Palabra Viva, el Orden Ancestral y la Estética Urbana: Narrativas y Acciones para una Ecología del Comportamiento en la Sabana de BogotáAngie Milena Serrano Gonzalez Cristian Beltrán Barrero IntroducciónEn el tejido de las grandes metrópolis contemporáneas, los desafíos logísticos y ambientales suelen abordarse desde una visión estrictamente tecnocrática o punitiva. Bogotá y su periferia urbana, incluyendo municipios de profundo arraigo histórico como Soacha, enfrentan diariamente la gestión de miles de toneladas de residuos sólidos. Frente a problemáticas como la acumulación de desechos a deshoras, las campañas institucionales basadas en folletos o la coacción de multas policivas suelen chocar contra el muro de la indiferencia ciudadana. La desconexión emocional del habitante con su entorno transforma el espacio público en un "no-lugar", un depósito anónimo donde el residuo se vuelve invisible para quien lo genera, pero devastador para la infraestructura urbana, la salud pública y el ciclo del reciclaje. Para quebrar esta apatía, se hace indispensable explorar estrategias heterodoxas que apelen a la fibra sensible de la comunidad: su memoria colectiva, su identidad, su expresión estética y su tradición oral. El arte en todas sus manifestaciones —música, teatro, artes plásticas, literatura y narración oral—, así como la recuperación de las cosmovisiones ancestrales de la Sabana, no representan un mero ejercicio de nostalgia folclórica; por el contrario, constituyen herramientas de vanguardia para la ecología del comportamiento. Al hibridar la fuerza presencial de la palabra viva, el diseño de vanguardia y la profundidad filosófica del pensamiento muisca, es posible reconfigurar la semántica de la basura. El presente ensayo crítico analiza cómo la puntualidad residual, el orden sagrado del territorio y las intervenciones artísticas comunitarias pueden transformar un acto mecánico y conflictivo, como sacar los residuos a tiempo, en un ritual comunitario de respeto, dignidad y soberanía cultural.
Para una megalópolis como Bogotá —que genera cerca de 7.500 toneladas de residuos al día—, el cumplimiento de los horarios de recolección por parte de los ciudadanos es la variable que define la frontera entre un entorno habitable y una crisis sanitaria latente. Dejar los residuos expuestos en el espacio público a deshoras desencadena problemáticas estructurales en cinco frentes neurálgicos:
Mientras las artes plásticas intervienen la geografía física, la literatura y la oralidad operan sobre los imaginarios, modificando la semántica del residuo. En la cultura andina colombiana —y de manera profunda en los barrios populares de la capital y sus zonas de conurbación—, el tejido social se ha sostenido históricamente sobre el rumor de la cuadra, la tertulia en la tienda y la transmisión intergeneracional de saberes. El relato hablado y escrito posee una ventaja estructural sobre el diseño institucional: no juzga desde la frialdad de un decreto; convoca desde la escucha activa y la complicidad a través de tres grandes dimensiones:
El chisme y la anécdota barrial representan los canales informales más veloces de la comunicación urbana. Esta táctica propone hackear dicha red mediante el despliegue de narradores orales o líderes juveniles vestidos de civil en espacios de socialización natural como la fila de la panadería, el paradero de transporte o la tienda de barrio. Al iniciar un relato casual bajo la estructura de una confidencia asombrosa ("¿Usted sí supo lo que le pasó a don Carlos el de la vuelta por sacar esa bolsa a las diez de la noche?"), el cuentero despliega una micro-narrativa hilarante sobre infortunios domésticos provocados por la basura a destiempo (perros ferales en persecución, inundaciones que estropean zapatos nuevos o malentendidos monumentales con la junta). Al ser percibida como una historia local y real, la información viaja sin el filtro de la propaganda estatal, propiciando que el vecino la replique en su propio hogar. El horario del camión recolector deja de ser un dato técnico y se aloja en la narrativa viva de la cuadra.
Aprovechando la potencia sintáctica del micro-relato (al estilo del concurso Bogotá en 100 palabras), se diseñan ficciones cortas de realismo mágico doméstico: historias donde las bolsas sacadas a deshoras cobran vida autónoma a la medianoche y regresan a las salas de sus dueños, o crónicas de papeles que mueren ahogados en los sumideros de las avenidas principales. Estos textos se imprimen en formatos no convencionales como pegatinas en postes o al respaldo de los recibos de servicios públicos. Complementariamente, se despliega una estrategia de literatura hipertextual mediante códigos QR en paraderos de autobús: al escanearlos, el ciudadano accede a una novela policíaca transmedia titulada ¿Quién la dejó ahí?, donde el avance de los capítulos detectivescos requiere la resolución de encrucijadas morales y normativas sobre los horarios del servicio de aseo.
