran precisión y certeza, que esta visión no es más que una invención europea para justificar su dominación. El problema, como él mismo lo señala, es que ha sido esta imprecisión la que se ha legitimado en la memoria de los colombianos, la memoria que predomina hoy en nuestra sociedad. Tal vez por eso, la fuerza de su argumento, la fortaleza de su escrito, no deja de causar una ligera zozobra entre quienes refutan con vehemencia lo contundente de las afirma en su investigación. El Punto De Partida: La Palabra Como Acto De CreaciónAlgunas de las certezas que tenemos de las sociedades que estaban ubicadas en el altiplano cundiboyacense y que son reconocidas en la actualidad como “Muiscas”, además de compartir algunas características de su lenguaje y cultura, relaciones de intercambio y reciprocidad y formas de autoridad y control político sobre las relaciones de producción y reproducción de la sociedad, indispensables para habitar y compartir un mismo territorio, no pueden desligarse de lo que significa ser “Muiscas”. La cuestión tampoco reside en un mero cambio formal de nombre para estos pueblos, sino su significante. Aunque se ha reconocido la importancia de llamar a las cosas por su nombre, y que el mismo término Muisca Haya sido una toponimia inventada por los Europeos cargada de significado que aborda el texto de Jorge Gamboa, podríamos afirmar que aunque no sepamos a ciencia cierta cómo se autodenominaba estas sociedades en su cotidianidad, si podemos afirmar que seguramente el nombre con el que se reconocían y eran conocidos antes de la Conquista y Colonización de América, haya sido el de “gente”, aunque no dispongamos de una base escrita que nos permita confirmar este acercamiento. A la gente “Muisca” no le pasó nada diferente de lo que otros pueblos indígenas vivieron en América con la asignación de toponimia para diferenciarlos durante el proceso de la conquista que se inició en 1492. Tomemos por ejemplo al pueblo Nasa y Guambiano de Colombia. Antes “bautizados” como indígenas Paeces en el Cauca,se autodenominan Nasa en la actualidad y así se les reconoce,como pasa con los Guámbianos también en el Departamento del Cauca, que en la actualidad se reconocen como Misak. La palabra con la que nos podemos referir a estos pueblos es fundamental para establecer la relación que el lenguaje establece. Por ejemplo,“Muisca” como palabra y concepto, no sería sino el “IndígenaColonial” y su uso sólo podría llevarnos a la recreación española de esta sociedad, como lo señala Jorge Gamboa en su texto. Tal vez,y mientras no tengamos certeza sobre su propia denominación,parece que no queda otra alternativa sino denominarlos así, pero sin olvidar todas las relaciones de subordinación y de dominación que “Muisca” implica. Para muchos otros miembros de la sociedad actual, Chibcha se refiere a la sociedad Muisca, aunque se estarían refiriendo a la familia lingüística en la que han ubicado la lengua de esta sociedad. Por ahora, y mientras avanzan las investigaciones en este campo, podemos dejarlo de esta manera para no caer en discusiones sin pruebas que permitan confirmar la autenticidad,de su nombre “real”. ¿Son tan diferentes entre sí?La representación que establece Jorge Gamboa es a veces, demasiado extrema y discontinua. Supongo también, que es una figura para señalar la importancia de la diferencia que establece en su análisis sobre el pueblo “Muisca”. Sin embargo, algunos patrones de asentamiento evidenciados con la arqueología, muestran que lo que algunos autores han llamado “patrones de asentamiento disperso” existió en los cronistas del Siglo XVI, como lo relata el texto en mención. El paso de estas formas de asentamiento, a los pueblos centrados que conocemos en la actualidad, con iglesia,parque, estación de policía, alcaldía, tiendas y locales de internet y minutos a celular, son la traza de “vivir en policía” y cambios actuales que todas las sociedades experimentan con la globalización,de una u otra manera. El problema, como lo aborda el texto de Jorge Gamboa, es la presunción de que los “Muiscas” estaban tan establecidos en el territorio, que termina por fijarlos, “sedentarismo” al punto de crear una imagen tan estable de ellos, que solo podría resolverse con el cambio de su nombre, al que se refiere como acción dinámica en el análisis de su texto. Voy a presentar a rasgos generales, algunas comparaciones entre las formas de organización social y cultural de diferentes pueblos amazónicos con las sociedades andinas. La razón que nos permite realizar este acercamiento, es que la evidencia arroja que en términos de “Jefaturas” o “Cacicazgos”, estas sociedades tenían rasgos comunes hasta 1492, momento en que son transformadas por este contacto y que en algunos casos determinaron su desaparición. De hecho, algunas ya habían desaparecido siglos antes,como ocurrió con diferentes pueblos del Nororiente y Centro De la afluencia del río Amazonas (Mora, 2006; Roosvelt, 1993;Schaan, 2010). Las evidencias arqueológicas confirman la existencia de grandes densidades de población que habitaron la Amazonía, que ya habían sido descritas por los primeros relatos que hicieron sobre ellas los cronistas, conquistadores y viajeros. Pero es hasta la comprobación material del conjunto de los vestigios arqueológicos en las excavaciones del área, que tenemos certeza de su existencia. Sin embargo, existe la necesidad de complementar las interpretaciones que las diferentes disciplinas tienen sobre la existencia de sociedades complejas en la Amazonía desde perspectivas e investigaciones que de manera conjunta, permitan el avance en la comprensión de tal complejidad. O como lo expresa Denise Schaan: “Não podemos