miércoles, 30 de julio de 2025

La construcción de la identidad Mhuysqa en Cota como resistencia y negociación en un contexto de colonialidad

La construcción de la identidad Mhuysqa en Cota como resistencia y negociación en un contexto de colonialidad


Angie Milena Serrano Gonzalez


Introducción


El estudio de la comunidad indígena Mhuysqa de Cota (Cundinamarca, Colombia) ofrece una oportunidad para analizar cómo las comunidades indígenas negocian su identidad y visibilidad en un contexto marcado por imaginarios coloniales y estructuras de poder hegemónicas. A través de prácticas culturales y estrategias políticas, los Mhuysqa de Cota desafían las categorías esencialistas que los reducen a una imagen estereotipada del “indígena” y buscan el reconocimiento oficial como resguardo indígena. Este ensayo crítico examina cómo estas prácticas reflejan un proceso de resistencia y agencia frente a la colonialidad del poder, al tiempo que enfrentan la paradoja de reproducir discursos de autenticidad para acceder a derechos. El análisis se estructura en torno a tres ejes: la construcción histórica de los imaginarios indígenas, las prácticas culturales como formas de resistencia y negociación, y los retos de superar las nociones de autenticidad en un contexto de poder asimétrico.


Imaginarios indígenas y colonialidad del poder


La construcción de la imagen del “indígena” en América Latina, y particularmente en Colombia, está profundamente arraigada en la colonialidad del poder, un concepto desarrollado por Aníbal Quijano (2003) que describe cómo las relaciones de poder establecidas durante la colonización persisten en la estructuración de las sociedades contemporáneas. El texto señala que el “indígena” no es un sujeto lejano, como el “salvaje” exhibido en las exposiciones coloniales europeas del siglo XIX, sino un otro interno, cercano y a la vez negado, cuya identidad ha sido moldeada por siglos de violencia, evangelización y homogeneización. En el caso de los Mhuysqa, la colonización española y los procesos republicanos de construcción nacional desmantelaron estructuras como los resguardos y suprimieron prácticas culturales, como la lengua y los ritos, relegando a estas comunidades a una aparente invisibilidad.


Los imaginarios hegemónicos sobre lo indígena en Colombia, como se detalla en el texto, asocian a los pueblos indígenas con características estereotipadas: una posición subalterna, una relación “natural” y ecológica con la tierra, la posesión de tradiciones “auténticas” y una organización política emergente. Estas categorías, aunque en parte reflejan realidades de las comunidades, tienden a esencializarlas, ignorando su diversidad y capacidad de transformación. En el caso de Cota, la comunidad enfrenta el desafío de no encajar en el imaginario ideal del indígena, ya que su contexto semi-rural y la pérdida de la lengua Mhuysqa durante siglos han llevado a que sean percibidos como campesinos o asimilados, lo que pone en duda su “etnicidad” ante los criterios institucionales.


Prácticas culturales como resistencia y negociación


La comunidad Mhuysqa de Cota despliega una serie de prácticas culturales que funcionan como estrategias de resistencia y negociación frente a los imaginarios hegemónicos y las barreras institucionales. La revitalización de la lengua Mhuysqa, a través de la escritura “Mhuysqa” en lugar de “Muisca”, es un acto performativo que desafía la institucionalización colonial del saber y reivindica una identidad contemporánea. Este proceso, apoyado por el trabajo etnolingüístico de Mariana Escribano, no busca solo recuperar una lengua perdida, sino construir un marcador cultural que legitime la pertenencia étnica de la comunidad ante el Estado y la sociedad. Sin embargo, este esfuerzo enfrenta el riesgo de ser evaluado bajo criterios de “veracidad” científica, lo que refleja la tensión entre la autenticidad impuesta y la agencia comunitaria.


Otras prácticas, como la construcción de viviendas tradicionales (Tchun Zuá, Qusmuy, Casamaria), el uso de plantas medicinales y la organización de mingas, refuerzan la cohesión interna y la diferenciación cultural. Estas actividades no solo son instrumentos para obtener el reconocimiento oficial como resguardo, sino que también fortalecen los lazos sociales y el sentido de pertenencia. Por ejemplo, el colegio indígena Ubamux, construido a través de mingas, no solo garantiza la educación de los niños, sino que se convierte en un espacio de articulación comunitaria y resistencia cultural. Estas prácticas ilustran lo que James Scott (2008) describe como una “evasión” estratégica, donde los grupos subalternos utilizan las apariencias exigidas por el poder para negociar su posición, aunque a un costo: la reproducción parcial de los discursos dominantes sobre la autenticidad indígena.


