miércoles, 30 de julio de 2025

Análisis de la investigación biocultural con la comunidad Muisca de Sesquilé

Análisis de la investigación biocultural con la comunidad Muisca de Sesquilé


Angie Milena Serrano Gonzalez


Introducción


La investigación biocultural, como se presenta en el estudio de caso con la comunidad Muisca de Sesquilé “Los hijos del maíz”, representa un esfuerzo por integrar los conocimientos tradicionales indígenas con los paradigmas académicos, promoviendo un diálogo intercultural y participativo. Este enfoque, centrado en la revitalización de la memoria biocultural sobre plantas medicinales, no solo busca generar conocimiento, sino también contribuir a la descolonización y reafirmación cultural de los pueblos indígenas. Sin embargo, el análisis crítico del texto revela tanto las fortalezas de este enfoque como los retos estructurales e institucionales que limitan su potencial transformador, evidenciando tensiones entre las epistemologías indígenas y las lógicas académicas y estatales.


Fortalezas del enfoque biocultural


El enfoque biocultural aplicado en Sesquilé destaca por su compromiso ético y participativo. La coinvestigación, que involucró a igual número de investigadores comunitarios y externos, permitió una construcción colectiva del conocimiento, desde el diseño metodológico hasta la producción de resultados. Este proceso, basado en el diálogo intercultural permanente, reconoció las cosmovisiones muiscas y sus prácticas tradicionales, como las caminatas etnobotánicas y los talleres intergeneracionales, que fortalecieron la transmisión de saberes sobre plantas medicinales. La firma de un acuerdo sobre investigación y propiedad intelectual entre la comunidad y los investigadores es un hito significativo, ya que protege el conocimiento tradicional y establece un estándar ético para la investigación con comunidades indígenas.


Además, el enfoque biocultural se alinea con los procesos de resistencia y revitalización cultural de la comunidad Muisca, que, a pesar de siglos de colonización, desplazamiento y asimilación, ha mantenido prácticas como la medicina tradicional y los pagamentos. La investigación no solo documentó estos saberes, sino que los integró en productos como una cartilla comunitaria y artículos académicos, contribuyendo a la preservación de la memoria biocultural. Este enfoque también resalta la interconexión entre diversidad cultural y biológica, subrayando que la protección de la primera es esencial para la conservación de la segunda, un principio clave en la literatura sobre diversidad biocultural (Maffi, 2007; Nemogá, 2016).


Retos metodológicos y epistemológicos


A pesar de sus logros, la investigación enfrentó retos metodológicos inherentes a la integración de epistemologías disímiles. La academia, con su énfasis en criterios de evidencia y validez científica, a menudo deslegitima los sistemas de conocimiento indígenas, que, como señala Baltasar (2007), se guían por elementos no convencionales como los astros o los animales. En el caso Muisca, la ausencia de la lengua como código interpretativo del territorio, combinada con la interrupción de la tradición oral desde la Colonia, limitó la profundidad de la revitalización cultural. Aunque los talleres sobre la lengua Muisca intentaron abordar esta carencia, la falta de consenso sobre su uso y la dependencia de fuentes coloniales reflejan las heridas históricas que aún afectan la identidad muisca.


Asimismo, la investigación revela una tensión entre los objetivos transformadores y las restricciones temporales de los proyectos académicos. Mientras la comunidad busca la constitución de un resguardo indígena, un proceso que lleva 15 años estancado, el proyecto de investigación, con una duración de un año, no pudo incidir significativamente en esta reivindicación territorial. Esta disparidad temporal pone en evidencia los límites de la investigación participativa cuando se enfrenta a problemas estructurales que requieren soluciones a largo plazo.


Barreras institucionales y colonialidad del poder


El texto identifica barreras institucionales que perpetúan la exclusión de las comunidades indígenas en los procesos de investigación. La convocatoria de Colciencias (2018), por ejemplo, no contemplaba a las comunidades como generadoras directas de conocimiento, relegándolas a roles subordinados. Los requisitos administrativos, como la exigencia de títulos académicos o la resolución de formalidades como el servicio militar, dificultaron la participación equitativa de los sabedores comunitarios, evidenciando una lógica burocrática que ignora las realidades indígenas.


La omisión del Estado en garantizar la Consulta y el Consentimiento Previo, Libre e Informado (CPLI) es un obstáculo aún más grave. La respuesta del Ministerio del Interior, que desestimó la solicitud de consulta por la falta de “certificación de presencia de comunidades étnicas” a pesar del reconocimiento oficial de la comunidad Muisca, refleja una desidia institucional que vulnera los derechos indígenas. Esta actitud no solo contradice el bloque de constitucionalidad colombiano, sino que perpetúa prácticas extractivas en la investigación, un fenómeno que Smith (1999) y McGregor (2004) han caracterizado como colonial. La negativa estatal a proteger los derechos bioculturales y territoriales, junto con la demora en el trámite del resguardo, ilustra la colonialidad del poder que continúa marginando a los pueblos indígenas.


Implicaciones para la investigación biocultural


El caso de Sesquilé plantea preguntas críticas sobre el rol de la academia en la descolonización del conocimiento. Aunque el enfoque biocultural busca superar las jerarquías epistémicas, su implementación sigue dependiendo de instituciones que reproducen estructuras coloniales. Para que la investigación biocultural sea verdaderamente transformadora, es necesario reformar los sistemas de financiación y evaluación científica, permitiendo que las comunidades indígenas lideren proyectos de investigación sin la mediación obligatoria de la academia. Asimismo, las universidades deben establecer protocolos éticos claros y capacitar a los investigadores en el respeto a las cosmovisiones indígenas.


El texto también subraya la importancia de articular la investigación con movimientos sociales y organizaciones indígenas para incidir en políticas públicas que aborden las barreras estructurales. La falta de recursos y la desarticulación institucional, como señala el informe de la CNTI (2019), requieren soluciones colectivas que trasciendan el ámbito académico. En este sentido, la investigación biocultural debe asumirse como un acto político que no solo genera conocimiento, sino que contribuye a la justicia social y la autodeterminación indígena.


Conclusión


La experiencia con la comunidad Muisca de Sesquilé demuestra el potencial del enfoque biocultural para fomentar la revitalización cultural y la construcción colectiva de conocimiento. Sin embargo, los retos metodológicos, las barreras institucionales y la persistencia de lógicas coloniales limitan su impacto transformador. Este caso evidencia la necesidad de repensar las relaciones entre academia, Estado y comunidades indígenas, promoviendo una investigación que no solo respete, sino que sea liderada por los pueblos indígenas en defensa de sus derechos bioculturales y territoriales. Solo así se podrá avanzar hacia una verdadera descolonización del conocimiento y la construcción de una sociedad plural que valore la diversidad biocultural como un pilar de sostenibilidad y justicia.


Referencias clave


  1. Maffi, L. (2007). Biocultural Diversity and Sustainability.

  2. Nemogá, G. (2016). Investigación y reconocimiento de la diversidad biocultural en territorios indígenas.

  3. Smith, L. T. (1999). Decolonizing Methodologies.

  4. McGregor, D. (2004). Traditional Ecological Knowledge and Sustainable Development.

  5. Baltasar, B. (2007). Reflexiones sobre la investigación indígena.

  6. CNTI (2019). Estado de cosas inconstitucional de los derechos territoriales de los pueblos indígenas.


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