obrigar a que todos os arqueólogos se interessem por teorias, pois somos produtos de formações distintas e nossas individualidades apontam para interesses diversos. Por isso sempre temos opiniões diferentes, o que ultimamente deveria enriquecer o debate.De minha parte tenho um grande interesse por teoria e por entender melhor a diversidade das formações sociais regionais na Amazônia, que em alguns locais se constituíram em grandes cacicados…”(Schaan, 2010:58). La etnografía debería acompañar el avance reciente, al igual que la arqueología contemporánea de la Amazonía lo hace. Esta se ha especializado en ampliar el conocimiento a partir de los vestigios materiales de las sociedades desaparecidas en la prehistoria. Ocurre También con la etnohistoria y con el parentesco, como lo evidencia Correa (2004) para la cultura “Muisca” del altiplano cundiboyacense,en su libro El Sol del Poder: Simbología y Política entre los Muiscas del Norte de los Andes, en el que aporta una comprensión más acertada y clara de la realidad de este pueblo indígena, respecto a la que se venía entendiendo sobre ellos, desvaneciendo algunos sesgos. La existencia de cerámica, el hecho de fuera sometida a cocción y además, que estuviera pintada con tanto detalle, nos demuestra el conocimiento necesario y la organización de la sociedad, que no se puede explicar desde la vida nómada de los cazadores y recolectores,que existe en la actualidad en la amazonía, sino que requiere una complejización de la vida y de la organización social, que permita llegar al desarrollo de estas actividades. Esto solo se puede explicar desde las sociedades cacicales, hasta hace poco solo existían en los Andes, en América y en Centroamérica, pero no en la Amazonía.Más aún, la existencia de estas evidencias en diferentes sitios, que se han encontrado en diferentes apartados, espacialmente distantes y verificadas con la estratigrafía de la zona, solo puede explicarse con redes de comercio y de intercambio entre estas comunidades,lo que significa también, la existencia de redes de comunicación de tipo fluvial por la región. No sociedades aisladas las unas de las otras, sino conectadas por lazos de intercambio. La antigüedad de estas formas de vida y organización social en la Amazonía, está relacionada con las dataciones realizadas por la Arqueología que los ubican entre mil años antes del presente, y mil después del presente. Lo que en el Altiplano cundiboyacense,coincidiría con la aparición de la cultura Herrera, base de la or Organización de los “Muisca”. Sin embargo, y como sucede con las poblaciones andinas, es necesario enriquecer el conocimiento que tenemos sobre ellas, con la diferencia de que en la Amazonía, la investigación es muy reciente, no supera los 30 años. Esto permitiría abordar la Amazonía sin repetir los errores que ya se cometieron con la interpretación de los datos andinos, como lo hace Correa(2004), en su trabajo. La explicación de sociedades de cacicazgos, se puede entender también a través de los mitos, la etnohistoria y el parentesco. Es necesario empezar mencionando algunos argumentos relacionados con las etnopolíticas de la memoria, que nos permitan seguir ahondando en la explicación alrededor de la existencia o no, del pueblo “Muisca”. En “el debate sobre su ‘indianidad’,no sólo discute la confusión sobre su historia, sino que señala las confusiones de la nuestra y, a la postre, la confusión de las historias que pretenden ser sólo una, la “Historia” (Correa, 2005: 224). La Escritura en la época colonial, jugó un papel fundamental respecto a la dominación que se estableció sobre los pueblos indígenas; la palabra escrita comenzó a volverse ley, jugando un papel crucial en la determinación de la memoria, de la identidad. Pareciera que en estas formas de representación, se olvida también, que lo que Se pretende ocultar de la sociedad, y a su vez, lo que se escribe es la manera en la que se construye la verdad de lo que se pretende legitimar, para el caso de la Conquista y la Colonia en América. Una de las ideas centrales indica que una gran parte de la información de origen hispano de la que se dispone lo que muestra es el resultado del profundo reordenamiento sociopolítico de la sociedad muisca realizado por los ibéricos, por lo cual es deseable fundar el examen de las unidades sociales sobre las propias categorías de los muiscas, en lugar de hacerlo sobre los conceptos de “pueblo”, “par te”, “parcialidad”, “cacicazgo” y “reino”, acuñados por los españoles y todavía vigentes en gran parte de la literatura sobre los muiscas.De esta manera es posible mostrar la inexistencia de la tan mentada estructura piramidal de la sociedad muisca, dividida en dos grandes unidades sociopolíticas, el zipazgo y zacazgo, para encontrar en su lugar “una vasta red de intercambio cuya articulación garantiza su propia reproducción social”, que se extendía por todo el altiplano cundiboyacense según una estructura que distribuía el ejercicio político en el espacio de acuerdo con la relación entre unidades segmentarias emparentadas entre sí por vía materna y articuladas con otras similares por la alianza matrimonial asimétrica. En esta red, los llamados caciques “más que jefes aparecen como líderes”, cuya posición descansaba en sus capacidades para garantizar la reproduc La participación social mediante la movilización de las fuerzas colectivas, y no en la propiedad de los medios básicos de producción, tierra y agua,ni en un poder absoluto despótico y tiránico, como aseguraron los españoles (Vasco, 2004). Por otro lado, el hecho de compartir un territorio los llevó sin duda también a comprenderse, en términos del lenguaje, algo tan humano y necesario