La lucha por el reconocimiento del resguardo es un eje central de estas prácticas. La comunidad de Cota, que conserva 505 hectáreas desde 1876, ha mantenido una organización colectiva a pesar de la disolución de su estatus jurídico durante el siglo XIX. La Constitución de 1991 y el Convenio 169 de la OIT abrieron un espacio para reivindicar derechos territoriales, pero la retirada del reconocimiento como resguardo en 2006 evidencia la fragilidad de estos logros frente a la burocracia estatal. Las estrategias de la comunidad, como la participación en proyectos etnoeducativos financiados por la CAR, demuestran una capacidad de articularse con redes externas para fortalecer su visibilidad y legitimidad.


La paradoja de la autenticidad


El texto plantea una paradoja central: para ser reconocidos como indígenas, los Mhuysqa de Cota deben reproducir marcadores culturales que se ajusten a los criterios oficiales de etnicidad, como la lengua, las tradiciones y la relación con el territorio. Sin embargo, estas exigencias perpetúan una visión esencialista que deshistoriza a los pueblos indígenas, condenándolos a probar una “autenticidad inmutable” que nunca ha existido. Como señala el texto, la idea de que las comunidades indígenas deben conservar tradiciones inalteradas ignora las transformaciones históricas provocadas por la colonización, la evangelización y la globalización. Los Mhuysqa de Cota, al reivindicar su identidad, no solo buscan legitimarse ante el Estado, sino también desmarcarse de la imagen del “Muisca” histórico institucionalizado, creando un relato vivo que refleja su realidad contemporánea.


Esta paradoja pone en evidencia los límites de los marcos legales e institucionales para reconocer la diversidad indígena. La exigencia de “marcas culturales” visibles, como la lengua o las prácticas tradicionales, desconoce las formas de resistencia que han permitido a comunidades como la de Cota sobrevivir en contextos de exclusión. La comunidad utiliza estratégicamente estos marcadores, pero al hacerlo, se ve atrapada en un sistema que evalúa su legitimidad según estándares coloniales. Este dilema refleja lo que Mignolo (2007) describe como la tensión entre la colonialidad del saber y la emergencia de epistemologías subalternas, donde los actores indígenas deben navegar un terreno discursivo que no controlan completamente.


Implicaciones para la descolonización


El caso de la comunidad Mhuysqa de Cota invita a repensar la construcción de la identidad indígena más allá de las categorías fijas y esencialistas. En lugar de centrarse en la “autenticidad” de las prácticas culturales, el texto sugiere que la existencia misma de la comunidad, su permanencia en el territorio y su capacidad de organizarse políticamente son pruebas suficientes de su legitimidad. Este enfoque desesencializa las diferencias culturales y reposiciona a los indígenas como sujetos activos que negocian su lugar en un mundo globalizado, desafiando la victimización absoluta que los imaginarios coloniales les han impuesto.


Para avanzar hacia una descolonización efectiva, es necesario cuestionar los marcos institucionales que perpetúan la exclusión de las comunidades indígenas. Esto implica reformar los criterios de reconocimiento étnico para que valoren la diversidad y las transformaciones históricas de los pueblos, en lugar de exigir pruebas de autenticidad. Asimismo, la academia y las políticas públicas deben reconocer la creatividad y la agencia de las comunidades indígenas, apoyando sus procesos de autoafirmación sin imponerles categorías externas. La experiencia de Cota demuestra que los pueblos indígenas no son víctimas pasivas, sino actores políticos que, a través de la reinvención de sus prácticas y discursos, construyen espacios de emancipación y resistencia.


Conclusión


La comunidad Mhuysqa de Cota ilustra cómo los pueblos indígenas pueden transformar los imaginarios coloniales en herramientas de resistencia y negociación. A través de prácticas como la revitalización de la lengua, la construcción de espacios tradicionales y la organización colectiva, los Mhuysqa desafían su invisibilización histórica y reclaman su lugar como sujetos de derechos. Sin embargo, la exigencia de autenticidad cultural y las barreras institucionales revelan la persistencia de la colonialidad del poder, que limita su reconocimiento pleno. Este caso subraya la necesidad de un enfoque descolonizado que valore la diversidad, la historicidad y la agencia de los pueblos indígenas, reconociendo que su identidad no reside en marcadores fijos, sino en su capacidad de crear y negociar su existencia en un mundo que constantemente los margina.


Referencias clave


  1. Quijano, A. (2003). Colonialidad del poder, eurocentrismo y América Latina.

  2. Mignolo, W. (2007). La idea de América Latina.

  3. Scott, J. C. (2008). Weapons of the Weak.

  4. Ulloa, A. (2004). La construcción del nativo ecológico.

  5. Bengoa, J. (2007). La emergencia indígena en América Latina.

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