miércoles, 30 de julio de 2025

El museo étnico-cultural como estrategia de resistencia y recuperación de la identidad Mhuysqa en el Resguardo de Cota

El museo étnico-cultural como estrategia de resistencia y recuperación de la identidad Mhuysqa en el Resguardo de Cota


Angie Milena Serrano Gonzalez


Introducción


El texto sobre el proyecto del Museo de Cultura y Arte Muisca en el Resguardo Indígena Muisca (RIM) de Cota, Cundinamarca, presenta una propuesta arquitectónica y cultural para abordar la pérdida de identidad, las carencias socioeconómicas y la fragilidad territorial de esta comunidad. A través del diseño de un museo que integre la cosmovisión, los ritos, las festividades y las prácticas ambientales Mhuysqas, el proyecto busca revitalizar la memoria etnohistórica y fortalecer el arraigo territorial de los Mhuysqas, una etnia que, a pesar de su histórica prosperidad, enfrenta el riesgo de desaparición debido a siglos de colonización y modernización. Este ensayo crítico analiza cómo esta iniciativa representa un acto de resistencia cultural frente a la colonialidad del poder, al tiempo que enfrenta los desafíos de operar dentro de marcos institucionales que perpetúan la marginalización indígena. El análisis se estructura en tres ejes: la construcción del museo como herramienta de recuperación identitaria, las tensiones entre resistencia y asimilación en un contexto de modernidad, y las implicaciones de un enfoque descolonizado para la sostenibilidad cultural y ambiental.


El museo como herramienta de recuperación identitaria


El proyecto del Museo de Cultura y Arte Muisca se propone como una respuesta a las múltiples problemáticas del RIM, incluyendo la falta de reconocimiento legal de sus tierras hasta 2018, la ausencia de servicios básicos y la pérdida de identidad cultural. Inspirado en la noción de Clifford Geertz (1973) de que la cultura es un sistema semiótico que refleja el ethos y la cosmovisión de un pueblo, el museo busca resignificar símbolos y prácticas Mhuysqas, como la cosmología, los ritos en honor a los cuatro elementos y la relación con el Cerro Majuy, para fortalecer la cohesión comunitaria. La incorporación de actividades como la alfarería, la pintura y la agricultura tradicional en las salas de exposición no solo preserva la memoria etnohistórica, sino que también promueve la educación intercultural y el intercambio cultural con visitantes externos.


La arquitectura del museo, diseñada con materiales sostenibles como la guadua y el concreto, refleja un diálogo entre la tradición Mhuysqa y la modernidad. Este enfoque se alinea con las ideas de Julia Watson en Lo TEK: Diseño por indigenismo radical (2019), que aboga por revalorizar las tecnologías indígenas como prácticas sostenibles que integran la construcción con la naturaleza. Al adaptar el diseño a la inclinación del terreno (38,73°) y priorizar la ventilación e iluminación natural, el museo no solo respeta el medio ambiente, sino que también reivindica el conocimiento ancestral Mhuysqa sobre la armonía con la tierra. Este enfoque contrasta con los procesos de deforestación e incendios forestales que han degradado el entorno del resguardo, evidenciando una resistencia activa frente a la explotación ambiental promovida por lógicas coloniales y capitalistas.


Además, el museo fomenta la economía local al generar empleo a través de actividades como el glamping, la producción artesanal y la gestión de espacios expositivos. Esta dimensión económica responde a la precariedad laboral de los habitantes del RIM, muchos de los cuales han migrado o se dedican a trabajos no tradicionales, como obreros, debido a la falta de oportunidades en el resguardo. Al integrar la comunidad en la gestión del museo, el proyecto empodera a los Mhuysqas como agentes activos de su propio desarrollo cultural y económico, desafiando la narrativa de victimización que los relega a la marginalidad.


Tensiones entre resistencia y asimilación en un contexto de modernidad


A pesar de su potencial transformador, el proyecto del museo enfrenta tensiones inherentes a la modernidad y la colonialidad del poder (Quijano, 2003). La necesidad de legitimarse ante el Estado y la sociedad urbana implica operar dentro de marcos institucionales que exigen marcadores culturales “auténticos” para reconocer la identidad indígena. Como señala el texto, la comunidad Mhuysqa ha sido históricamente despojada de su territorio y cultura, desde la encomienda de 1553 hasta la disolución de los resguardos en el siglo XIX. Aunque la recuperación legal del RIM en 2018, respaldada por la Constitución de 1991 y sentencias como la T-909 de 2009, representa un avance, el texto destaca que la comunidad sigue enfrentando carencias básicas, como acceso al agua y la educación, lo que refleja el abandono estatal.