para establecer cualquier tipo de comunicación. La idea de que no se podían comprender los unos con los otros es más bien poco probable. Una de las particularidades de la lingüística, es organizar las lenguas en familias y de estas en macro familias, y hasta súper familias y Protolenguas. La lengua Chibcha En la que se ha situado la lengua de los “muiscas” hace parte de esta organización (Umaña, 1993; López, 1995). Ahora bien, pudo haber sido posible que se presentarán dialectos de la misma lengua en un mismo territorio, razón por la cual, podrían no entenderse de un asentamiento a otro, cómo pasa con muchas de los pueblos indígenas que comparten un territorio en la actualidad, pero no hasta el punto de “desconocer” del todo, como lo afirma enfáticamente Jorge Gamboa en su texto y hacerse tan incomprensibles en su comunicación, que no pudieran llegar a acuerdos. Más aún,aspectos relacionados con el parentesco, suponen la necesidad delintercambio de esposas con otras mitades exogámicas, y con gruposdiferentes de ellos mismos, para evitar el incesto, entre otras cosas. El patrón matrilineal de consanguinidad y las relaciones aun cu locales y de afinidad, suponen, entre otras, relaciones con otros,que les permitieran a los grupos “reproducir la sociedad” tanto materialmente, cómo simbólicamente, cosa que no era extraña para los “muiscas”. La Esperanza De Pandora Y Los Muiscas De La ActualidadComprender lo que las investigaciones académicas arrojan sobre los “Muiscas” no puede desconocer, o mejor, no implica que no sea válido que el trabajo realizado por diferentes personas y colectividades que se declaran Muiscas en la actualidad. De hecho, su proceso de afirmación les ha permitido recuperar tradiciones, que frente al hecho de la autodeterminación, se convierten en formas alternas de encontrar sentido a sus prácticas, a su sentido de vida y este es un hecho político que no se pueden desconocer. Tampoco Deconstruir lo que se ha venido afirmando de los Muiscas como“Indígena Colonial” no es tarea sencilla, ya que se trata de una representación común y socialmente válida en nuestra sociedad,que se encuentra en diferentes textos, algunos de ellos escolares.Tal afirmación solo puede transformarse en un insumo más para legitimar sus reivindicaciones, para la actualización de sus búsquedas y para darle paso a una memoria viva, que podría encontrar en sus prácticas de vida, sentido a sus reivindicaciones. El papel que jugaron los “Muiscas” en la época colonial y la manera en que debido a procesos históricos, siguen jugando en la actualidad en un Estado que se legitima como pluriétnico y multicultural, da asimismo la legitimación de sus derechos. Las reivindicaciones de su existencia no sólo responden a criterios académicos, sino que a su vez hacen parte de la memoria colectiva de nuestra sociedad, que estemos de acuerdo o no, no opacan la realidad de su existencia. Los “Muiscas”de la actualidad han entrado a reclamar su derecho a ser reconocidos como parte de las minorías étnicas del país, y aunque no ha sido un proceso fácil dar cuenta de su existencia, no son ilegítimos sus procesos de reafirmación. De hecho, es tan necesario como en la colonia fue, que la pluralidad de culturas y de formas de ser al interior de la sociedad exista, de tal suerte que no se construya una imagen poscolonial de lo “Muisca” ya que ahora tienen voz y palabra, que aunque con ecos y resonancias, se escucha. ¿Cómo no construir unIndígena Postcolonial en la Colombia del posconflicto? Referencias BibliográficasConstenla, Adolfo. (1993). “La familia chibcha” en: Estado actual de las lenguas indígenas de Colombia. Rodríguez de Montes María L. (compiladora). Ponencias presentadas en el seminario-taller realizado en el Instituto Caro y Cuervo (febrero 10, 11 y 12 de 1988). Pp. 75 125. Instituto Caro y Cuervo. Santa Fe de Bogotá. Correa, François. (2004). 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Tiempo y Espacio en la Organización Ritual del Cuzco. La idea del pasado. Lima: Fondo Editorial del Congreso del Perú. Colonialidad Y Biopolíticas Del Archivo Colonial. Diálogo Con Jorge Augusto Gamboa Sobre La Incorporación De Los Muiscas A La Monarquía CastellanaLuis Fernando Restrepo Universidad de Arkansas restr@uark.edu El riguroso trabajo de archivo del historiador Jorge Augusto Gamboa nos revela particularidades del proceso de incorporación de las sociedades cundiboyacenses a la corona española, entre éstas,que ‘los muiscas’ es una construcción colonial que homogeniza lingüística y culturalmente etnias y comunidades políticas muy diversas y que la llamada conquista fue un hecho más complejo que la simple confrontación militar de dos bandos; fue una guerra prolongada que se alimentó de las alianzas y rivalidades nativas y también fue un largo proceso de negociaciones. Desde esta perspectiva, paradójica y provocadoramente, Gamboa afirma que no existieron los muiscas y luego concede que si hubo muiscas,fue durante la colonia. Sin duda, la documentación de archivo permite esbozar un mapa más detallado del pasado colonial y tomar distancia de la imagen de las sociedades cundiboyacenses que hemos recibido. Sin embargo, creo que la imagen de estas sociedades que encontramos en el archivo también requiere una distancia crítica que considere el papel del saber en los procesos de dominación. Esto nos lleva a reflexionar sobre nuestro propio quehacer intelectual y el conocimiento que producimos. Desde esta perspectiva, es preciso reconocer que escarbar el pasado es mucho más que una cuestión epistemológica, sino que también conlleva un imperativo ético-político: ¿para qué y para quién completar el mapa del pasado? Para este