La empatía real no se construye con estadísticas macroeconómicas, sino con rostros y voces en primera persona. A través de círculos de la palabra itinerantes en salones comunales y colegios, se invita a los recicladores de oficio y operarios de barrido a asumir el rol de narradores principales. Lejos de dictar conferencias técnicas, estos trabajadores comparten sus historias de vida, sus dolores y sus risas en la noche bogotana. El relato crudo de lo que se siente herirse las manos con un vidrio oculto en una bolsa mal separada o doblar el lomo bajo una tormenta sabanera para recoger desechos dispersos rompe la barrera de la invisibilidad social. Cuando el ciudadano pone rostro, acento e historia a la persona que gestiona sus desechos, el acto de sacar la basura a tiempo deja de ser una transacción con una empresa de aseo y se convierte en un pacto ético de dignidad humana de vecino a vecino.
Si las artes estéticas dinamizan la cultura contemporánea, la cosmovisión y cosmogonía muisca aportan una raíz filosófica indispensable para reconfigurar nuestra relación con el entorno. En el pensamiento ancestral de los pueblos originarios de la Sabana, no existe el concepto de "basura" bajo la acepción moderna de un residuo inservible y repudiable. Todo elemento forma parte de un tejido viviente, y romper su orden temporal altera el equilibrio (Upcua) del territorio. Sacar los desechos a destiempo desborda la simple infracción urbanística: constituye una ruptura de la correspondencia con la Madre Tierra (Hicha) y sus ciclos naturales. Una estrategia de cultura ciudadana con perspectiva de soberanía cultural e identidad muisca se articula a través de tres componentes rectores basados en el idioma chibcha (muysccubun):
Los antiguos habitantes de la Sabana estructuraban su cotidianidad a partir de la observación astronómica y los ciclos climáticos. Sincronizarse con las frecuencias del servicio de aseo se plantea, bajo esta luz, como un ejercicio de correspondencia cósmica. La estrategia propone una campaña de señalización identitaria denominada "El Ciclo de Sué (El Sol) y Chía (La Luna)". En los postes y zonas tradicionales de acopio del barrio, se instalan tótems o pictogramas inspirados en el arte rupestre local y las piedras de las facultades sagradas del territorio. Si la recolección es diurna, el espacio se demarca con la iconografía de Sué; si es nocturna, con la de Chía. Bajo el lema en muysccubun “¡Chie pquyca!” (¡A tiempo con la tierra!), se educa a los habitantes en la comprensión de que abandonar los residuos fuera de la franja asignada rompe el orden sagrado del día y la noche, atrayendo el caos físico al entorno inmediato.
Dentro de la cosmogonía local, Bochica encarna el orden, las leyes y la civilización, mientras que Huitaca representa la transgresión, la rebeldía desbocada y el caos que terminó inundando la sabana primigenia. La estrategia instrumentaliza esta narrativa mítica para hacer visible el colapso ambiental contemporáneo. En los talleres escolares y comunitarios —titulados "Los Relatos del Candil" u organizados en fogatas cívicas—, las inundaciones relámpago causadas por el taponamiento del alcantarillado se conceptualizan como el “Despertar de Huitaca”. Sacar las bolsas a destiempo y permitir que la lluvia disperse los plásticos equivale a alimentar las fuerzas del caos de la deidad transgresora. En contraposición, el cumplimiento estricto del horario se presenta como un acto de ofrenda cívica —rememorando los antiguos tunjos de limpieza— para mantener los canales y ríos libres, emulando el ordenamiento territorial enseñado por Bochica.
Para la etnia muisca, la tierra no es una mercancía de propiedad humana; la humanidad pertenece a la tierra (Hicha). Bajo este principio de reciprocidad, el acto mecánico y despectivo de "botar la basura" se sustituye por el concepto de "Cerrar el ciclo de la materia". Los residuos orgánicos residenciales se desvían de los rellenos sanitarios hacia composteras comunitarias denominadas “Cunas de Bachué” (en honor a la madre creadora de la vida), resignificando lo que antes se consideraba "inmundicia" como materia nutricia para el suelo urbano. Asimismo, los residuos inorgánicos aprovechables se entregan directamente de mano a mano a los recicladores de oficio, a quienes la estrategia reconoce y dignifica bajo el título honorífico de los “Cunzas” o guardianes del equilibrio territorial.
Para complementar la palabra y la raíz mítica, la intervención de los sentidos mediante el paisaje sonoro, la corporalidad escénica y la plástica tridimensional genera un entorno de condicionamiento conductual ético y amable.
La música posee una capacidad excepcional de cohesión social, fijación de memoria colectiva y condicionamiento conductual. Para transformar el hábito de la disposición de residuos, se estructura una propuesta en tres niveles estéticos:
El teatro tiene la propiedad de quebrar la indiferencia colectiva al intervenir el espacio físico y apelar a la empatía visual directa.
En entornos urbanos dominados por el asfalto gris, las artes visuales tienen el poder de intervenir la infraestructura urbana de manera permanente.
Para operativizar y fusionar de manera coordinada la potencia de la palabra viva, la memoria muisca y el portafolio de estrategias estéticas en una localidad o barrio de la sabana, se propone la matriz de implementación y ruta de activación comunitaria estructurada en tres momentos rituales y organizativos:
Conclusiones
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Música, Cantante, Artista, Compositora, Actriz, Bailarina, Teatro, Circo, Danza, Música, Cine y Televisión
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sábado, 11 de julio de 2026
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