Esta situación plantea una paradoja: para recuperar su identidad, los Mhuysqas deben articularse con lógicas modernas, como el turismo cultural y la infraestructura museográfica, que pueden reforzar estereotipos sobre lo indígena. Como señala Kirshenblatt-Gimblett (1998), los museos gestionados por comunidades indígenas ofrecen una experiencia “auténtica” que los distingue como destinos turísticos, pero corren el riesgo de convertirse en espectáculos para el consumo externo. En el caso del RIM, la incorporación de elementos modernos, como el diseño arquitectónico modular y las celosías de ventilación, busca atraer visitantes urbanos, pero podría diluir la especificidad cultural Mhuysqa si no se prioriza la perspectiva comunitaria. La estigmatización de las prácticas tradicionales, evidenciada en la pérdida de la tipología de viviendas y el bajo conocimiento de la cultura entre las nuevas generaciones, complica aún más este proceso.


Además, la dependencia de proyectos externos, como los financiados por la Corporación Autónoma Regional (CAR), refleja la necesidad de negociar con instituciones que históricamente han marginalizado a los indígenas. Esta negociación, aunque estratégica, puede reproducir dinámicas de poder desiguales, donde la comunidad debe demostrar su “etnicidad” para acceder a recursos. Como señala Scott (2008), los grupos subalternos a menudo adoptan las formas impuestas por el poder dominante como una estrategia de resistencia, pero a costa de perpetuar parcialmente esas lógicas.


Implicaciones para un enfoque descolonizado


El proyecto del museo plantea una oportunidad para avanzar hacia un enfoque descolonizado que reconozca la agencia de los Mhuysqas en la recuperación de su identidad. La participación de la comunidad en actividades como las mingas, donde se discuten problemas y se comparten tradiciones, es un ejemplo de cómo los procesos liderados por los propios indígenas pueden generar cohesión y empoderamiento. Sin embargo, para que el museo sea verdaderamente transformador, debe evitar convertirse en un espacio de exhibición estática y priorizar la revitalización activa de las prácticas culturales. Esto implica integrar a los jóvenes en la transmisión de conocimientos ancestrales, como la lengua, la medicina tradicional y la agricultura, que el texto identifica como elementos clave de la identidad Mhuysqa.


Un enfoque descolonizado también requiere cuestionar los marcos legales e institucionales que condicionan el reconocimiento indígena a criterios de autenticidad. Como señala el texto, la lucha por la legalización del RIM, liderada por figuras como Julio Hernando Balsero, evidencia la resistencia de los Mhuysqas frente a siglos de exclusión. Sin embargo, la falta de servicios básicos y el impacto de la urbanización en el resguardo reflejan la persistencia de estructuras coloniales que priorizan el desarrollo económico sobre los derechos culturales y territoriales. El museo debe, por tanto, articularse con movimientos más amplios que exijan el cumplimiento de los artículos 7 y 8 de la Constitución de 1991, que protegen la diversidad étnica y el patrimonio cultural.


Desde una perspectiva ambiental, el proyecto se alinea con la cosmovisión Mhuysqa de respeto por la Madre Tierra, proponiendo zonas de reforestación y la protección de cuerpos de agua. Este enfoque no solo responde a las amenazas de deforestación y pérdida de fauna, sino que también posiciona a los Mhuysqas como guardianes de prácticas sostenibles que podrían inspirar soluciones globales. Como sugiere Watson (2019), las tecnologías indígenas no están obsoletas, sino que ofrecen modelos de convivencia con la naturaleza que contrastan con el extractivismo moderno.


Conclusión


El proyecto del Museo de Cultura y Arte Muisca en el RIM de Cota representa un esfuerzo significativo por recuperar la identidad cultural Mhuysqa frente a las presiones de la colonialidad y la modernidad. Al integrar la cosmovisión, los ritos y las prácticas sostenibles de esta comunidad, el museo no solo preserva la memoria etnohistórica, sino que también promueve el empoderamiento económico y social de los habitantes del resguardo. Sin embargo, las tensiones entre la autenticidad exigida por los marcos institucionales y la necesidad de adaptarse a lógicas modernas evidencian los desafíos de resistir en un contexto de marginalización. Un enfoque descolonizado, que priorice la agencia comunitaria y reformule los criterios de reconocimiento indígena, es esencial para garantizar que el museo no solo sea un espacio de exhibición, sino un catalizador de la revitalización cultural y ambiental. Este proyecto subraya que la supervivencia de los Mhuysqas no depende de conservar un pasado inmutable, sino de su capacidad para resignificar su herencia cultural como un acto de resistencia viva y transformadora.


Referencias clave


  • Geertz, C. (1973). La interpretación de las culturas.

  • Quijano, A. (2003). Colonialidad del poder, eurocentrismo y América Latina.

  • Scott, J. C. (2008). Weapons of the Weak.

  • Watson, J. (2019). Lo TEK: Diseño por indigenismo radical.

  • Kirshenblatt-Gimblett, B. (1998). Destination Culture: Tourism, Museums, and Heritage.


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