Diálogo en Patrimonio, me interesa resaltar dos cuestiones: la colonialidad del archivo y la responsabilidad del quehacer intelectual. Sin estas reflexiones ético políticas que se preguntan por el lugar del conocimiento en el ejercicio del poder, no habría distinción entre nuestro saber especializado y el del archivo colonial. Colonialidad Y BiopolíticasEl quehacer intelectual del pasado colonial tanto como el del presente tiene su economía y su propia gramática. Si para los proyectos historiográficos de Aguado, Castellanos y Piedrahita Era más útil una noción homogénea de las sociedades cundiboyacenses, el quehacer administrativo para el control de la población nativa requería una mirada más atenta a las diferencias territoriales, políticas y lingüísticas. En todo caso, ambos registros hacen inteligible un rango de diferencias que de una forma u otra afirman el poder colonial y constituyen por lo tanto una práctica biopolítica. Las visitas, las tazas, el establecimiento de doctrinas y resguardos, la organización en pueblos, la separación de los indios,todo esto generó un acervo documental que es parte del ejercicio del dominio colonial. Al igual que las ‘crónicas’, el quehacer que genera el archivo estaba programado para seleccionar e incorpora la racionalidad imperial el conocimiento nativo que le servía y arrasaba con lo que le impedía su ejercicio del poder, como lo ilustran las campañas de extirpación de idolatrías o la censura. Sin embargo, si concebimos el archivo como un monstruo kafkiano que controlaba todo, quedamos con una imagen muy maniquea del pasado que no nos permitiría ver la agencia de los sujetos coloniales, indios o españoles. En esto, sin duda, Gamboa estaría de acuerdo cuando habla de la participación de los indígenas en la sociedad colonial y las negociaciones y alianzas que realizaron. No obstante, es preciso mirar críticamente esa compleja inscripción en el archivo y las respuestas de los sujetos interpelados.No hay sujetos a priori sino que surgen en el discurso mismo. Ya No se trata de separar imágenes falsas de imágenes verdaderas sino de reconocer que no hay entes sociales, individuales o colectivos,fuera del discurso. Un caso que nos permite ver ese complejo entramado discursivo que constituye la realidad colonial es la documentación relacionada con don Diego de Torres, el cacique de Turmequé. Gran parte de lo que conocemos de don Diego se debe gracias al trabajo de archivo de Ulises Rojas, principalmente con la documentación del Archivo General de Indias. Rojas proyecta un protonacionalismo a los reclamos del cacique en una mirada melancólica que las sociedades indígenas consideran como algo completamente del pasado. Más recientemente, Juan Felipe Hoyos y Joanne Rappaport han señalado la existencia de una amplia documentación sobre don Diego y don Alonso de Silva, el cacique de Tibasosa, en el Archivo General de la Nación. Hoyos y Rappaport han resaltadola apropiación del código legal de estos dos caciques, lo cual nos permite una mirada más compleja a la ciudad letrada colonial. En mi trabajo sobre el cacique de Turmequé he tratado de resaltar la compleja inscripción del sujeto colonial. Por una parte es visto como un mestizo peligroso que genera rumores de una rebelión que le llevan a la cárcel. En contraste, en sus apelación En cuanto a Felipe II nos encontramos ante un vasallo completamente fiel. Esta imagen contradictoria (rebelde y fiel) del cacique toca los límites de lo que sabemos y no sabemos del pasado colonial.Aunque haya registro documental, hay hechos que no logran ser subsumidos completamente por la razón imperial. Veamos un par de ejemplos. Rojas documenta que antes de partir a España, don Diego se reunió con los principales señores de su cacicazgo y tras recibir unas ofrendas de sus vasallos, don Diego enterró su bastón de mando. ¿Qué significa ese acto de enterrar la vara de justicia?Este gesto simbólico parece separar el sentido de justicia andinodel imperial ¿Quién sabe? Otro caso en el cual nos encontramos con los límites del archivo es cuando las autoridades de Sogamoso le pidieron a don Diego que les diera una plática a los indios para que dejaran sus antiguas costumbres. El cacique, “para recatarse”,decide hablarles en castellano y valerse de un intérprete. El registro del encuentro dice que las autoridades coloniales “se holgaron”mucho de lo que escucharon a don Diego decir. ¿Cómo era recibido este mensaje por los indios? No sabemos. Es muy probable que su audiencia andina se percatara de las relaciones de poder que encuadran el discurso de don Diego. Parece que don Diegose estaba presentando como un buen indio para las autoridades y una autoridad para los indios. Es una escena muy teatral, que invita a la interpretación. Esto nos lleva a reconocer que el significado del pasado no está dado sino que es a partir de trazas del pasado que tenemos que interpretar su significado. Y también que más que identidades fijas hay un carácter performativo de la identidad. Estos ejemplos sugieren que hemos de leer el archivo colonial con cierto ‘recato’, lo que quiere decir ‘no valiéndose de todo lo que se dice’. Memoria Y ResponsabilidadArriba nos preguntamos para qué y para quienes indagamos en el pasado. Es importante darnos cuenta que nuestro quehacer intelectual está atravesado por la colonialidad. Entre los saberes especializados marcados por la colonialidad está la antropología,una disciplina que surgió de las relaciones coloniales. No obstante,también ha sido un saber que ha permitido abrir espacios críticos.Históricamente, la antropología es la disciplina que ha estudiado los muiscas y su relación con el Estado, con el establecimiento de institutos oficiales, museos y zonas arqueológicas. Carl Langebaekha estudiado eso bien. El papel de la antropología con los grupos indígenas es compleja y contradictoria. Un ejemplo relacionado con los muiscas es el trabajo etnográfico que determinó el reconocimiento oficial de las comunidades raizales de la Sabana de Bogotá. Ese saber que determina quién es o no indígena es muy similar a las biopolíticas del archivo colonial. Las comunidades raizales entran en el proceso de negociación, pero no sin recelos.El hecho es que el saber especializado no logra enmarcar completamente los esfuerzos de las comunidades raizales cuyo trabajo de la memoria no es meramente un ejercicio epistemológico sino una labor crítica y creativa orientada hacia el futuro a partir de las trazas y trazos del pasado. Los entredichos del archivo colonial o la creatividad de los raizales nos revelan que la Verdad no se encuentra ni en el juicioso trabajo de archivo, ni en la pesquisa antropológica o la labor crítica.Entonces, la pregunta clave para nuestro quehacer especializado desde el espacio privilegiado de la universidad, es si nuestro trabajo intelectual permite abrir el pasado para cuestionar las inequidades sociales y el estatus quo y concebir un futuro más justo. Referencias BibliográficasArchivo General de Indias (AGI). Escribanía de Cámara 824a, 826B. Sevilla,España. Archivo General de la Nación (AGN). “Proceso contra el cacicazgo de Diegode Torres”. En: Caciques e Indios 37. Ff. 251-506v. Bogotá. Archivo General de la Nación (AGN). “Autos sobre el cacicazgo de Turmeque”. En: Caciques e Indios 61. Ff. 410-600. Bogotá. Cabildo Indígena de Suba. (1999). Los muisca: un pueblo en reconstrucción. Bogotá:Alcaldía Mayor de Bogotá. Langebaek, Carl Henrik y Botero, Clara Isabel. Arqueología y Etnología en Colombia: La creación de una tradición científica. 1.a. Bogotá: Universidad de los Andes, Departamento de Antropología, Centro de Estudios Socioculturales. Rappaport, Joanne. (2014). The Disappearing Mestizo. Configuring Difference in the Colonial New Kingdom de Granada. Durham: Duke University Press. Restrepo, Luis Fernando. (2013). El Estado impostor. Apropiaciones literarias y culturales de la memoria musical y de la América indígena. Medellín: Universidad De Antioquia. Rojas, Ulises. (1966). El Cacique de Turmequé y su época. 1.a. Tunja: Imprenta Departamental. Muiscas, Patriotismo Criollo Y NaciónIsidro Vanegas Useche Universidad Pedagógica y Tecnológica de Colombia isivanegas@yahoo.com Es una tarea grata comentar un texto como este, por las ideas estimulantes y provocadoras que plantea. Ideas que el conferencista ha venido exponiendo hace ya varios años y las cuales por sí mismas atraen la atención de un historiador, pero que también interesan por la reacción que ante ellas puede tener un público acostumbrado a un saber tan arraigado pero en contravía de lo que Gamboa desea desmitificar. En su charla, Jorge Gamboa hizo al menos tres afirmaciones que vale la pena resaltar, no sólo por lo novedoso que sigue habiendo en ellas para pensar la historia temprana del Nuevo Reino, sino también porque tienen consecuencias importantes sobre la manera como concebimos nuestra historia nacional. No me detendré a analizar esas afirmaciones, que están bien fundamentadas aunque de manera rápida en esta transcripción. Las iré anunciando sumariamente y luego de cada una de ellas propondré algunas consideraciones. Primer planteamiento: la ficción musical. El conferencista muestra con solvencia cómo los europeos a su llegada no encontraron un conjunto homogéneo de personas que se agrupara bajo una designación como esa, que supondría unos mismos rasgos lingüísticos, culturales y políticos. La designación de muiscas para englobar pueblos tan disímiles como lo eran los del altiplano actualmente llamado cundiboyacense, precisa Gamboa, fue una creación de los españoles, fue el resultado de la preeminencia enunciativa de los españoles. Un acto de dominación “colonial”, si se quiere. Pero Gamboa subraya con razón que la conquista no fue un acto unilateral, un acontecimiento donde los únicos actores hubieran sido los europeos. Pensar esto, poner en escena sólo a los recién llegados es parte de un viejo relato lleno de equívocos que nuevas interpretaciones han venido a desmentir, en el sentido que lo matizan y lo enriquecen. Desde la Nueva Historia de la Conquista se hace un aporte significativo al poner de manifiesto que el proceso de la conquista no involucra solo a los conquistadores sino también a los conquistados, puesto que estos no fueron una masa inerte sino también actores de ese gran drama. Desde el nuevo enfoque se muestra cómo incluso entre los conquistados hubo quienes pudieron llegar a actuar en el rol de conquistadores, aunque esas actuaciones no borren la desigual posesión de instrumentos de poder que tuvo lugar entre los europeos y los “americanos”. Esa designación de muiscas encontró sentido entre los sujetos que se buscaba nombrar con ella. Los indígenas mismos terminaron por identificarse a sí mismos como muiscas, indica Gamboa. Como sucede con frecuencia, la gente termina por querer encajar en la etiqueta que se le coloca, termina por construirse una personalidad a la medida de la designación que le es impuesta. Pero Gamboa Observa otra consecuencia no menos importante al respecto, y es que los neogranadinos y los colombianos de épocas posteriores convirtieron esa ficción musical en un elemento central de su pasado.Lo paradójico de esta actitud es que usualmente se reivindica una creación “colonial” contra un pasado colonial y contra una nación colonialista, España, que se busca repudiar por todos los medios.Uno de los problemas subyacentes a esta actitud es que la antigua metrópoli es concebida en términos caricaturescos, y que de esta manera sus creaciones, en las que tomaron parte gran cantidad de los hombres y mujeres de estos territorios, no pueden ser plenamente incorporadas a nuestra propia historia. Los colombianos quedamos,por lo tanto, abocados a la dolorosa mutilación de un rico pasado“colonial” al cual estamos indefectiblemente ligados. Segundo planteamiento: el carácter inventado de la historia“muisca” anterior a llegada de los europeos. Gamboa muestra cómo fue sólo hacia finales del siglo XVII que cobró cuerpo aquel mito según el cual los pobladores precolombinos de los altiplanos no sólo habían estado articulados en torno a dos grandes cacicazgos,sino que estos habían alcanzado un alto nivel de “desarrollo”. La aparente existencia de esas desarrolladas unidades políticas sirvió desde entonces de insumo para anhelos diversos, y alimentó un cierto “patriotismo criollo”. Gamboa apunta de manera perti nente cómo el patriotismo criollo que llevó a alguien como LucasFernández de Piedrahita a la completa invención de una grandiosa historia muisca estaba inscrito en la doble pertenencia de los productores de ese discurso a los dos pilares de la monarquía: Europa Y América. En otro aparte sugiere que el patriotismo criollo es un mismo hilo que conecta el siglo XVII con la independencia neogranadina y que termina cristalizando en el siglo XIX. En este punto es preciso tomar precauciones, porque las invocaciones a la grandeza musical que hizo alguien como el autor de la Historia General de las conquistas del Nuevo Reyno no son asimilables a las que posteriormente hicieron Manuel del Socorro Rodríguez o los líderes independentistas. El patriotismo criollo que con marcadas diferencias se vio desde el siglo XVII en la América española terminó convertido en pieza justificatoria de una interpretación teleológica de la independencia, al ser sacado de las circunstancias específicas en que se produjo. Incluso el creador de esa expresión, David Brading,no toma suficiente distancia respecto a este teleologismo. Como lo han sugerido ciertos historiadores, Brian Hamnnet, por ejemplo,el patriotismo criollo no puede ser equiparado al nacionalismo ni colocado como su predecesor, siendo este un fenómeno surgido en la América española apenas con las revoluciones de comienzos del siglo XIX: estamos ante motivaciones distintas, ante agentes distintos, ante categorías muy diversas. Tercer planteamiento: la baja inversión en fuerza propia que hicieron los europeos en la conquista. No fueron las armas españolas sino la conducción española de unas fuerzas básicamente indígenas lo que permitió el éxito de una empresa conquistadora larga y ardua. Los españoles sacaron el mejor partido de los enfrentamientos entre las muy diversas poblaciones indígenas, pero estas no fueron simples marionetas de las pequeñas huestes europeas. Un asunto fundamental que aquí propone Gamboa es que la conquista hay que inscribir no sólo en la expansión castellana y europea sino también en las tensiones específicas de las sociedades nativas que encuentran esos europeos. No menos relevante su llamado a desidealizar el mundo precolombino. Porque aún sigue teniendo mucha fuerza la idea, infundada, según la cual los miembros de esas sociedades precolombinas eran hombres puros,por ser parte de sociedades idílicas en las que no había conflictos ni carencias ni desigualdades. Se piensa, siguiendo esta lógica, que son los europeos los que introducen en América todas las lacras humanas: el interés, el egoísmo, la violencia. Puesto que en ese mundo precolombino idealizado no habrían existido los intereses ni el poder ni los límites entre unos y otros, sus habitantes habrían carecido también de una “agenda” a realizar. La coautoría indígena de la conquista vino así a ser muy difícil de pensar, porque además quedaba bloqueada por una de las más poderosas invenciones de las revoluciones independentistas.Según el relato que impusieron estas, el destino de la América Española siempre había consistido en ser un conjunto de naciones independientes de su metrópoli, por lo que el hecho de que segmentos significativos de indios hubieran tomado las armas al lado de los españoles para conquistar estas tierras no podía ser visto sino como un acto de “traición” a aquel destino. Una última consideración respecto al texto. Gamboa llama a ser precavidos con el uso de la expresión “sistema colonial” -queja venido recibiendo cuestionamientos importantes- pero no hace mayor esfuerzo por crear una categoría más apropiada para describir el carácter de las relaciones entre los diferentes grupos sociales, para comprender el funcionamiento de aquella sociedad. Podría pensarse que esa incomodidad irresuelta ante el término colonia-colonial no es un asunto menor en el intento de renovarla comprensión de los tres siglos anteriores a la emergencia del Estado-nación neogranadino y de la república. Eso quizás revela una limitación que se han autoimpuesto los esfuerzos hechos desde el enfoque subalternista. Logran mostrar que las sociedades con la que se encuentran los europeos y las sociedades que emergen de ese encuentro conflictivo son mucho más complejas de lo que se había venido pensando; que ellas no pueden ser caracterizadas simplemente con una minoría europea excluyente y activa, por un lado, y con una mayoría pasiva y excluida, por el otro. Pero la perspectiva tiende a quedarse al nivel de los actores, sin aventurarse en el entramado institucional e intelectual de poder en el que tienen lugar esas relaciones entre individuos y grupos. Por lo demás, si se acepta que los múltiples grupos “vencidos”participaron en las luchas y en las creaciones de todo tipo que tuvieron lugar en suelo americano, es forzoso poner en cuestión la pertinencia del término “coloquial” para describir esos procesos.Porque es difícil quitarle al término “colonial” el significado que ha adquirido, el cual remite a una voluntad unilateral y nociva por parte de quienes supuestamente monopolizaron las riendas de la situación. No puedo sino desear buen viento a las ideas renovadoras de Gamboa; que ojalá encuentren lectores receptivos que las consideren, las critiquen y las afinen. Pero creo que tardarán muchos años para que incluso en los ambientes académicos tenga pleno recibo esa desmitificación que él intenta de nuestro pasado “colonial”.Porque los relatos donde la maldad rotunda combate contra la bondad absoluta e ingenua no sólo seducen más sino que sirven mejor a la construcción de estériles enemistades nacionales y a la autocompasión. Variabilidad Social En El Altiplano Cundiboyacense Pre Y Post Hispánico: Una Crítica A Los Esquemas De Homogeneidad Social Y Áreas CulturalesFrancisco Ernesto Romano G. Arqueólogo Independiente frr1033@gmail.com En el panorama de los estudios históricos y etnohistóricos, JorgeAugusto Gamboa se ha reconocido por la intensa investigación que ha hecho en torno a la conformación socio-política de los grupos sociales que habitaron el altiplano Cundiboyacense, genéricamente conocidos como muiscas. Uno de sus mayores objetivos ha consistido en recoger información acerca de la conquista española en esa gran zona durante los siglos XVI y XVII. Lo ha hecho con un doble propósito. Primero, reconstruir la estructura de la organización socialindígena, pues es el acceso crítico a los documentos producidos durante esas dos centurias el que permitiría reconstruir de forma más adecuada la organización social de los así denominados grupos muiscas. Segundo, es el estudio de ese periodo el idóneo para re construir los procesos sociales, económicos, ideológicos y políticos que habrían intervenido en las nuevas formas de organización social indígena, a su vez que habrían permitido la incorporación y transformación de las poblaciones indígenas a lo que habría de configurarse como una sociedad mayoritaria fuertemente mestiza.El doble propósito de Gamboa, permite a los arqueólogos compararlas reconstrucciones de la organización social indígena acaecida a lo largo de una serie de periodos prehispánicos, con las que fueron sus últimos estadios de desarrollo. El trabajo de Gamboa que se discute a continuación es un reflejo más de su programa disciplinario. En esa tarea, el autor ha encontrado datos de gran relevancia, básicamente centrados en un argumento: La formación de nación durante los siglos XVII y XVIII indujo a errores por parte de las élites criollas del momento, sobre el pasado prehispánico de los habitantes de lo que es hoy día el Altiplano Cundiboyacense. Esos errores han desdibujado no solo la historia,también lo han hecho con la prehistoria. Los vicios de la historia,han sido heredados por la arqueología (Reichel-Dolmatoff, 1986).Y muchos de ellos continúan guiando hasta hoy día el desarrollo de la disciplina arqueológica en esa región. En aras de avanzar sobre esos malos entendidos de nuestra historia, Gamboa plantea en su texto tres objetivos fundamentales. Primero: ¿Existieron los muiscas?Segundo: ¿Cuál ha sido el desarrollo reciente de las investigaciones acerca de la Conquista, y que resultados se han obtenido? Y tercero:¿Cuál fue el proceso de conquista de los llamados muiscas, y tuvo éste un énfasis particular en el cacicazgo de Tunja? Las respuestas a esas preguntas desembocaron en resultados significativos sobre las antiguas sociedades que vivieron en el altiplano Cundiboyacense y su devenir histórico. Algunas de esas conclusiones,en particular, llaman la atención sobre manera y son de importancia para la disciplina arqueológica. Gamboa observó que en el altiplano Cundiboyacense hubo, contrario a lo esperado, una gran variabilidad de organizaciones sociales. Los relatos de conquista muestran una singular distribución de pequeñas sociedades cacicales asentadas a lo largo de esa gran región que contravienen los relatos de grandes cacicazgos o confederaciones de aldeas (Reichel-Dolmatoff, 1986).El resultado de una dispendiosa pesquisa detrás de documentos,muestra que en la región de Tunja no había una unidad política de singular complejidad y grandeza. Para Gamboa, los grandes cacicazgos o confederaciones de aldeas como las de Tunja que dominaban grandes territorios son parte del inventario de majestuosidad indígena creada por las elites criollas del siglo XVII.Es muy factible que tal grado de majestuosidad se le haya dado al cacicazgo de Bogotá. No cabe duda que hubo una unidad política fuerte, que estuvo centrada en lo que es hoy día el municipio de Funza. Pero, es probable que sus dominios no hayan sido tan extensos como se ha asumido sempiternamente por historiadores,etnohistoriadores y arqueólogos. Las fuentes de documentación muestran, más bien, que el altiplano Cundiboyacense estuvo habitado por un conjunto de pequeños cacicazgos que incluso mostraban diferencias dialectales entre ellos, en donde sus habitantes muchas veces no se entendían unos con otros. Era tan alto el grado de variabilidad que hubo entre ellos, que para Gamboa sería factible poner en entredicho el etnónimo mismo de música para referirse a una gran variedad de grupos. Replantear el etnónimo de música, sería lícito entonces,al no hacer gala de la gran diversidad de la organización social que desplegaron los grupos que habitaron esa gran región y quizá parte de sus alrededores. De estos argumentos se desprende pues, que no existía un nombre genérico que cubriera a todos esos grupos étnicos. El uso de la lengua, estaba en consonancia con la variabilidad social. Si la lengua tenía grandes variaciones de una región cercana a otra, más acentuadas aún debían ser las diferencias entre regiones lejanas. Así, muchas de las palabras y los vocablos muiscas y sus intrínsecos conceptos, que provienen de los inventarios lingüísticos la región de Bogotá, que se han aplicados vastas regiones del altiplano Cundiboyacense, también han contribuido a opacar el grado de variabilidad social y lingüística que existió en esa macro región. Estos, de forma análoga, han ayudado a acrecentar la idea de un mundo musical homogéneo. Los rasgos homogéneos de la música también se han traslapados la arqueología. Una gran porción de la arqueología del altiplano muestra que los relatos históricos de las sociedades de las épocas de la conquista y la colonia se han extendido de forma casi automática a la organización social y los procesos de constitución de las sociedades del pasado. Las descripciones de las sociedades de la conquista y la colonia han marcado la pauta de lo que debían serlas antiguas sociedades prehispánicas (Reichel-Dolmatoff, 1986).Claramente, las descripciones de carácter homogéneo que se han visto superpuestas a las sociedades del pasado, poco o nada tienen que ver con lo que muestra la ciencia arqueológica. No obstante,abandonar el término de área musical, en sentido práctico tampoco resolvería mucho. Con esa denominación sucede lo mismo que ha acontecido con otros términos como “cacicazgo” o “estado”o “reino” o “civilización”. Se trata de conceptos genéricos que opacan la variabilidad social que se ha observado al interior de cada uno de esos conjuntos sociales. Pero, finalmente ayudan a tener una idea central y cohesiva del tipo de sociedad a la que se hace referencia. Con el término música sucede lo mismo. Se ha argüido que brinda un referente geográfico claro, en el cual se han dispuesto geográfica e históricamente todo un grupo de diversas sociedades que vivieron en el altiplano Cundiboyacense. Sinceramente, estoy de acuerdo con Gamboa en que sería mejor referir a los desarrollos sociales de esa gran zona en otros términos que hagan gala de la diversidad social, pero al fin de cuentas todosubicamos mnemotécnicamente a qué y a dónde nos referimos. El Avance científico no es exclusivamente terminológico. Hemos visto que muchos de los parámetros que han seguido los arqueólogos que trabajan en el altiplano, provienen de la etnohistoria y la historia (Bernal, 1990; Boada, 2007 y 2013;Broadbent, 1966 y 1974; Falchetti, 1975; Langebaek, 1992; Lleras,1996; Reichel-Dolmatoff, 1986). Muchos de los relatos de carácter homogéneo sobre lo muisca aún perviven en la arqueología.Si bien es cierto que hay condiciones de similitud en aspectos sociales y culturales entre varios de los grupos que habitaron el altiplano Cundiboyacense, aún hay un traslape de aspectos de un grupo hacia otro. Se han extrapolado parámetros de unas regiones y de unos grupos a otros, dando a entender que se trató de sociedades con un alto carácter de homogeneidad. Esto se ha debido en gran medida a la gran similitud de los restos materiales.Por razones contrarias a estas, la arqueológica científica recibe con beneplácito el trabajo de Gamboa. Él ha sido enfático en derribar mitos históricos. Estudios arqueológicos llevados a cabo en diversas zonas de esa macro región se suman a esa empresa,pues han permitido derrumbar falacias y verificar errores. Se han construido historias y relatos con mayor grado de veracidad. Varios Estudios arqueológicos así lo muestran (Boada, 2013; Langebaek,1995 y 2001). Los estudios de Gamboa, llegan al mismo punto al que han alcanzado varios estudios arqueológicos de las sociedades prehispánicas del altiplano Cundiboyacense. Las investigaciones arqueológicas están en consonancia con las investigaciones históricas de las épocas de la conquista, en tanto proveen evidencia de una alta variabilidad social entre pequeñas regiones vecinas al interior de una vasta zona central del país de Colombia. Los estudios arqueológicos llevados a cabo en las regiones muiscas de Funza y Mosquera (Boada, 2013), el valle de Villa de Leyva (Langebaek, 2001) y los valles de Fúquene y Susa (Langebaek,1995) permiten observar tres diferentes trayectorias de cambio.Sin embargo, no cabe duda que en estas regiones, como en varias otras del altiplano, los desarrollos sociales tuvieron aspectos en común, que fueron de la mano de aspectos disímiles. Los estudiosos de varias escalas de análisis en el altiplano Cundiboyacense han brindado información acerca de estos dos aspectos. El estudio de la producción y la distribución de la cerámica prehispánica es un ejemplo de la gran homogeneidad que caracteriza a estas sociedades. Se ha visto que los grupos de varias unidades políticas que habitaban amplios territorios, y que estaban separados por varios centenares de kilómetros, poseían cerámicas muy parecidas (casi idénticas) desde épocas tempranas (por lo menos desde el 400 a.C., cuando comienza el denominado periodo Herrera) hasta la llegada de los españoles. Una situación diferente se observa a través de los patrones de asentamiento, o los parámetros de ocupación del territorio por parte de grupos sociales discretos. |
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domingo, 31 de diciembre de 2023
Diálogos En Patrimonio Cultural Los Muiscas Y Su Incorporación A La Monarquía Castellana Del Siglo XVI Nuevas Lecturas Desde La Nueva Historia De La Conquista
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